Una breve historia de los impagos crediticios de EEUU

Por John S. Chamberlain. (Publicado el 15 de julio de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5463.

* Traducción de Jason Roeschley.

 

El 13 de julio, el presidente de los Estados Unidos salió enfadado de las negociaciones en curso sobre la elevación del techo de la deuda de su máximo legislado de 14.294 billones de dólares. Esto llevó a una nueva ronda de especulaciones sobre si Estados Unidos podría incumplir sus obligaciones financieras. En estas circunstancias, es útil recordar los casos anteriores en los que esto ha ocurrido y los efectos de esos impagos. Mediante el estudio de los impagos del pasado, podemos llegar a comprender bien lo que futuros impagos podría presagiar.

El impago de la moneda continental de 1779

El primer impago de Estados Unidos ocurrió en su primera emisión de deuda: la moneda emitida por el Congreso Continental de 1775. En junio de 1775 el Congreso Continental de los Estados Unidos de América, ubicado en Filadelfia, en representación de los 13 estados de la Unión, emitió notas de crédito por valor de 2 millones de dólares españoles a pagar en cuatro años, por tanto en cuatro cuotas anuales. Al año siguiente se emitieron un millón de notas adicionales. Siguió una tercera emisión de 3 millones. Al año siguiente emitió 13 millones de dólares adicionales en notas. Estos fueron los primeros de los “dólares continentales”, que se utilizaron para financiar la guerra de independencia contra Gran Bretaña. Las emisiones continuaron hasta un estimado de 241 millones de dólares pendientes, sin incluir las falsificaciones británicas.

El Congreso no tenía potestad tributaria, por lo que hizo a cada uno de los varios estados responsable de canjear un porcentaje de las notas de acuerdo a la población. La administración de estas notas se delegó a una “Junta del Tesoro” en 1776. Rechazar las notas o recibirlas por debajo de la paridad se castigaba con orejas cortadas y otras sanciones horribles.

Las notas se depreciaron progresivamente a medida que el público comenzaba a darse cuenta de que ni los Estados ni su Congreso tenía la voluntad o la capacidad para canjearlas. En noviembre de 1779, el Congreso anunció una devaluación de 38,5 a 1 en los continentales, lo que equivalía a una admisión de incumplimiento. En este año, se generalizó la negativa a aceptar las notas y el comercio se redujo al trueque, causando esporádicas hambrunas y otras privaciones.

Con el tiempo, el Congreso acordó canjear las notas a 1.000 por 1. A una tasa de 0,82 onzas troy por dólar español y 36$ ( de 2011) a la onza troy de plata, este primer incumplimiento dio lugar a una pérdida acumulada de aproximadamente 7.000 millones de dólares para el público estadounidense.

Benjamin Franklin caracterizó la pérdida como un impuesto. El recuerdo de los sufrimientos y los trastornos económicos causados por este "impuesto" y billetes de crédito similares emitidos por los estados influyó en la cláusula contractual de la Constitución, que fue aprobada en 1789:

Ningún Estado celebrará tratado, alianza o confederación algunos; otorgará patentes de corso y represalias; acuñara moneda, emitirá papel moneda, legalizará cualquier cosa que no sea la moneda de oro y plata como medio de pago de las deudas; aprobará decretos por los que se castigue a determinadas personas sin que preceda juicio ante los tribunales, leyes ex post facto o leyes que menoscaben las obligaciones que derivan de los contratos

El impago de los préstamos domésticos continentales

Además de su emisión de moneda, el Congreso Continental pidió dinero prestado tanto a nivel nacional como en el extranjero. La deuda interna ascendió a aproximadamente 11 millones de dólares españoles. El interés de esta deuda se pagó sobre todo con dinero recibido de Francia y Holanda como parte de préstamos separados. Cuando se secó esta fuente de financiación, el Congreso dejó de pagar su deuda interna a partir del 1 de marzo de 1782. Más tarde se hizo una satisfacción parcial de las deudas mediante la aceptación de notas para el pago de los impuestos y otras consideraciones indirectas. Con la Ley de Financiación de 1790, el Congreso rechazó estos préstamos por completo, pero ofreció convertirlos a otros nuevos con condiciones menos favorables, lo que conmemoró el impago en forma de ley federal.

El impago del Greenback de 1862

Después de la Guerra de la Independencia, el Congreso de los Estados Unidos hizo solo una emisión limitada de deuda y moneda, dejando los problemas de las finanzas públicas en gran parte a los estados y los bancos privados. (Estas entidades incumplieron pagos de deuda de forma regular hasta el Pánico de 1837, en el que un crescendo de incumplimientos de estados llevó a la invención la expresión “repudio de deudas”). En agosto de 1861, este equilibrio entre las finanzas locales y federales cambió para siempre cuando la Guerra de Secesión indujo al Congreso a crear una nueva moneda que se conoció como el “greenback” debido al color verde de su tinta. Los billetes originales fueron de 60 millones de dólares en pagarés a la vista en denominaciones de 5$, 10$ y 20”, que eran redimibles en metálico, en cualquier momento a una tasa de 0,048375 onzas troy de oro por dólar. Menos de cinco meses después, en enero de 1862, el Tesoro de EEUU dejó de pagar estas notas al no redimirlas a la vista.

