¿Sobrevivirá la universidad?

Por Tim Swanson. (Publicado el 25 de enero de 2006)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/2013.

 

“Cuando una materia se convierte en totalmente obsoleta hacemos de ella el curso correspondiente” – Peter Drucker.

Servicios educativos con ánimo de lucro. Desaprovechar la formación educativa. Financiar la tutela sobre buenos empleos. Continuar y desdeñar; encogerse y estremecerse: fuera de nuestro sistema. Oh, el horror, tener una negocio rentable que incluya muchas de las facetas de una educación superior tradicional.[1]

Tal vez sea ésta una de las razones por las que una cantidad desproporcionada de la Torre de Marfil esté inclinada socialistamente: subconscientemente pueden temer que el valor de mercado de su investigación, enseñanza y existencia profesional subsista entre compañeros de cama relativamente extraños, aquéllos cuya productividad fluctúa a lo largo de la línea de la pobreza.

Un mundo más plano

¿Reemplazarán la educación a distancia y los cursos en línea a la intimidad de las discusiones de mesa redonda con profesores de alto nivel? David Gelernter, profesor de ciencias informáticas en Yale no lo piensa. Basándome en mi propia experiencia, tendría que estar de acuerdo. Sin embargo, ambos creemos que un libre mercado en el otorgamiento de títulos, uno liberado de regulación política y miopía empresarial, está a la vuelta de la esquina.

La proliferación y entusiasmo por estos grados se debe en parte al hecho de que ofrecen a veces obtenerse de una forma más cómoda, por una fracción del coste y aprovechando el tiempo. Digamos adiós a viajar, así como a tasas de estudio que nunca se aprovechan. Tampoco tendremos que organizar nuestra vida para poder atender una clase cuyo instructor inculca información que podría haberse obtenido fácilmente en un libro de texto por 50$.[2] Como dijo sucintamente el último Peter Drucker: “Las universidades no sobrevivirán. El futuro está fuera de los campus tradicionales, fuera de las aulas tradicionales. La enseñanza a distancia está llegando rápidamente”.[3]

Fuera lo viejo, dentro lo nuevo, ¿verdad? ¿Cómo podrá el modelo educativo tradicional, creado para economías agrícolas e industriales, basado en una vida residencial, sobrevivir a una era de la información siempre en expansión accesible por medio del ratón? ¿Está el cultivo de la curiosidad solo disponible para cuatro pagos de 19.999$ con intereses en una universidad pública?

¿Hay inconvenientes? Como cualquier otra opción siempre hay costes de oportunidad: actividades que abandonamos para seguir otras alternativas. Al apuntarse a un programa en línea, la utopía no aparecerá del seno de la tierra ni viviremos en el sétimo cielo. Seguiremos teniendo ruedas pinchadas y virus informáticos, tal vez incluso un dolor de cabeza o dos.

¿Va a sobrevivir la universidad como institución de enseñanza superior? Las más importantes, las Ivy (tanto las públicas como las privadas), las banderas, las que tengan suficiente apoyo político y económico pueden tal vez sobrevivir en el futuro. Tal vez varios departamentos como los que comprenden la STEM (es decir, las iniciales en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), Derecho o Medicina, tal vez alguna o muchas, pero como dijo sucintamente Peter Drucker, la vida residencial, más bien antes que después, acabará con el dodo.

De lo que se trata es de que muchas universidades simplemente no están organizadas para gestionarse como empresas con ánimo de lucro. En lugar de centrarse en crear especialidades que generen beneficios, los excesivos y mal asignados recursos, en último término más allá de su capacidad fiduciaria y por tanto encontrándose a sí mismas pidiendo ayuda (por ejemplo, donaciones). Esto no significa decir que las instituciones modernas en su conjunto vayan a cavar con ellas, sino más bien que se verán inevitablemente obligadas a afrontar las burbujas de subvenciones que aíslan diversos propósitos. El cómo se ocupen de la realidad de las fuerzas del mercado acabará determinando si cada institución sobrevivirá.[4]

Planes para hacerse rico rápidamente

En primer lugar ¿para qué ir a la universidad?

Para algunas personas, acudir a la universidad se considera simplemente una forma rápida y sencilla de obtener el gordo. Como muchas otras ilusiones de grandeza, recuerda el plan sin escrúpulos de los gnomos de los calzoncillos de South Park:

  1. Ir a la universidad
  2. ???
  3. ¡Beneficios!

Para alimentar este falso sueño están los préstamos subvencionados del Estado que animan y crean distorsiones en el mercado laboral, por no mencionar la reasignación de capital productivo. Podría decirse que puede ser difícil comparar la Universidad Van Wilder de hoy con las “clásicas” de Oxford o Cambridge. Sin embargo, para el año académico 2005-2006, los costes medios de matrícula, educación, habitación y manutención para acudir a una institución pública durante cuatro años son de 12.127$. Para una institución privada durante cuatro años: 29.026$.

Una de las justificaciones para el precio es que, a largo plazo, una persona con formación universitaria ganará mucho más dinero que otras sin dicha formación. Y como ser más rico “beneficia a la sociedad en general”, deberían llevarse a cabo esfuerzos por promover este estilo de vida. Sin embargo como apunta Neal Zupancic, esto es un non sequitur ya que la relación causal no está conectada directamente. Sin embargo esta lógica falaz no impidió la intervención de Estado por el Senador Claiborne Pell, que en 1972 impulsó legislación que subvencionaba préstamos subvencionados a estudiantes bajo el nombre poco auspicio de becas Pell.

Una financiación relativamente barata (debida a estas subvenciones) junto con estándares de admisión más bajos ha llevado a un aumento en las poblaciones universitarias públicas en todas partes. A pesar de las fuentes financieras alternativas (como becas federales y donaciones privadas), el gasto per cápita ha disminuido significativamente en los últimos cinco años.[5] Aunque la demografía puede cambiar, la tendencia de asistencia no va a disminuir previsiblemente en el futuro.

Valor por decreto

El argumento central subyacente del razonamiento del Senador Pell era retorcido: los que tenían educación universitaria ganaban más dinero no por el título enmarcado y los pergaminos firmados colgados en la pared del salón, sino porque tenían algún tipo de formación intelectual que les daba un margen competitivo y productivo por encima de sus conciudadanos sin formación. Y durante la mayor parte de 30 años, esta mentalidad de “ir a la universidad y hacerse rico” ha sido inculcada con éxito en las mentes de muchas generaciones no solo de bobus Americanus, sino también en buena parte de mundo desarrollado e industrializado.

