Por Mark Thornton. (Publicado el 15 de julio de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5457.
Actualmente, el gran espectáculo en Washington DC se centra en torno a aumentar el límite de la deuda. En Congreso empezó a fijar este límite en 1917 de forma que el Tesoro pudiera emitir deuda independientemente. El límite de la deuda es como el de nuestra tarjeta de crédito, excepto en que el gobierno federal se pone el límite a sí mismo. Cuando el Presidente Nixon nos sacó del patrón oro en 1971, la deuda nacional era de 400.000 millones de dólares. El aumento en la deuda nacional solo el pasado año fue de cuatro veces toda la deuda de 1971.
Tanto los demócratas como los republicanos nos dicen que no aumentar el límite de la deuda tendría un efecto negativo (e incluso catastrófico) en la economía estadounidense y mundial. Están de acuerdo en esto. Lo único que se debate es qué concesiones son necesarias para establecer una mayoría bipartidista para aprobar una propuesta de aumento del límite. Lo demócratas parecen querer recortes más grandes y aumentos en los impuestos, mientras que los republicanos quieren recortes más pequeños y ningún aumento en los impuestos. Los recortes multibillonarios que están discutiendo solo se producirían en un plazo de diez años y no equilibran el presupuesto, así que nadie excepto Ron Paul está discutiendo realmente el tipo de recorte presupuestario que realmente ayudaría a la economía.
Lo que realmente tenemos que hacer es rebajar el límite de la deuda. Si el Congreso aprobara una legislación que redujera sistemáticamente el límite de la deuda con el tiempo, la economía se reconstruiría sobre unos cimientos sólidos. Los empresarios en los sectores productivos se darían cuenta de que estaría a su disposición una proporción siempre creciente de recursos (tierra, trabajo y capital), mientras que las empresas que sacaban provecho del presupuesto federal tendrían una porción cada vez menor de dichos recursos.
El Congreso tendría que recortar la paga y prestaciones a sus empleados (FDR las recortó en un 25% en medio de la Gran Depresión), así como el número de dichos empleados. Los salarios reales disminuirían, permitiendo a los empresarios contratar a más empleados para producir bienes valorados por los consumidores.
El Congreso tendría que recortar sus amplias operaciones reguladoras, que son en realidad una de las mayores rémoras a la economía debido a la carga e incertidumbre que Obama y el Congreso han creado en términos de atención sanitaria, mercados financieros y regulaciones medioambientales. Un estudio reciente del Phoenix Center concluía que incluso una pequeña reducción del 5%, 2.800 millones de dólares, en el presupuesto regulatorio federal generaría un aumento de alrededor de 75.000 millones de dólares en aumento del PIB en el sector privado cada año, además de 1,2 millones de puestos de trabajo anualmente. Eliminar el trabajo incluso de un solo regulador haría crecer a la economía estadounidense en 6,2 millones de dólares y crear en torno a 100 empleos en el sector privado anualmente.
Bajo un límite de deuda reducido, el gobierno federal tendría asimismo que vender algunos de sus recursos. Tiene decenas de miles de edificios que ya no están en uso y decenas de miles de edificios que están infrautilizados de forma significativa, alrededor de 75.000 edificios en total. También controla más de 400 millones de acres de terreno, lo que equivale al 20% del territorio sin contar Alaska, que es casi completamente propiedad del Gobierno. Está también la Reserva Estratégica de Petróleo y muchos otros activos que podrían venderse para cubrir los agujeros presupuestarios a corto plazo.
Por supuesto, reducir el límite de la deuda obligaría al gobierno a dejar de pedir prestado tanto dinero a los mercados crediticios. Esto dejaría mucho más crédito disponible para el sector privado. La escasez de capital es una de las razones más citadas para el fracaso de la economía en su recuperación.
Rebajara el límite de la deuda forzaría a un recorte presupuestario del gobierno a gran escala y esto liberaría recursos (trabajo, tierra y capital) y obligaría a un recorte en el aparato regulatorio del gobierno federal. Esto haría que los estadounidenses volvieran a trabajar produciendo bienes valorados por los consumidores.
Aprobar un aumento en el límite de la deuda simplemente perpetúa el mito de que haya algún límite o control de la capacidad del gobierno de desperdiciar recursos a corto plazo y su voluntad de trasladar la carga de este despilfarro a las generaciones futuras.
Mark Thornton es miembro residente senior en el Instituto Ludwig von Mises en Auburn, Alabama, y es editor de la crítica de libros del Quarterly Journal of Austrian Economics. Es autor de The Economics of Prohibition, coautor de Tariffs, Blockades, and Inflation: The Economics of the Civil War y editor de The Quotable Mises, The Bastiat Collection y An Essay on Economic Theory