Por Edward Stringham. (Publicado el
13 de septiembre de 2006)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/2127.
Es el momento de cambiar la
mentalidad pragmática que ha sido nuestra característica nacional. Deben
reconsiderarse las grandes alternativas a la organización social. La pérdida de
la fe en el sueño socialista no ha restaurado, y probablemente no lo hará, la
fe en el laissez faire. ¿Pero cuáles son las alternativas efectivas? ¿Merece el
anarquismo ser escuchado y, si es así, qué tipo de anarquismo? – James M.
Buchanan, Premio Nobel de Economía en 1986.
La mayoría de la gente ni siquiera
considera la idea de que una sociedad pueda organizarse sin un estado. El
anarquismo es sencillamente demasiado idealista y diferente del mundo actual.
¿Pero prueba eso que no pueda funcionar o no pueda buscarse una sociedad sin
estado? ¿O prueba que la mayoría del orden social dependa del estado?
A través de la historia, la
estructuras políticas han variado enormemente con el tiempo y solo porque un
sistema haya sido poco común en un momento en el tiempo no significa que no
pueda prosperar. Se han probado el tribalismo, la monarquía, el socialismo y la
democracia. ¿Por qué no el anarquismo? Tal vez la sociedad civil pueda
organizarse sin gobierno. No puede determinarse el mejor sistema sin considerar
todos los métodos potenciales de organizar la sociedad. Los anarquistas quieren
que se considere su punto de vista.
Mientras que Thomas Hobbes creía
que lo que caracteriza a la anarquía es una guerra de todos contra todos, los
anarquistas creen lo contrario. El gobierno es hoy casi ubicuo, aunque en el
pasado siglo millones de personas han sido asesinadas por sus propios gobiernos
(Rummel, 1994). Tal vez el gobierno no cree orden y realmente haga lo
contrario. ¿Podría ser que la cooperación no dependa del gobierno? ¿Podría ser
que se produzca más cooperación sin un estado?
Aunque la mayoría de la gente está
de acuerdo con Hobbes en que es necesaria alguna forma de gobierno, hasta hace
poco esto era meramente una suposición que nunca se había analizado desde un
punto de vista económico. Esto cambio a principios de la década de 1970 cuando
miembros del Center for the Study for Public Choice se convirtieron en el
primer grupo de economistas en realizar un estudio sistemático de estas
cuestiones. Explorations in the Theory of
Anarchy y Further Explorations in the
Theory of Anarchy, publicados en 1972 y 1974 (Tullock, 1972 y 1974)
contenían contribuciones de economistas que se convertirían en extremadamente
influyentes en las siguientes décadas: James Buchanan, Winston Bush, Thomas
Hogarty, J. Patrick Gunning, Laurence Moss, Warren Samuels, William Craig
Stubblebine y Gordon Tullock.
Estos autores decidieron hacer las
grandes preguntas en lugar de debatir pequeños cambios en la política pública.
En su autobiografía, James Buchanan describe el proyecto:
Winston Bush galvanizó nuestros
intereses en la teoría de la anarquía, una alternativa organizativa que no se
había analizado nunca seriamente. ¿Cuáles eran las características descriptivas
de la anarquía hobbesiana? ¿Podría definirse algo así como un equilibrio
anarquista?
Bush fue decisivo en organizar una
serie de talleres semanales en 1972 durante los cuales cada participante
presentaba por turnos escritos sobre distintos aspectos de la teoría de la
anarquía. Una vez revisados, estos escritos se publicaron en Explorations in the Theory of Anarchy.
Esas semanas fueron apasionantes porque antes ni desde entonces yo había
participado tan completamente en un trabajo de investigación continuo
genuinamente multipersonal, uno que supiéramos que era relevante en algún
sentido definitivo (…) Para mí, este breve periodo de actividad investigadora
fue importante porque me dio un nuevo enfoque a todo mi trabajo. (1992: 116)
Para un premio Nobel, esto supone
mucho. James Buchana dedicó Los límites
de la libertad, de 1975, a Winston
Bush, y de la lectura de las investigaciones consiguientes sobre elección
pública podemos ver lo significativo que fue Explorations in the Theory of Anarchy. Considerando el impacto de Los límites de la libertad de Buchanan y
Social Dilemma de Tullock sobre la
profesión no es difícil concluir que Explorations
in the Theory of Anarchy es demasiado importante como para ignorarse.
Como escribía Winston Bush (1972:
5): “La anarquía como principio organizativo para la sociedad debe atraer a
cualquiera que ponga a la libertad individual en lo alto de su escala de
valores”. Sin embargo, con la excepción de Moss (1974), ninguno de los que
contribuyeron en los libros originales creía que el anarquismo fuera una
alternativa viable.