Dejando aparte argumentos respecto del bajo nivel educativo, la perspectiva fiscal de los implicados en seguir la vía de las instituciones acreditadas se ha documentado y demostrado ser una victoria pírrica, como apuntaba Christopher Westley. No es que esas personas no tuvieran éxito tras la graduación, sino que quedaban arruinadas, con deudas e incluso quebradas: todo ello en búsqueda de un estilo de vida Potemkin anunciado a bombo y platillo.

A las viejas costumbres les cuesta desaparecer

De forma muy parecida a la atención sanitaria e incluso al voto (por ejemplo: ¿cuál es el valor de mercado de un solo voto, cercano a cero?), el sector de la educación superior se ha visto protegido de las presiones del mercado.

Los campus a lo largo de todo el país, especialmente los gestionados por grandes instituciones públicas son economía planificadas ineficientes: microcosmos de socialismo en acción.[6] Como predice la ley de Rothbard, la universidad no se especializa en lo que hace mejor. Como un pulpo, sus tentáculos acaban en muchos lugares no relacionados en los que recursos escasos se desvían a empresas y trabajos que le apartan de lo que mejor hace su capital humano: la investigación y la enseñanza. La administración[7] se envuelve en un buffet de actividades que van desde actuar como padres y terratenientes suplentes a mantener hospitales en el campus y servicios de transporte. Monopolizar servicios de alimentación, limpieza de dormitorios (que ahora aparentemente implica lucha de clases) e incluso paisajismo: ninguna empresa es demasiado pequeña como para abandonarla ni demasiado grande como para ser asumida.[8]

Por ejemplo, los teléfonos móviles han alterado radicalmente una vía d eingresos tradicional en muchas universidades: las llamadas a larga distancia. Como consecuencia, algunas universidades han aumentado otras tarifas a los estudiantes para compensar los problemas presupuestarios. O, como resulta literalmente cierto en el adagio de Rothbard, varias universidades están ahora ofreciendo sus propios planes de telefonía móvil para compensar esta tendencia.

¿Qué puede obstaculizar los altos costes de hacer funcionar una universidad?

A pesar de los notables legados, concesiones y donaciones voluntarias que tienen muchas universidades investigadoras, el retorno de inversión de los derechos por innovaciones internas es cercano a cero. A esto se une que el aumento de los salarios anuales que ha generado el sistema de plazas vitalicias ha ocasionado un golpe devastador a un orden establecido.

El sistema de plazas vitalicias se creó originalmente para garantizar la libertad académica de los profesores, ofreciendo flexibilidad y espacio para hablar e investigar libremente sin miedo a las repercusiones. (Ver el debate de Hoppe). Sin embargo, desde una perspectiva financiera, Stephen kerr apunta que “aumentar un salario de un empleado crea una anualidad a éste para toda su vida en la organización. Además, como los futuros aumentos se calculan normalmente como un porcentaje del salario, aumentar erróneamente la paga de alguien tenderá a hacerse geométricamente más caro con el tiempo”.[9] En otras palabras, una empresa debería recompensar la productividad, no la tradición o la longevidad. Por tanto, pueden usarse contratos basados en el rendimiento en lugar de un sistema de plazas vitalicias, una idea ahora también aceptada por numerosos rectores de universidad.

Muchas universidades, particularmente las gestionadas por el estado, deben cambiar sus modelos de negocio de acuerdo con los tiempos. No es una quimera de ultimátum: de acuerdo con una reciente encuesta de rectores de universidades del The Chronicle of Higher Education, muchos “están más preocupados por asuntos financieros que educativos”. Una solución posible a estos atolladeros monetarios tiene un aire fastidioso: “un 53% de los encuestados dijo que creía que deberían abolirse las plazas fijas de los miembros de las facultades en favor de contratos a largo plazo, pero quienes habían sido profesores fijos lo apoyaban más que los que no”.

A lo largo de la pasada década, muchas universidades públicas han aprendido que deben buscar fuentes alternativas de financiación ya que no pueden seguir viviendo solamente de la paga del Estado. De hecho, lo quieran o no,[10] muchas de las instituciones emblemáticas financiadas por el estado se están empezando a privatizar. Por ejemplo, a través de una propuesta de estatutos adoptada el año pasado, la Universidad de Virginia (junto con Virginia Tech y William & Mary) tiene ahora la libertad de modificar las tarifas educativas y funcionar libre de numerosas regulaciones estatales, como las relativas a adquisiciones, desembolsos de capital, financiación y personal. La semiprivatización es un paso en la dirección correcta, ya que debería ofrecer una mejor contabilidad a quienes  realmente financian la educación. Y debería advertirse que estos déficits presupuestarios no son ejemplos aislados regionalmente en la Costa Este.

Especialización

Aunque algunos comentaristas sugieren que la especialización es para los insectos, una buena parte del nivel y la reputación de las universidades se evalúan en investigación, que se relaciona directamente con la publicación en revistas de evaluación por pares (es decir, el factor de impacto). Por ejemplos, numerosas valoraciones de rendimiento departamental requieren que los profesores fijos empleen la mayoría de su tiempo en investigación y publicación original y el resto se emplee en enseñar (es decir, publica o muere).[11] En muchos casos esto crea una relación dicotómica negativa entre la investigación meticulosa y el apoyo a la formación. Por desgracia, a muchos investigadores brillantes les falta personalidad o formación necesarias para ser instructores eficaces y viceversa (de ahí una de las principales diferencias entre universidades de investigación y enseñanza). A causa de esto, muchas universidades contratan a personas con currículos más largos más que personalidades vibrantes. Sin embargo el agridulce ying-yang tiene su punto de paradoja, ya que la especialización y la división del trabajo son las mejores soluciones ante una situación en otro caso ruinosa.

La universidad es una empresa

La contrarrestar las hemorragias presupuestarias a administración podría recortar los programas extracurriculares, derivar departamentos a entidades independientes y desregular servicios. Por ejemplo, podría privatizarse una instalación de recreo de los estudiantes.

