Por Robert P. Murphy. (Publicado el 19 de septiembre
de 2011)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5658.
Desde que
Rick Perry ridiculizó a la Seguridad Social como un esquema de Ponzi,
economistas y otros expertos han saltado a la refriega. El bloguero progresista
Matt
Yglesias dice que está “chalado” quien hable así, porque la Seguridad
Social sencillamente confía en el crecimiento económico futuro, igual que un
plan privado de pensiones. El economista librecambista Alex
Tabarrok contestaba a Yglesias con enlaces a los archikeynesianos (y
premios Nobel) Paul Samuelson y Paul Krugman, ambos comparando a la Seguridad
Social con un “juego de Ponzi”.
En el
presente artículo tengo tres objetivos: Primero, apuntaré que los críticos
tienen razón: en la medida en que Seguridad Social “funcionaba” era por su
parecido con un esquema clásico de Ponzi. Segundo, demostraré cómo los planes
de jubilación del sector privado no operan en nada como eso. Tercero, defenderé
el bien nombre de Charles Ponzi de las insidiosas comparaciones: lo que hizo no
fue nada comparado con la estafa conocida como Seguridad Social.
“Aspectos de juego de Ponzi” de la Seguridad Social
Paul
Krugman es un tipo famoso con un largo historial de opiniones fuertes. Hay que
esperara que periódicamente éstas vuelvan para morderle. Su táctica habitual es
negar que sus antiguas columnas signifiquen lo que indicaría una lectura
literal. Por ejemplo, Krugman
no puede creer que alguien piense que esta columna (de 2002) deba considerarse
como su apoyo a que Greenspan trate de crear una burbuja inmobiliaria.
Respecto
de la Seguridad Social, he aquí lo que escribía Krugman a
finales de 1996:
La
Seguridad Social se estructura desde el punto de vista de los receptores como
si fuera una plan ordinario de jubilación: lo que obtienes depende de lo que
pongas. Así que no parece un esquema redistributivo. En la práctica ha
resultado ser fuertemente redistributivo, pero solo a causa de su aspecto de
juego de Ponzi, en el que cada generación se lleva más de lo que puso. Bueno,
el juego de Ponzi acabará pronto, gracias a los cambios demográficos de forma
que el receptor medio de ahora en adelante solo obtendrá aproximadamente lo que
puso (y el joven de hoy puede obtener menos de lo que puso).
Igual que
en su desafortunado artículo de la burbuja inmobiliaria, aquí también Krugman
ha tenido que realizar un control de daños. Después de que la columna
anteriores flotara por Internet, Krugman
trató de acallar las risitas afirmando que quien quiera que trate de
utilizarle en apoyo de afirmaciones republicanas está “jugando con las
palabras”. Depué Krugman dio un enlace a esta fascinante historia del
esquema original de Ponzi, cortesía de… ¡la Administración de la Seguridad
Social! (Parece de que deben escuchar mucho esto).
Era
curioso ver cómo la Administración de la Seguridad Social se defendía de la
acusación de que era un esquema de Ponzi. Esto es lo que decía:
Al
contrario que en un esquema de Ponzi, dependiente de una progresión
insostenible, una disposición financiera común es el llamado sistema de “pago
al recibir”. Algunos sistemas privados de pensiones, así como la Seguridad
Social, han utilizado este diseño. Un sistema de pago al recibir puede
visualizarse como una tubería, con el dinero de los contribuyentes actuales
entrando por un extremo y el pagado a los beneficiarios actuales saliendo por
el otro (…)
![Figure 1]()
Hay una
analogía superficial entre esquemas piramidales o de Ponzi y programas de pago
al recibir en el sentido de que en ambos el dinero de posteriores participantes
va al pago de prestaciones para los participantes anteriores. Pero aquí acaban
las similitudes. (…)
Mientras la
cantidad de dinero que entre por el extremo de la tubería mantenga un
equilibrio general con el dinero pagado, el sistema puede continuar
eternamente. No hay una progresión
insostenible que mueva el mecanismo de un sistema de prensiones de pago
al recibir, así que no es un esquema piramidal o de Ponzi.