Después de este fracaso, el Tesoro hizo posteriores emisiones de greenbacks como billetes de “curso legal” que no eran redimibles a la vista, sino a través de divisas y no podían ser utilizados para pagar aranceles de aduanas. Dependiendo de la marcha de la guerra, estas notas se negociaban con un descuento de entre el 20 y el 40 por ciento. Mediante la estratagema de monetizar este dinero con bonos y pagar solo los intereses de esos bonos en oro adquirido a través de las cuotas de aduana, el partido de Lincoln financió la Guerra de Secesión sin más impagos.

El impago de los “bonos de la libertad” de 1934

La financiación del gobierno de los Estados Unidos llegó a un nivel completamente nuevo con su entrada en la Gran Guerra, ahora conocida como “Primera Guerra Mundial”. Las nuevas empresas del gobierno incluían el mantenimiento y operación de la flota mercante, la producción de municiones, la alimentación y el equipamiento completo de los soldados a costa propia, y muchas otras cosas caras que nunca antes se habían hecho o hecho solo en una escala mucho menor.

Para financiar estas actividades, el Congreso emitió una serie de obligaciones conocidas como “Bonos de la Libertad” a partir de 1917. Las series preliminares eran convertibles en emisiones de series posteriores en condiciones cada vez más favorables, hasta que la deuda se refinanció en el cuarto bono de la libertad, el 24 de octubre de 1918, que fue una emisión de 7 mil millones de dólares, 20 años, 4,25%, pagadera en oro a una tasa de 20,67$ por onza troy.

Cuando Franklin Roosevelt asumió la presidencia en 1933, solo los pagos de intereses estaban drenando el tesoro de oro, y como el Tesoro tenía solamente 4.200 millones de dólares en oro, era obvio que no habría manera de pagar el capital cuando venciera en el año 1938, sin mencionar los gastos y otras obligaciones de deuda. Estas otras obligaciones de deuda eran sustanciales. Desde la década de 1890 el Tesoro había carecido de oro y había financiado este déficit realizando nuevas emisiones de bonos para atraer oro para pagar los intereses de las emisiones anteriores. El resultado fue que en 1933 la deuda total era de 22.000 millones de dólares y la cantidad de oro necesaria para pagar siquiera los intereses pronto iba a ser insuficiente.

Ante esta exigencia, Roosevelt decidió dejar de pagar la totalidad de la deuda interna al negarse a canjear en oro a los estadounidenses y devaluar el dólar en un 40% frente a las divisas. Al tomar estas medidas, el Tesoro fue capaz de hacer un pago parcial y mantener las divisas con los socios comerciales críticos de los Estados Unidos.

Si le ponemos al oro el valor actual de 1.550$ por onza troy, la pérdida total de los inversores por la devaluación fue de aproximadamente 640.000 millones en dólares de 2011. El resultado global del impago fue intensificar la depresión y la reducción del comercio de los años 1930 y de contribuir al fomento de la Segunda Guerra Mundial.

El impago momentáneo de 1979

El Tesoro de los Estados Unidos por accidente no pagó un pequeño número de pagarés durante la crisis del límite de deuda de 1979. Debido a una confusión administrativa, 120 millones de dólares en pagarés que vencieron el 26 de abril, 3 de mayo y 10 de mayo no fueron pagados de acuerdo con los términos establecidos. El Tesoro acabó pagando el valor nominal de las cuentas, pero sin embargo, se presentó una demanda colectiva, Claire G. Barton v. Estados Unidos, ante el Tribunal Federal del Distrito Central de California sobre si el Tesoro debería pagar intereses por la demora. El gobierno decidió evitar cualquier tipo de publicidad adicional y les dio a los inversores demandantes lo que querían en vez de montar el gran caballo de la inmunidad soberana. Un estudio económico del asunto llegó a la conclusión de que el resultado neto fue un pequeño aumento permanente en los tipos de interés de los bonos del Tesoro.

¿Qué pasará en agosto de 2011?

Muchas personas se preguntan sobre la posibilidad de un incumplimiento por parte del Tesoro el 3 de agosto de 2011, cuando, según las proyecciones del Tesoro, ya no será capaz de cubrir todos los gastos sin más préstamos.

En este caso, es poco probable que se produzca un impago. Históricamente, los gobiernos dan prioridad a atender la deuda por encima de todos los demás gastos. Si la expansión de los fondos a través de la deuda se vuelve imposible, el Tesoro dejará de pagar antes otros gastos, comenzando con gastos discrecionales “no esenciales”, y luego pasando a los gastos obligatorios y los derechos como último recurso.

In extremis, lo que sucederá es que todas las pérdidas serán impuestas a la Reserva Federal. La Fed mantiene en torno a 1,6 billones de dólares en deuda emitida por el Tesoro de los Estados Unidos. Al hacer que la Reserva Federal compre bloques de bonos del Tesoro y dejar de pagar estos valores de no-inversores, Estados Unidos puede posponer un impago contra los inversores reales esencialmente para siempre.

 

 

John S. Chamberlain vive en Natick, Massachusetts, y trabaja como ingeniero de software especializado en geociencias e inteligencia artificial. Es graduado en política por la Universidad de Princeton y máster en ciencias de la información por la Universidad de Northeastern.

Published Tue, Jul 19 2011 7:22 PM by euribe