Por desgracia (desde una perspectiva de empresa con ánimo de lucro) muchos centros recreativos no son sostenibles al estar subvencionados a través de tarifas universales a los estudiantes. Así que independientemente de si un estudiante utiliza o no los numerosos servicios ofrecidos por estos centros recreativos, se mantienen a flote a pesar de cualquier ineficiencia. Además, a causa de cómo están subvencionados, su organización no es distinta de la de Amtrak, Correos o Fannie Mae. De hecho, la naturaleza económicamente centralizada de estas instalaciones recreativas las hace, de alguna forma, iguales a una economía dirigida de arriba abajo como la que se encuentra en muchos países en desarrollo o la antigua Unión Soviética.

Aunque estas instalaciones pueden emplear herramientas para “racionalizar” el rendimiento, esto no resulta una defensa apropiada frente a protestas por mal servicio o precios relativamente altos (¿por qué cobrar un precio y no otro?). Hablando económicamente, la separación en una entidad autónoma, que sea completamente sostenible, es la única solución práctica a largo plazo para determinar si pasan o no la prueba del mercado estas entidades. De otra forma ¿cómo pueden los gestores fijar precios? Aparte de sacar cifras de la chistera o copiar a la competencia, la única medición válida es permitir al cliente votar con su cartera. También debería notarse que algunos servicios universitarios han sido subcontratados con éxito a empresas independientes, como la vigilancia, la atención sanitaria y la seguridad en los estadios. Es erróneo afirmar que estas grandes entidades son inmunes a las leyes económicas como la oferta y la demanda y por tanto pueden sobrevivir (estructuralmente) de forma indefinida sin ninguna medida fiable de efectividad.

En el caso de que estas instalaciones se privaticen, la universidad podría subvencionar la pertenencia de los estudiantes de otra forma (por ejemplo, con la compra masiva de entradas) aunque esto genera la pregunta de por qué no externalizar directamente los servicios a empresas nacionales como Gold’s Gym o 24 Hour Fitness.

Para ser justos, algunos centros recreativos sí tienen de hecho varias entidades generadoras de beneficios. Por ejemplo: pases para invitados, alquiler de toallas y taquillas, venta de raquetas y pelotas, sesiones personales de entrenamiento, clases extracurriculares como yoga o autodefensa, actividades al aire libre como fines de semana en canoa o espeleología y torneos internos. Sin embargo, aunque pueda ser éste el caso, estos bienes y servicios por lo general no pueden financiar su presupuesto anual.

Ya sea a través de una privatización independiente completa o una compra parcial corporativa, las instalaciones recreativas podrían crear una política formal para separar sus finanzas internas de las de la universidad. El resultado final es que permitiría a la dirección implantar un programa eficaz de incentivos, permitiéndoles adaptarse a su entorno dinámico de negocio.

Últimamente (por ejemplo en el Mundo Real), debido en parte a las fuerzas competitivas desatadas por Google y otros, Microsoft está realizando cambios estructurales. ¿Cómo es que instituciones como las universidades son más inmunes a las leyes económicas que otras entidades empresariales? Como mínimo tiene que producirse un cambio de paradigma de cierta magnitud para que personas, familias y empresas que invierten en educación universitaria demanden un tipo distinto de sistema, un tipo distinto de modelo de negocio.

Una breve historia en el tiempo

Aunque la pedagogía (la disciplina formal de la enseñanza) ha existido durante varios cientos de años, la humanidad ha empleado la mayor parte de su existencia enseñando y por lo demás inspirando valores, creencias e información a sus hermanos y progenie. A través de su escalonada evolución y desarrollo, se han construido marcos teóricos, que van de pizarras en blanco a modelos estadísticos, para explicar y prescribir la mejor manera de formarse y educarse entre sí.

Aunque se atribuye históricamente a la Iglesia Católica y la orden jesuita las primeras universidades para educar a sus sacerdotes, Prusia, creadora del moderno Estado del Bienestar, como era de esperar puso su sello en la creación del moderno sistema educativo, incluyendo la Educación Superior. John Taylor Gatto, entre otros, ha apuntado que fue Prusia la que primero aprobó la asistencia obligatoria en el nivel de escuela primaria, en un esfuerzo decidido por crear un pueblo disciplinado marcialmente y obediente. Se establecieron rígidas jerarquías de autoridad (profesores frente a estudiantes) en un esfuerzo por crear obediencia tanto a los mandos militares como a los funcionarios tecnocráticos. Algunos de estos métodos y teorías positivistas[12] pasaron a la educación superior[13] y se han reflejado por extenso por los defensores del movimiento de desescolarización y el método Montessori.[14]

Y aunque algunos profesores lamentan la última pesadilla conocida como Internet, para ser completamente coherentes deberían echar palos y piedras a los descendientes de Johannes Gutenberg por inventar un sistema más eficiente y sistemático de imprimir textos , eliminando así el papel tradicional de los escribanos escolásticos (aunque probablemente creando a cambio un montón de profesiones, industrias y mercado es el proceso, es decir una destrucción creativa). Tal vez estos mismos instructores podrían adentrarse en la terra incognita y unirse a iniciativas como Digital Universe o proporcionar su experto conocimiento al mejor postor.[15]

La necesidad es la madre de la invención

Numerosas universidades ofrecen ahora lecciones a través de podcasts ocupándose de diversos asuntos. El podcasting es un neologismo para la emisión web automatizada, un proceso de combinar fuentes tradicionales de audio y vídeo con una teconolía de sindicación RSS fácil de usar. Berkeley, Stanford, Harvard, Princeton, Purdue y el propio Instituto Mises son solo unos pocos participantes notables en este floreciente mercado.[16] De hecho los podcasts se han hecho tan populares que tanto Yahoo! como Apple (entre otros) han añadido la funcionalidad para escuchar, transferir y buscar podcasts en forma nativa. También hay que mencionar que empresas como IBM, en un esfuerzo por hacer más cómoda y eficiente la comunicación ha incorporado con éxito el podcasting a su propia cultura corporativa.

En 2001 el MIT empezó una iniciativa, llamada OpenCourseWare, para “virtualizar” todos los programas de grado y posgrado para libre consumo del público. Esto incluía exámenes, notas de lecciones, listas de lectura, diapositivas, todo el kit, todo. Con cursos que irían de la biología y la ingeniería nuclear a la gestión y la literatura, el servicio OCW ayudaría al insaciable Jorge el Curioso que hay en todos nosotros.[17] Y al igual que con los podcasts, otras instituciones han creado proyectos similares a la OCW, incluyendo notables como Carnegie Mellon, Johns Hopkins, Tufts, Rice y Utah State.