Creían que cuando faltase el
gobierno, la gente sería incapaz de cerrar contratos y que sus derechos de
propiedad no estarían asegurados. La lección que la mayoría de los lectores
obtuvieron de los libros originales fue que el gobierno es necesario para la
cooperación social.
¿Pero probaron estos economistas de
la elección pública la necesidad del estado? Tal vez no. James Buchanan parece
hoy menos seguro de lo que lo estaba hace tres décadas. En una publicación
reciente Buchanan (2004: 268) escribía: “Cuando reflexiono ahora sobre ese
estallido de interés en la teoría de la anarquía, me doy cuenta de que quizá
estuve demasiado influido por la suposición de Bush-Tullock del efecto de las
hipótesis conductistas utilizadas estuvieran necesariamente justificadas
empíricamente”. Las creencias hobbesianas acerca del comportamiento humano
pueden no sostenerse siempre. Buchanan (ibíd.) escribía que sus suposiciones
pesimistas “nos llevaron a dejar en aquel momento cualquier esfuerzo por ver
cómo sería una anarquía ordenada. ¿Cuáles serían los resultados si las personas
actuaran internalizando todas las externalidades relevantes en sus acuerdos
mutuos?”
Poco después de la publicación de Explorations in the Theory of Anarchy,
otros economistas del libre mercado empezaron a defender la idea de que el
estado es innecesario (Anderson y Hill, 1979; Cuzan, 1979; Friedman, 1973,
1979; Peden, 1977; Rothbard, 1973, 1977a; Sneed, 1977). Para estos autores, la
sociedad puede tener ley, orden y propiedad privada sin ningún gobierno en
absoluto. De hecho, argumentaban que la aplicación de la ley de gobierno es
contraria al sistema de mercado. Cuando apareció Anarchy, State, and Utopia, de Nozick, argumentando que es
imposible una anarquía ordenada, muchos autores mostraron su desacuerdo (Barnett,
1977; Childs, 1977; Davidson, 1977; Paul, 1977; Rothbard, 1977b; Sanders,
1977). Sin embargo, Explorations in the
Theory of Anarchy no ha recibido hasta ahora la misma atención.
Este libro contiene siete
respuestas a los ensayos de Explorations
in the Theory of Anarchy, así como reimpresiones de siete artículos
originales y nuevas réplicas de James Buchanan, Gordon Tullock, Jeffrey Rogers
Hummel y Peter Boettke. La generación más joven tiene notablemente menos fe en
el gobierno que su predecesora. Se cuestionan si los mercados son tan frágiles
como creían los economistas de la elección pública y si puede confiarse en el
gobierno como solución.
Consideremos sus argumentos.
Winston Bush escribió el artículo pionero, “Individual welfare in anarchy”. Su
obra, de la que una versión posterior fue publicada en el Journal of Economic Theory (Bush y Mayer, 1974), ofrece un modelo
matemático de interacción social sin estado. Cuando la gente interactúa, pueden
elegir entre respetar la propiedad de otro o dedicarse a la depredación. Bush
argumenta que en un estado de anarquía, los individuos gastan demasiados
recursos en depredación, perjudicando a ambas partes. Después de que se
establezcan los derechos de propiedad en una anarquía hobbesiana, acordar una
serie común de reglas sería mutuamente beneficioso. Aunque está a favor de una
sociedad sin reglas, Bush cree que la depredación prevalecería. Cuando se
encuentran por primera vez Robinson Crusoe y Viernes, saben poco el uno del
otro, podrían no interactuar nunca de nuevo y no tienen ninguna capacidad para
confiar en la fuerza externa, así que podríamos esperar que se produjeran los
resultados del dilema del prisionero estándar. Bush podría considerarse como
uno de los primeros anarquistas pesimistas.
Por otro lado, Jason Osborne afirma
que incluso en estas circunstancias la gente se dedicará menos al engaño de lo
que prevé el modelo de Winston Bush. A partir de la obra de Ronald Heiner,
Osborne argumenta que los individuos pueden adoptar una estrategia conocida
como cooperación contingente. Este modelo postula que incluso en juegos de una
sola tirada los individuos pueden comunicarse antes de interactuar, lo que les
permite detectar señales acerca de la probabilidad de que la otra parte
coopere. Incluso en juegos de una sola tirada, los humanos tienen más
conocimiento acerca de otra gente de lo que supone el dilema del prisionero.
Aunque la detección de señales esté lejos de ser perfecta, veremos menos
depredación de la que predicen las suposiciones habituales.