Al
contrario de lo que declaran Yglesias, Krugman y la Administración de la
Seguridad Social, no creo que la acusación de ser un “esquema de Ponzi” se
injusta en lo más mínimo. Cuando los críticos dicen que la Seguridad Social es
“insostenible”, quieren decir evidentemente que no puede mantener los planes
actuales de cotizaciones y prestaciones. O las cotizaciones de los trabajadores
aumentarán o las prestaciones prometidas se reducirán o se hará una combinación
de ambas cosas. La columna de Krugman de 1996 confirma ese análisis, y la
tubería de la Administración de la Seguridad Social (ASS), también.
Hasta
ahora, los jubilados se han estado llevando más de lo que pusieron y eso no
puede continuar (este patrón se basa en encontrar cada vez más trabajadores que
se unan al sistema). En otras palabras, es un esquema clásico de Ponzi. No
estoy aquí para apoyar al candidato Rick Perry, pero su acusación es
evidentemente cierta: cada generación no puede seguir obteniendo del sistema
más de lo pone en él, una vez que cambia la demografía.
Es
interesante el gráfico de la tubería de la ASS. Si en definitiva es eso lo que resulta ser la Seguridad
Social y cada generación de trabajadores meramente se lleva “lo que puso
originalmente”, entonces significa que los trabajadores ganarían un retorno (real) del 0% de su
“contribución” al sistema.
Sí, eso
indudablemente sería “sostenible” en sentido contable (al menos con una
distribución estable de edades en la población), ¿pero funcionaría
políticamente? Si los políticos dijeran sinceramente a los votantes: “Cuando
nos llevemos 1.000$ vuestros cuando tengáis 25 años, no os preocupéis, esos
1.000$ os estarán esperando cuando tengáis 65” ¿estarían contentos con este
estado de cosas? Charles Ponzi también podría haber hecho su plan más
sostenible si hubiera prometido a sus inversores un tipo de retorno del 0%,
pero entonces nadie hubiera estado interesado.
Para ser
justos, Matt
Yglesias apunta que el método de la tubería puede generar un tipo de
retorno positivo. Si los trabajadores en el primer extremos de la tubería
siempre inyectan digamos un 15% de su nómina, entonces (si la productividad
crece con el tiempo como hace normalmente) cincuenta años después, cuando estén
en el otro extremo estarán cayendo más dólares. Sin embargo, en este escenario
estamos de nuevo en una situación en la que cada generación obtiene más de lo
que pone: lo que el propio Krugman pensaba que era un “aspecto del juego de
Ponzi”. En cualquier caso, el marco de Yglesias sigue siendo vulnerable a
cambios demográficos.
Por qué funcionan los planes de jubilación del sector privado
La
confusión en las explicaciones populares de la Seguridad Social reside
parcialmente en la ignorancia general de cómo una comunidad entera puede
hacerse más rica mediante el ahorro y la inversión En otras palabras, un montón
de gente cree (hayan pensado realmente en ello atentamente o no) que por cada
Sally que haya por ahí ahorrando 10.000$ al año debe haber algún Jim
apuntándose 10.000$ en el debe. Por tanto, cuando Sally empieza a vivir de sus
ahorros, la gente imagina que Jim debe rebajar su propio nivel de vida. A nivel
comunal (sigue el pensamiento) todos es un enjuague y solo estamos cambiando la
distribución de la “producción total” basada en qué gente era frugal y cuál
derrochadora.
Esta
forma de pensar es completamente errónea. Lo explico metódicamente en el
capítulo 10 de mi libro
de texto de introducción, pero esto es lo esencial: Es posible que todos en toda la comunidad “vivir por
debajo de sus medios”, es decir, consumir menos que su renta y ahorrar.
Entonces la economía es físicamente capaz de reducir la producción de bienes de
consumo (televisores, coches deportivos, cenas pantagruélicas, etc.) y aumentar
la producción de bienes de inversión o de capital (perforadoras, fertilizantes,
máquinas de resonancia magnética, etc.). En el futuro, las mayores cantidades
de las distintas herramientas y equipos harán a los trabajadores más
productivos de lo que serían en otro caso. Por eso el nivel de vida puede aumentar:
la comunidad es físicamente capaz de producir más bienes y servicios a causa de
las inversiones pasadas.