Wikipedia, la enciclopedia abierta, se ha convertido, para bien o para mal, en un pilar entre los digerati de todo el mundo. A pesar de bromas inmaduras, el origen “gratuito” está en muchos casos tan autorizado como su contrapartida encuadernada en piel. Y aunque es sin duda un gran recurso para dirigirse en la dirección correcta, no reemplaza definitivamente la investigación publicada, que el próximo participante hace más fácil de encontrar.

A finales de 2004, Google abrió las puertas a un nuevo servicio llamado Google Scholar. Aunque es aún relativamente nuevo ( de ahí un índice relativamente limitado) para cualquiera que haya utilizado EBSCO, Web of Science, JSTOR o una legión de otras bases de datos de información, Scholar es una bendición. No solo usas el rápido y claro interfaz de Google con el que estamos familiarizados, sino asimismo posee capacidades de búsqueda avanzadas para refinar las búsquedas basadas en autores, publicaciones, materias y fechas. Buscar citas e información de revistas de prestigio nunca ha sido tan fácil. Ahora no solo puedes ver los distintos papeles académicos publicados por notables como Mises o Rothbard, sino asimismo ver otras obras que los citan (tampoco es una novedad, pero es rápido, ajustado y libre).

¿Reemplazan estos recursos en línea a una educación tradicional de 4 años? Podría decirse que el estigma social de no acudir a una universidad de prestigio en su mayor parte supera los costes de acudir a una. Como mínimo, estos recursos pueden evaluarse por el beneficio que generan a todos los implicados (todos ganan).

Bibliotecas digitales

¿Durante cuánto tiempo necesitaremos ir físicamente a una biblioteca? ¿Se acuerdan de cuando hubo varias empresas bien financiadas para escanear digitalmente los contenidos de todos los libros escritos?[18] Yahoo!, Microsoft y la Universidad e california están financiando una organización paraguas llamada la Open Content Alliance, que incluye otras bibliotecas colegiadas y editoriales. Sin embargo hay un problema. No importa lo enorme que se haga su índice, estos contenidos fastidiosamente escaneados[19] indexados en su sitio web gratuito y abierto son solamente obras de dominio público (es decir, sin derechos de autor), que son menos del 15% de todos los libros publicados.

No nos olvidemos de la über-editorial Macmillan que también intenta escanear y vender los contenidos de su masiva biblioteca de publicaciones (probablemente usted tenga uno de sus libros cada año escolar). Y Amazon.com ahora permite a los usuarios ver digitalmente los libros en línea (siempre que la editorial le permita usar su programa de escaneo). Incluso se puede comprar páginas concretas que queramos impresas y enviadas a nuestro domicilio.

A pesar de los problemas legales, una empresa está avanzando penosamente en un esfuerzo por escanear todos los libros escritos, incluyendo a aquéllos aún con derechos de autor: Google Book Search. Aunque aún haya que sortear en los tribunales las ramificaciones legales y a pesar de la estimación conservadora de 300 años de Eric Schmidt, todos pueden aprovechar la capacidad de buscar y localizar un libro que ni siquiera sabían que existía (incluyendo Europa).[20] Indudablemente esto ayuda a todas a ahorrarse viajes innecesarios a bibliotecas y librerías. Además ahora permite a los investigadores independientes, formadores de unos 2 millones de niños educados en casa y gente de todo tipo encontrar información que de otra forma quedaría en la oscuridad: les da poder.

Enseñando nuevos trucos a un perro viejo

Aunque no es un fenómeno completamente nuevo,[21] el movimiento por el acceso abierto merece la pena ser explicado como ejemplo de modificación de modelos de negocio para aprovechar las nuevas innovaciones tecnológicas.[22]

En el pasado la inmensa mayoría de las revistas de investigación han usado un modelo basado en la suscripción que era relativamente caro para las personas, una partida que se esperaba que instituciones, empresas y bibliotecas asumieran o subvencionaran.[23] Para evitar esta naturaleza prohibitiva en costes para el acceso a las revistas, organizaciones como la aclamada Public Library of Science, cobran solo al autor los costes de publicación en lugar de a otros usuarios.[24]

La investigación futura sigue siguiendo el proceso de revisión científica por pares, aunque un cambio es que tras la publicación se hace visible inmediata y gratuitamente para el público bajo una licencia de contenido abierto.

Si las condiciones lo permiten, este desarrollo experimental puede fracasar. Sin embargo por ciertas medidas estadísticas/empíricas este esfuerzo podría considerarse un éxito en ciernes si se compara con su competencia.[25] Inaugurada oficialmente en 2003, tras solo 3 meses de existencia, se asignó a PLoS Biology un alto factor de impacto de 13,9 “colocándola por encima de revistas establecidas como EMBO Journal, Current Biology y Proceedings of the National Academy of Sciences. De hecho, en la catergoría ISI de revistas de biología general, PLoS Biology está clasificada como la número 1. En 2004, los artículos de PLoS Biology fueron descargados más de 1 millón de veces”.

Además de proyectos como PLoS, otras alternativas notables incluyen un proceso de revisión abierta en el que los árbitros son conocidos públicamente y se hacen responsables de sus recomendaciones y por qué las aprueban. Aunque es discutible si esto habría impedido o no el reciente fiasco del clonado en Corea del Sur, Jerry Kirkpatrick apunta que la revisión de “código abierto” (un proceso similar a Wikipedia en el que cualquiera puede revisar y criticar una publicación) se ha afianzado en algunos círculos, incluida la distinguida British Medical Journal que ya no usa un sistema de revisión cerrado.

Aunque sigue existiendo el jurado, tanto el acceso abierto como la revisión abierta tienen potencial para rebajar los costes y eliminar completamente otra barrera para la participación académica, tanto profesional como amateur.

¿Qué es un ranking de universidades?

¿Qué hace a esto remotamente válido? ¿Cómo podemos clasificar instituciones heterogéneas y distintas? Una calificación media de 3,8 en una universidad no es en absoluto comparable a un 3,8 en otra. Cada instructor tiene su propia evaluación subjetiva del estudiante, el trabajo del curso es distinto en cada departamento en cada institución, los recursos disponibles para los estudiantes son diferentes, la dinámica y diversidad del alumnado es diferente, así que ¿cómo pueden sumarse y no digamos cuantificarse objetivamente?