“The edge of the jungle”, de Gordon
Tullock emplea la hipótesis de Winston Bush y argumenta que la cooperación será
limitada bajo la anarquía. Sin la fuerza del gobierno, no se producirían
contratos a largo plazo y muchos otros acuerdos beneficiosos. La gente
emplearía demasiados recursos al comportamiento oportunista, que acabaría
llevando al abandono de la anarquía. Tullock mantiene que los que tienen una
ventaja comparativa en el uso de la fuerza se impondrán a los débiles e
impondrán el gobierno. Aunque el gobierno podría utilizarse para redistribuir
recursos, Tullock argumenta que crear esta fuerza externa podría beneficiar a
todos los miembros de la sociedad. El aparato del gobierno sigue utilizando el
poder para aplicar la ley, pero elimina el uso de la fuerza por parte de otros.
La consiguiente reducción del conflicto crea incentivos para la producción en
lugar de la depredación.
Christopher Coyne responde
describiendo cómo la aplicación de la ley privada puede resolver los problemas
en la anarquía hobbesiana. Sí, la sociedad puede necesitar que se aplique la
ley, pero no tiene que ser el sector público. Coyne argumenta que Tullcok tiene
una visión estrecha de la anarquía: anarquía significa falta de gobierno, no
falta de normas. ¿Podría ser que los economistas de la elección pública adopten
una anarquía compuesta por normas generadas privadamente? La respuesta de Coyne
describe los muchos tipos de cuerpos de aplicación de las normas que existen y
explica como la ley consuetudinaria, el arbitraje y los sistemas de seguridad
privada han creado y aplicado normas independientemente del estado. La
posibilidad de una anarquía de propiedad privada es real.
J. Patrick Gunning no descarta una
anarquía ordenada, pero creo que la anarquía solo puede funcionar a un nivel
primitivo. Cree que relaciones más avanzadas que impliquen comercio requieren
una fuerza externa. En palabras de Gunning: “Incluso si se espera que los
intercambios se repitan infinitamente, puede no haber comercio”. Da el ejemplo
de un pigmeo y un gigante que fueran incapaces de contratar salvo que un
tercero, un supergigante, entrara en escena. El supergigante es una analogía
para el gobierno que impide las estafas. En esta opinión, el gobierno es
potencialmente benéfico para todos porque permite a la gente cerrar contratos.
Peter Leeson responde argumentando
que en realidad muchos contratos tiene lugar sin fuerza externa. Tal vez la
suposición de Gunning de que las partes necesariamente engañan no sea más que
una suposición. Leeson cita evidencias de economía experimental para demostrar
que incluso en juegos de una tirada sin fuerza externa la gente es menos
probable que engañe de lo que predice la teoría hobbesiana. No podemos basarnos
en la ley en la inmensa mayoría de las interacciones sociales, pero el mercado
sigue creando incentivos para la cooperación. Por ejemplo, las empresas ofrecen
un buen servicio no porque haya normas sino porque quieren hacer negocios en el
futuro. Además de los casos sin fuerza de terceros, Leeson ofrece ejemplos de
aplicación por terceros que no usan la fuerza. Describe cómo los mecanismos de
reputación multilateral pueden inducir el cumplimiento contractual incluso
cuando no hay compulsión.
Contratar sin el gobierno es solo
un aspecto: tener derechos de propiedad sin gobierno es otro. James Buchanan
analiza la situación de la anarquía hobbesiana como un dilema del prisionero en
“Before public choice”. Buchanan cree que la gente actuaría de forma
oportunista cuando se le dé el incentivo y aunque estaría todos mejor siguiendo
normas comunes, no hay forma de que se comprometan. Buchanan usa esto para
deducir una teoría contractual del estado. Al implantar un aplicador externo,
puede resolverse el dilema del prisionero.
Por el contrario, Benjamin Powell
toma las suposiciones del modelo de Buchanan y pregunta si el gobierno puede
proporcionar una mejora. Donde Buchanan concluye que la gente se dedicaría a un
comportamiento oportunista cuando falte una fuerza externa, Powell no cuestiona
el resultado. En su lugar, utiliza la misma suposición que Buchanan para
analizar la situación después de que implantemos el gobierno. Powell argumenta
que la idea de que el gobierno pueda resolver el dilema del prisionero solo se
sostiene si suponemos que el estado es una fuerza externa no constituida por
humanos. Una vez que reconocemos que el gobierno está compuesto necesariamente
por cuerpo y alma, no se sostienen los mismos resultados. Si toda la gente son
egoístas hobbesianos, ¿por qué no deberíamos esperar que el gobierno actúe
oportunistamente? Ninguna teoría o evidencia sugiere que la gente se convierta
en mejor una vez se una al gobierno. Incluso si aceptamos las suposiciones
pesimistas, no puede considerarse a la anarquía como inferior.