Veámoslo
así: Durante su carrera laboral, un granjero toma parte de su cosecha cada año
y la utiliza para comprar un componente para un tractor. Un año compra una
rueda, otro compra un volante y así sucesivamente. Después de trabajar 45 años,
el granjero está listo para jubilarse. En este momento ha ensamblado un tractor
completamente nuevo. Ahora ya no necesita utilizar su trabajo para obtener una
renta. En su lugar, alquila el uso del tractor a trabajadores más jóvenes (que
de otra manera habrían tenido que usar sus manos desnudas para trabajar la
tierra, etc.).
Desde
cierto punto de vista, el granjero jubilado estaría “quitando la nata” cada vez
que comiera una mazorca de maíz cosechada después de que dejara de trabajar en
el campo. Después de todo, ese maíz sería parte de la cosecha de ese año, así
que si el granjero la come, habría menos maíz disponible para la gente que
realmente lo recogió. Aún así el consumo del hombre jubilado no estaría
financiado mediante una “contribución” o “redistribución” de los trabajadores
jóvenes ese año.
Por el
contrario, esos jóvenes trabajadores estarían ganando todo su salario de
mercado (y si fueran inteligentes, estarían ahorrando parte para su propia jubilación). El granjero retirado
compraría el maíz en el mercado abierto con las rentas obtenidas de alquilar su
tractor. Habría más maíz disponible
por haber dedicado décadas a ensamblar el tractor y otros como él habrían
acumulado fertilizantes, azadas, equipos de riego, etc.
Evidentemente
mi relato no es realista, pero sirve para apreciar lo esencial de los planes
voluntarios de jubilación. La gente puede obtener más de lo que pone (medido en
términos físicos) por lo que Böhm-Bawerk llamaba superior productividad física
de los procesos indirectos. Como
yo me quejaba durante los debates sobre las propuestas de “privatización”
de George W. Bush, muchos reformistas supuestamente pro-mercado querían
conseguir la magia del interés compuesto sin las disciplina del ahorro durante
décadas.
Una defensa (muy cualificada) de Charles Ponzi
Ha
explicado antes por qué la acusación de ser un “esquema de Ponzi” es apropiada
en el contexto de los debates políticos modernos. Sin embargo hay un sentido
muy importante en que es injusta… injusta para con Charles Ponzi.
Es verdad
que Ponzi estafaba: sus víctimas nunca habría “invertido” en él si hubiera
explicado realmente el modelo de negocio. Por tanto, los libertarios están de
acuerdo con todos los demás en que Charles Ponzi era un delincuente y tendría
que afrontar las consecuencias legales en cualquier orden legal justo.
Sin
embargo, hasta donde sabemos, Ponzi nunca amenazó
a nadie. No dijo atacando a los trabajadores jóvenes: “Dame el 15% de tu nómina
cada mes, para que te pueda dar un retorno fantástico… o si no, enviaré matones
a secuestrarte”.
En este
sentido, la Seguridad Social no es un esquema de Ponzi después de todo. Es más
parecido a los gángsters sacudiendo a la gente por dinero para protección,
porque en caso contrario “podría pasar algo malo”.
Conclusión
Las
quejas acerca de la Seguridad Social son apropiadas: La única razón por la que
ha disfrutado de ese “éxito” hasta ahora, es que se basaba en las crecientes
contribuciones de cada nueva generación de trabajadores. Ahora que la
demografía se ha vuelto contra el sistema, es literalmente insostenible.
Veremos aumentar las cotizaciones de los trabajadores, reducir las prestaciones
de los beneficiarios o una combinación de ambas cosas.
En el
sector privado voluntario, la gente puede planificar su propia jubilación
mediante ahorro e inversión genuinos. No necesitan extraer cotizaciones a la
siguiente generación de trabajadores, porque los ahorros previos de los
jubilados permiten la creación de bienes de capital que ofrecerán rentas cuando
sus cuerpos ya no puedan hacerlo.
Finalmente,
en un aspecto importante un esquema clásico de Ponzi es menos peligroso que la Seguridad Social: se basa en engañar a la
gente que entrega voluntariamente su dinero. Una vez se detecta el fraude, se
elimina el peligro. Por el contrario, los trabajadores estadounidenses no
tienen otra alternativa que no sea “contribuir” a la Seguridad Social, les
guste o no.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde
enseña en la Mises Academy. Gestiona
el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect
Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy,
and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect
Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young
Economist.