En un vano intento de mostrar transparencia y una legitimidad imparcial, se usan tanto letras como números para cuantificar la evaluación del estudiante. ¿Puede el 93 que recibiste como nota final en inglés del Profesor Smith en 1991 en una pequeña academia rural ser valorado como legítimamente igual frente a otros alumnos con distintos profesores en una escuela urbana sustancialmente más grande años después? La metodología de escala se ve como mínimo perjudicada por el hecho de que no puedes usar un sistema de agregación de intervalos evaluado subjetivamente para conseguir un buen número redondo.

La acreditación moderna recuerda a los jueces en las Olimpiadas, rodeados de sofisticación y ocultos tras un velo de criterios superficialmente objetivos. Es literalmente el mismo problema utilizado para calcular cifras con el PIB o los rankings de la BCS.

Parte de la metodología de ranking de los US News & World Reports implica la tabulación y agregación de clasificación por parte de administradores y profesores en instituciones pares. Por ejemplo, la típica escala Likert utiliza un sistema de puntuación de 1 a 5 (1 para lo peor, 5 para lo mejor). Cada encuestado tiene sus propias preferencias actitudinales, que son subjetivas y están relacionadas con su propio sistema interno de clasificación. Por tanto es insensato y equívoco intentar sumar todas las opiniones subjetivas de los encuestados sobre qué helado es el más rico. ¿Son las galletas Crimson Tide con crema? ¿Qué pasa con los la naranja de los Hokies? ¿Puede alguien olvidar la delicia de galleta de Knute Rockne?

Hace varios años, The Washington Monthly publicó un estudio, encargado originalmente por US News & World Report, que criticaba la nebulosa metodología utilizada para crear la jerarquía de los rankings. Encontraban problemas similares a tratar de clasificar distintos programas universitarios debido a sus siempre distintos objetivos, que incluían “educación en artes liberales; preparación vocacional; preparación pre-profesional e investigadora; socialización de clases medias y servicio y desarrollo de liderazgo”.[26]

Pedigrí, el sello dorado de la aprobación

Hace pocos meses, The New Yorker publicaba un artículo que detallaba “la lógica social de las admisiones en la Ivy League”. El autor ofrecía evidencias[27] de esta hipótesis del valor de marca (que se corresponde directamente con el estatus): es el proceso de selección el que constituye el centro de la propuesta de valor de la universidad de élite. Instituciones como Harvard funcionan usando un método de cuadro de mando integral para maximizar su dotación,[28] agenda de contactos (por ejemplo, seleccionar alumnos que tengan una gran probabilidad de tener éxito financiero y contribuir al valor de marca), percepción de marca (por ejemplo, invirtiendo el profesorado y personal que contribuya al valor de marca por encima de la formación) y ventaja comparativa (por ejemplo, la formación real que se diferencia principalmente en marca, admisiones y obtención de fondos).

¿Cuánto vale un título? Lo crean o no hay un mercado de nombres de universidades, como lo hay de zapatos, automóviles y ropa. La acreditación estatal actúa como el sello dorado moderno de aprobación. Cada institución es esencialmente una marca, cuyo trabajo interno y diario podría ser idéntico, aunque parezca propio de cara al exterior.[29] Sin embargo, el toque de MKidas puede resultar equivocado en algunos casos, puede no valer un duro.

¿Dónde está el meollo?

Sin duda las ganancias financieras de asistir compensan los costes financieros antes mencionados ¿verdad? Preste atención o no, su cerebro no aprende mediante algún tipo de ósmosis: la experiencia práctica no puede reproducirse en un aula. Por ejemplo, fijémonos en las escuelas de negocios.[30]

El enlace con la universidad contemporánea proviene de un polémico estudio respecto de la valor de obtener un MBA. Pfeffer y Fong descubrían, tras analizar el equivalente a 40 años de investigación, que los graduados con un MBA ganaban poco o nada más comparados con lo que no lo tenían.[31] De hecho, encontraron varios ejemplos de lo contrario. En ese sentido, Gary North sugiere que la educación superior (y las escuelas de MBA en particular) se han convertido en nada más que un funcionariado mandarín burocratizado del pasado, que añade poco o ningún valor a quienes se matriculan en ella.

Pfeffer y Fong también descubrían que no solo muchas escuelas de negocios usan los mismos libros de texto y métodos de formación (por ejemplo, estudios de casos), sino que “los graduados de los programas más competitivos y elitistas consiguieran los mejores salarios es poco sorprendente ya que esa gente”[32] esencialmente se ajustaba al pilar de la perspectivo del cliente incluido en la posición del método de cuadro de mando integral, “se seleccionaba por sus programas basándose en sus capacidades y credenciales muy por encima de la media”.[33]

Un ejemplo de un uso erróneo del método de estudio de caso es el siguiente. Un grupo de investigadores realizó un estudio[34] de alumnos de escuelas de negocios en su último año que tenía una edad media de 21 años. Después de ser divididos en tres grupos al azar los estudiantes jugaron individualmente a una simulación informática en la que se convertían en directores generales de una empresa de telefonía móvil durante 13 años. Los primeros ocho años estaban predeterminados para corresponder a una cobertura regional histórica y luego los cinco restantes a una nacional a través de una desregulación de la industria, de todo lo cual se informaba a los participantes a través de mensajes informáticos. El rendimiento se medía basándose en la porción de mercado y a cada estudiante se le daban créditos de curso por completar el experimento.

Esto está completamente fuera del mundo real. Un director general de una empresa de telecomunicaciones no se sienta todo el día delante de un terminal informático recibiendo mensajes estandarizados de una entidad omnisciente acerca de cambios en el sector que se producirán en el futuro. Además, ninguno de los estudiantes tiene que sufrir ninguna de las consecuencias que causen sus acciones. No tienen que preocuparse de cuentas por pagar, investigación y desarrollo, publicidad,[35] gestión de sistemas informáticos, regulaciones estatales y una gran variedad de asuntos, que van de lo más trivial y mundano (por ejemplo, encabezamientos notariales) a otros mucho mayores, como la solvencia. Tampoco tienen que ir a casa al final del día y explicar a sus amigos y familias cómo sus decisiones pueden haber hecho quebrar una empresa y afectar de forma adversa a las vidas de miles de empleados.