Thomas Hogarty trata de demostrar
sobre bases empíricas que la anarquía es inferior. Ofrece tres estudios de
casos para apoyar por qué deberíamos tener un gobierno. Como primer ejemplo de
anarquía, Hogarty apunta que las ratas pardas no tienen gobierno y, en la
práctica, se muerden unas a otras. Como segundo ejemplo, Hogarty explica cómo
los niños en El señor de las moscas
no tenían gobierno y realizaban actos malvados. Como ejemplo final, Hogarty
argumenta que un campo de prisioneros de guerra durante la Guerra de Secesión
ofrece un ejemplo de interacción individual sin estado. En lugar de actuar
cooperativamente, los prisioneros mostraron un comportamiento agresivo.
A los tres casos les falla la
cooperación, así que Hogarty concluye que necesitamos gobierno.
En respuesta, Virgil Storr
cuestiona si los ejemplos de Hogarty justifican el gobierno. Sí, Storr está de
acuerdo en que las ratas pardas sacadas de sus grupos familiares y colocadas
entre ratas de diferentes localidades sí se muerden, pero cuestiona qué puede
decirnos este experimento acerca de la cooperación humana. Storr también
cuestiona el grado en que una novela juvenil, una obra de ficción, puede
utilizarse para realizar inferencias acerca de la interacción bajo la anarquía.
Finalmente, Storr se ocupa del tratamiento de un campo de prisioneros de guerra
saturado como caso de estudio para la anarquía. Cuando el gobierno encarcela a
un grupo de gente y controla sus suministros, no debería sorprendernos que
aparezca un conflicto. Para Storr, ninguno de estos ejemplos ofrece evidencias
de deficiencias en la anarquía.
No solo puede ser posible la
anarquía, sino que Laurence Moss argumenta que la idea tiene un largo historial
en el pensamiento estadounidense. Aunque la teoría anarquista se ha
desarrollado más en años recientes, la idea de que los mercados pueden
funcionar sin gobierno fue popular también en los Estados Unidos del siglo
XVIII. Moss argumenta que anarquistas del siglo XVIII como Josiah Warren,
Lysander Spooner y Benjamin Tucker simplemente defendían los ideales de la
Declaración de Independencia. Luego Moss explica cómo esta tradición fue
reanudada por Murray Rothbard y otros economistas modernos del libre mercado.
Aunque la mayoría de la gente considere que el anarquismo es radical, concluye
Moss, “¡El anarquismo en la propiedad es tan estadounidense como la tarta de
manzana!”
A Warren Samuels le disgusta esta
tarta de manzana y la preocupa una economía pura de mercado. Cree que las
relaciones de poder estarían presentes bajo un anarquismo de propiedad privada
o en cualquier otra forma de mercado. Simpatiza con los objetivos anarquistas
de libertad, orden y mercados, al tiempo que comparte sospechas sobre el
estado, pero cuestiona si el anarquismo produciría esos fines.
Samuels mantiene que las agencias
que apliquen la ley libertaria serían nominalmente privadas pero equivalentes
al gobierno. Samuels critica a Murray Rothbard por querer simplemente
reemplazar un tipo de coacción por otra. Para Samuels, la teoría anarquista no
consigue resolver el problema de las relaciones de poder y por tanto no debería
considerarse una alternativa superior al gobierno.
No es así, dice Scott Beaulier, que
se ocupa del argumento de que la aplicación de la ley privada es tan coactiva
como la del gobierno. Apunta que la noción del poder de Samuels es tan amplia
que cualquier ejercicio de elección es un ejercicio de poder. Beaulier
argumenta que esto no puede usarse como crítica contra el anarcocapitalismo,
así que la pregunta es ¿qué tipo de relaciones de poder queremos? La aplicación
de la ley pública implica un monopolio coactivo del poder, mientras que la
aplicación de la ley privada da una alternativa a los individuos. Como el poder
político no da alternativa al pueblo se utiliza mal a menudo. La política
sencillamente reemplaza a las relaciones voluntarias de mercado con unas
involuntarias.
¿Cómo responde aquí Buchanan a las
nuevas obras? ¿Se ocupa de los autores que rechazan la necesidad del Leviatán?