Aunque este fuera un proyecto de investigación que pueda replicarse realmente una y otra vez, las conclusiones obtenidas por el estudio no pueden transferirse realistamente a generalizar el comportamiento de un director de una empresa de telecomunicaciones en el mundo real. Si quieres saber cómo habría reaccionado un director con los factores XYZ, observa como maneja un director los factores XYZ. Estudiar a alumnos universitarios de veintiún años de edad que tienen poco que perder no es una medición apropiada de la actividad de los directores generales.

Pfeffer y Fong realizaban una crítica similar a su método de estudio de casos: “los estudiantes aprenden a hablar de negocios, pero no está claro que aprendan de negocios”.[36] No son los únicos académicos en creer también esto, como apuntan Mintzberg y Lampell “desgraciadamente no puedes replicar la verdadera dirección en el aula. El caso de estudio es un ejemplo: A los estudiantes con poca o ninguna experiencia de dirección se les presentan 20 páginas sobre una empresa que no conocen y se les dice que se pronuncien sobre su estrategia el día siguiente”.[37] De hecho el frecuentemente citado gurú de la gestión Peter Drucker[38] y Mises[39] mostraban escrúpulos similares con la educación empresarial en general y la formación de emprendedores en particular.

Títulos en línea y educación a distancia

 El ejemplo de este movimiento es la Universidad de Phoenix. Esta acreditada institución es la cruz de la existencia para algunos participantes en el establishment, a saber, los profesores fijos que creen que el ánimo de lucro diluye la investigación pura y trata injustamente a la educación como un producto. Sin embargo, antes de fundar la Universidad, el propio John Sperling[40] era profesor en la Universidad de San José (SJSU). Después de dejar la docencia y fundar la Universidad, en una entrevista en Fortune hace varios años se le contaba lo que decía uno de sus antiguos colegas en las SJSU: “John Sperling representa algo horrible en la educación estadounidense” y “Le tengo un tremendo asco y en un mundo justo estaría en la cárcel”.

Comparen esto con una crítica relativamente ponderada de Gary Berg, decano de estudios avanzados en la California State University Channel Islands, quien realmente acudió a una clase de principio a fin para ver cómo era. Encontró que en realidad tenía varias debilidades, como “su baja reputación académica, facultad, educación general y mantenimiento de la calidad al tiempo que crece a un ritmo rápido”. A pesar de estas dudas[41], no amenaza a John Sperling con mandarlo a prisión ni le maldice para toda la eternidad.

La Universidad de Phoenix no está sola en su búsqueda por cumplir con las necesidades de los clientes en todo el mundo. The Teaching Company, Thinkwell, ALEKS, EPGY de Stanford, CTY de Johns Hopkins, la lista de servicios disponibles para niños y adolescentes crece continuamente, debido en parte a un sistema de escuelas públicas que tiene la cabeza atrapada en el siglo XIX.

De hecho no escasean los programas de instituciones acreditadas también de educación superior. Stanford, USC, Pepperdine, UCLA, New Jersey Institute of Technology, University of Hawaii, Florida State, University of Illinois, Rochester Institute of Technology, incluso la prestigiosa Open University en el Reino Unido, todas tienen programas de educación universitarios en línea y a distancia.[42] Y debido a las presiones del Mercado, tal vez anginas de estas mismas instituciones se verán obligada a convertirse al “ánimo de lucro” al hacerse la pregunta: ¿cuál es en este caso la diferencia entre con y sin ánimo de lucro? Por tanto si los argumentos de la academia fueron inicialmente contrarios a la educación no residencial (es decir, a distancia o en línea) o a cobrar un precio por un curso o a planes de grado adaptados y ajustados, o el acceso a revistas, ¿qué queda por mancillar?

Piense distinto, deje que pruebe la antigua universidad

Tal vez no sea hoy , tal vez no sea mañana, pero un día puede que usted acabe demandando que un curso en una universidad pública ofrezca una garantía de satisfacción al 100%, un servicio con una sonrisa. ¿Dónde está ubicado el departamento de servicio al cliente en las instituciones tradicionales? ¿Junto a la oficina del tesorero? ¿Dónde puedes presentar formalmente quejas o dejar sugerencias y recomendaciones sabiendo que tu posición como cliente es realmente valorada? Aunque es cierto que no hay escasez de fábricas de diplomas, la responsabilidad de la educación a distancia o caminos no tradicionales como programas en línea (o incluso no acudir) puede juiciosamente ser objeto de burla.

No importa qué moderna tecnología pueda incorporarse a nuestras vidas o qué medio de formación se use, tal vez la más audaz declaración de aceptación del cambio venga de nuevo de Peter Drucker, “La educación ya no puede seguir siendo propiedad única del estado”. Y no lo será.

 

 

Tim Swanson es licenciado en la Universidad de Texas A&M y actualmente vive en China.

Le gustaría dar las gracias a DJC|TANSTAAFL por sus comentarios y sugerencias.



[1] Hablando filosóficamente, no hay una “delgada línea” o “área gris” entre el tipo de formación del que uno debería o no obtener un beneficio económico: la formación educativa y la instrucción pedagógica no son inmunes a las leyes de la escasez económica. El conocimiento y la información pueden ser también productos.

[2] Aunque esto no signifique decir que los departamento de estudios estén compuesto completamente de improductivos autoodios existenciales y divagaciones cubistas… igual que la NASA puede ser estado de bienestar para ingenieros y la NEA para artistas, la plaza permanente puede ser estado de bienestar para los profesores. Ver asimismo “Free market business reform” en Catallarchy.

[3] Peter Drucker, I got my degree through E-mail, Forbes, 16 de junio de 1997.

[4] “En treinta años los campus de las grandes universidades serán reliquias. Las universidades no sobrevivirán. Es un cambio tan grande como cuando tuvimos el libro impreso por primera vez. ¿Se dan cuenta de que el coste de la educación superior ha subido tan rápidamente como los costes de la sanidad? Y para las familias de clase media, la educación universitaria de sus hijos es tan necesaria como su atención sanitaria: sin ella los chicos no tienen futuro. Esos gastos completamente incontrolables, sin ninguna mejora visible n en el contenido ni en la calidad de la educación, significan que el sistema se está haciendo rápidamente insostenible. La educación superior está en una profunda crisis”. Peter Drucker, Seeing things as they really are, Forbes, 10 de marzo de 1997.

[5] At Public Universities, Warnings of Privatization”, Sam Dillon, 16 de octubre de 2005, New York Times.

[6] Fijándose en lo evidentemente obvio sin remilgos, The Onion puede no ser un periódico muy citado de impacto entre los expertos letrados, sin embargo por citar a Mark Twain “la verdad es más rara que la ficción, pero es porque la ficción está obligada a ajustarse a las posibilidades, la verdad no”. Más que cualquier otra referencia en este artículo, nada es más presciente que University Implicated In Checks-For-Degrees Scheme.

[7] El diseño organizativo de muchas universidades se ve a veces emasculado por luchas de poder político y económico entre administradores (por ejemplo, Presidente, tesorero), facultad, estudiantes, consejo rector, etc. Para disipar los miedos a una ‘tragedia de los comunes’ (por ejemplo, quién es dueño de una propiedad) debe implantarse una jerarquía responsable o responsable de ciertas acciones (es decir, que pueda despedirse). Incluso organizaciones sin ánimo de lucro como el Instituto Mises deben tener objetivos fijados para donantes y participantes para juzgar asuntos de responsabilidad o si no la organización estaría virtualmente sin orientación. Burocracia, de Mises se ocupa de este asunto (las grandes empresas “verticales” pueden también sufrir este mal). Ver asimismo el Principio de Peter.

[8] En un curioso ejemplo de sartén hablando con el cazo, algunas universidades tienen un viejo mantra supuestamente contra la acumulación de riqueza o el beneficio de las inversiones: haz lo que yo digo, no lo que yo hago. Por ejemplo, ¿saben que la Universidad de Columbia y la NYU son los mayores terratenientes de Manhattan (por detrás de la propia ciudad y la Iglesia Católica)? Y acad una tiene asimismo legados por valor de 500 millones de dólares. Así que ¿por qué las empresas “con ánimo de lucro” no pueden poseer también terrenos y adquirir riqueza? Para saber más sobre el tamaño d elos legados, lean el estudio publicado anualmente de la National Association of College and University of Business Officers; cuando escribo esto el último es el de 2003-2004. Respecto de lso costes relativamente altos de asistir (es decir ‘ir a la quiebra por decreto’) ver también “Huge college loans eating up salaries" del Seattle Post-Intelligencer.

[9] Kerr, S. (1999). “Organizational rewards: Practical, cost-neutral alternatives that you may know, but don't practice”. Organizational Dynamics, 28(1), 61-70.  Ver también la teoría de la tecnología disruptiva de Clayton Christensen publicada originalmente en la Harvard Business Review.

[10] Algunos socialistas han detallado este cambio en los acontecimientos; nunca adivinarán qué parte se les derrumba… También aortar un punto interesante como la línea definitiva por la que una institución es pública o privada, aunque la respuesta podría verse en términos de autarquía política, no económica.

[11] Algunas anécdotas interesantes respecto de las revistas de evaluación por pares: el escándalo Sokal, el escándalo Bogdanov y este polémico reportaje del NewScientist. Otro atolladero reciente implica a la revista The Lancet, un fraude que ha generado una revisión del sistema de evaluación por pares en su totalidad.

[12] “No ven que la educación no puede proveer a los alumnos más que el conocimiento de sus profesores. La educación crea discípulos, imitadores y rutinarios, no pioneros de nuevas ideas y genios creativos. Las escuelas no son criaderos de progreso y mejora sino conservatorios de tradición y modos invariables de pensamiento. El marchamo de la mente creativa es que desafía una parte de lo que ha aprendido o al menos añade algo nuevo a ello. Malinterpretamos las proezas del pionero si las reducimos a la instrucción que obtuvo de sus profesores. No importa lo eficiente que pueda ser la formación escolar, solo produciría estancamiento, ortodoxia y rígida pedantería si no hubiera hombres fuera de lo común llegando más allá de la sabiduría de sus tutores”. Ludwig von Mises, Theory and History, Auburn: The Mises Institute, 1985, p. 263. [Publicado en España como Teoría e historia (Madrid: Unión Editorial).

[13] Para consternación de gruñones de todas partes, los métodos de instrucción impopulares (como las prolijas lecciones impersonales) son más un síntoma de limitaciones de tiempo o falta de creatividad y no alguna nefasta conspiración para privar a la humanidad de conocimientos esotéricos.

[14] Para saber más sobre desescolarización lean a Ivan Illich y John Taylor Gatto. Adviertan también la pendiente resbaladiza que implica tratar de definir empíricamente el éxito en términos de qué sistema educativo es el mejor: sería simplemente una batalla de objetivos definidos artificalmente; llegue a sus propias conclusiones a partir de “Literacy of College Graduates Is on Decline”, Lois Romano, Washington Post, 25 de diciembre de 2005. Otra historia relacionada aparece en un artículo de la Associated Press “Study: Most College Students Lack Skills” que señala entre otras cosas que , a pesar de graduarse, muchos estudiantes siguen teniendo dificultades comparando ofertas de tarjetas de crédito y analizando editoriales de periódicos.

[15] Además de contratartrabajo basado en el conocimiento y dirigido a la información para empresas nacionales y extranjeras, un mercado que está siendo descapitalizado de su enseñanza en línea multidiscplinar por la India. Ver también “Unbundling the Corporation” de John Hagel, en The McKinsey Quarterly.

[16] Aquí hay una lista de cursos ofrecidos a través de este cómodo medio también llamado en ingles “learncasting”. Slate publicó recientemente “The Year of the Podcast”, detallando dónde queda el medio en esta situación y a hacia dónde se dirige. Ver también la nueva propuesta “iTunes U” de Apple y una explicación en Forbes de podcasts de Stanford.

[17]  OpenCourseWare incluso publica varios cursos de economía, todos los cuales suspenden lla prueba del algodón de la Escuela de Tiempos Difíciles de Ludwig von Mises.  Pero da lo mismo, lo que cuenta es la intención, después de todo, no todo el mundo es un praxeologista.

[18] Practicando la buena netiqueta, aquí está la mención obligada a la biblioteca digital original, el Proyecto Gutenberg.

[19] Para ver la máquina Kirtas de escaneo de libros en acción, hacer clic en ‘video demo’.