Sorprendentemente, Buchanan no defiende al gobierno contra sus críticos. En su
lugar, argumenta que los argumentos no le hacen mella. Buchanan mantiene: “Los
escritos de los seminarios, tal y como se publicaron en los pequeños volúmenes
editados por Gordon Tullock, así como el libro de Tullock, The Social Dilemma (1974b) y mi propio libro, The Limits of Liberty (1975), deberían, al menos parcialmente,
interpretarse como reacciones del momento”. Argumenta que hubo una respuesta al
desorden invasor en muchos campuses universitarios a finales de la década de
1960 y principios de la de 1970. Esta explicación alternativa de que Explorations in the Theory of Anarchy
estaba menos preocupada menos por el establecimiento del gobierno y más por el
establecimiento de reglas es bienvenida. ¿Podrían podrucirse privadamente estas
reglas de acuerdo con la teoría de los clubes de Buchanan (1965)? Buchanan no
responde a esta pregunta, pero esperemos que futuros economistas de la elección
pública lo hagan.
Un de esos economistas es Gordon
Tullock. Tullock se ocupa de los argumentos anarquistas libertarios en su
respuesta. Mantiene que aunque los ejemplos modernos de aplicación de ley
privada son bastante comunes, todos tienen lugar a la sombra del estado.
Argumenta que las empresas de policía privada, detectives, mediadores y
árbitros dependen del gobierno. La reputación y el boicot pueden funcionar
contra empresarios indignos pero no contra quienes usen la fuerza. Tullock
argumenta que necesitamos un gobierno para impedir ese bandidaje. Quienes sean
incapaces de protegerse serán conquistados o destruidos. Un militar profesional
casi siempre tendrá más éxito que una banda de milicias desorganizadas, de ahí
la necesidad, o la inevitabilidad de una fuerza nacional armada. Finalmente,
Tullock indica una serie de otros problemas que ve en la anarquía, como viajar
por carreteras privadas, cuarentenas y protección ante incendios. Aunque
reconoce que las comunidades privadas sí proveen estos servicios, Tullock
intenta difuminar la línea entre comunidades propietarias y gobiernos locales.
Jeffrey Rogers Hummel protesta.
Tullock se equivoca, argumenta Hummel, en combinar normas con gobierno. Solo
porque los condominios asuman ciertas actividades que los gobiernos también
asumen, eso no los convierte en gobiernos. Hummel indica además: “Igual que el
gobierno no es una condición necesaria para el estado de derecho, es igualmente
evidente que el gobierno no es una condición suficiente para una defensa
efectiva contra la invasión”. Apunta que hay naciones a menudo conquistadas por
otras, así que la simple existencia del gobierno no resuelve los problemas del
mundo. Para Hummel, la solución no reside en el gobierno sino en persuadir a la
gente suficiente como para apoyar la libertad. El uso de la fuerza por parte de
una entidad no puede persistir si la gente permanece en la oposición.
Peter Boettke concluye el volumen
explicando el potencial evolucionista de la anarquía como programa
investigador. Boettke esboza cómo el anarquismo analítico es más que una labor
normativa. El mundo tiene suficientes enigmas que no pueden explicarse por
teorías que supongan la dependencia de los mercados del gobierno. En muchos
casos los contratos son aplicables por fuerza y aún así tiene lugar el
comercio. Al documentar cómo las partes privadas encuentran formas de eliminar
el oportunismo, el programa de investigación anarquista ofrece una imagen más
adecuada del proceso de mercado. Incluso bajo condiciones de grandes grupos y
cuasianonimato, los participantes en el mercado encuentran formas para cooperar
en lugar de engañar. La creación endógena y aplicación de normas es parte del
proceso de mercado. Boettke concluye: “Trabajar en esta línea no solo es
valioso a un nivel teórico fundamental, sino asimismo también de significación
práctica al intentar luchar contra las grandes transformaciones sociales de
nuestra época”.
Aunque los autores más jóvenes
creen que los economistas de la elección pública de la década de 1970
ofrecieron un inicio prometedor, creemos que su análisis estaba incompleto. ¿Es
la interacción social sin el estado tan mala como creen Hobbes y esos
economistas de la elección pública? Muchos de los recientes análisis sugieren
otra cosa. Pero tal vez sea cierto que los humanos tienden de por sí al
conflicto. Tal vez el dilema hobbesiano sea una amenaza real. Sea como sea, el
gobierno no parece ofrecer una solución. O el Leviatán es parte del problema o
es superfluo. En cualquier caso, la anarquía podría ser después de todo la
mejor alternativa. Nos agrada que los economistas de la elección pública
empezaran a estudiar este asunto hace
tres décadas y esperamos ver un resurgimiento en las exploraciones en la teoría
de la anarquía.
Edward Stringham es catedrático
Lloyd Hackley de Estudios de Capitalismo y Libre Empresa en la Universidad
Estatal de Fayetteville.