[20] En abril de 2005, varios nacionalistas como Jacques Chirac sugirieron que las acciones de Google invariablemente darán un sesgo al ámbito del material encontrado en línea hacia las variedades anglosajonas, “Los planes de Google han puesto nerviosa a la élite cultural en París, causando el temor de que el lenguaje y las ideas francesas puedan ser arrinconadas en la web mundial, que ya está dominada por el inglés”. Desde septiembre de 2005 Google está también escaneando libros en Europa.

[21] ArXiv.org lleva existiendo unos 15 años. Almacena borradores electrónicos de física, matemáticas, informática y biología.

[22] T. J. Walker, profesor emérito en la Universidad de Florida, ha juntado una lista extensiva de discusiones periodísticas sobre las ramificaciones de las impresiones y publicaciones electrónicas académicas.

[23] Aunque Doug Bandow, del Cato ha estado recientemente en las noticias por impropiedad ética relativa a si contribuciones financiera sesgaban o no sus investigaciones, pregunta “dónde se convierte la línea de escritura legítima en algo peor. ¿Cuándo se convierte en apoyo financiero en control ideológico?” Se pregunta “¿Es ‘`periodismo’ si ayuda a la investigación una fundación cuyos miembros del consejo tienen algún interés en la materia?” Lo mismo podría preguntarse sobre alguna investigación médica, que se ve sujeta a los mismos ataques.

[24] Esto no equivale a decir que la actual estructura de negocio de PLoS sea la mejor o más eficiente forma de operar: es simplemente un ejemplo de cómo la academia podría adoptar innovaciones tecnológicas para ajustarse a regímenes adversos de propiedad intelectual (ver a Kinsella sobre PI). Varias revistas, como Nature, reaccionaron permitiendo a los autores autoarchivar en línea sus publicaciones. Y respecto de la revisión entre pares de código abierto, el economista Tyler Cowen explicaba recientemente este trabajo y aportaba algunos argumentos interesantes contar esta práctica.

[25] En comparación, la reputada revista Science, considerarad como una de las principales revistas del mundo se estima que tiene aproximadamente el mismo número de lectores (alrededor de un millón). Igualmente, Nature, otra revista importante, que lleva imprimiéndose desde 1869 tiene un factor de impacto de 32,182 en 2004.

[26] “Los índices de calidad de las instituciones se realizan habitualmente de acuerdo con los objetivos institucionales. Comparados con hospitales y programas de posgrado, las universidades medias son más heterogéneas en sus objetivos. Los objetivos pueden incluir: educación en artes liberales; preparación vocacional; preparación pre-profesional e investigadora; socialización de clases medias y servicio y desarrollo de liderazgo. También hay mezclas variadas de objetivos entre instituciones. En las grandes instituciones hay una variación considerable dentro de ellas, por ejemplo, entre distintas unidades (“colegios”). La gran variación tanto fuera como dentro de las instituciones hace muy difícil obtener un consenso sobre criterios de calidad o medidas para programas universitarios en general o incluso para grupos de universidades que podrían parecer similares. Comparadas con los hospitales hay asimismo una penuria de datos comparables disponibles públicamente en instituciones postsecundarias que estén actualizados, por lo que se necesita más fiabilidad en los datos recogidos directamente de las escuelas”. The Washington Monthly, “The NORC Report on U.S News and World Report”.

[27] “Los sociólogos distinguen entre lo que se conoce como efectos de tratamiento y efectos de selección. Por ejemplo, los marines es una institución de efectos de tratamiento. No tiene una enorme oficina de admisiones clasificando a los aspirantes de acuerdo con cuatro dimensiones distintas de dureza e inteligencia. Confía en que la experiencia de realizar la formación básica de los marines te convertirá en un soldado formidable. Por el contrario, una agencia de modelos es una institución de efecto de selección. No te haces guapo firmando con una agencia. Firmas con una agencia porque eres guapo”. Malcolm Gladwell, “Getting in, the social logic of Ivy League admissions”. 10 de octubre de 2005, The New Yorker.

[28] ¿Es irracional donar a tu alma mater? Puede alegarse que al devolver puedes de hecho ayudar a aumentar tu propia calidad y reconocimiento de marca a través de porciones financieras del modelo universitario que están “clasificadas” (por ejemplo, comprar más libros para la biblioteca, dotar una cátedra para atraer investigadores “estrella”). Patri Friedman tiene una explicación relacionada con este asunto, asegúrese de leer también los comentarios.

[29] Asegúrense de leer la última parte del ensayo de Arnold Kling en TechCentralStation: “'Economic Man' vs. 'Status Man”', que asimismo explica la clasificación de universidades y la marca.

[30] Para disgusto de todos los administradores de escuelas de negocios, tener simplemente un certificado de aprobación no te cualifica de ninguna manera para gestionar o dirigir las operaciones dentro de una empresa: lo hace la experiencia bonificada. Experiencia que no puede reemplazarse con un libro de texto de definiciones, diapositivas de PowerPoint o simulaciones informáticas.

[31] Pfeffer, J., y Fong, C.T. 2002. The end of business schools: Less success than meets the eye. Academy of Management Learning & Education, 1(1):78-95.

[32] “Una interpretación más directa de estos resultados es que no es la educación en empresas sino las selectividad lo que se evalúa. Como apuntaban Dugan et al., el hecho de que los graduados de los programas más competitivos y elitistas consiguieran los mejores salarios es poco sorprendente ya que esa gente ‘se seleccionaba por sus programas basándose en sus capacidades y credenciales muy por encima de la media’ (1999: 23). Esta interpretación, de que lo que importa son los atributos personales de los asistentes no lo que aprenden al asistir, es coherente con el hecho de que el curso de estudio, e incluso los libros de texto utilizados, son notablemente similares entre escuelas de distintos grados de selectividad, así que es difícil argumentar que haya diferencias importantes en el conocimiento que ofrecen las distintas escuelas. Los estudios realizados por los Educational Testing Services en 1982, así como las investigaciones de Porter y McKibbin (1988) sobre los programas de las escuelas de negocios han destacado que los programas son bastante similares entre ellas”. Ibíd.

[33] Dugan, M. K., Grady, W. R., Payne, B., y Johnson, T. R. 1999. “The benefits of an MBA: A comparison of graduates and nongraduates”. Selections, 1: 18-24.

[34] Seijts, G.H.; Latham, G.P.; Tasa, K.; Latham, B.W. (2004). “Goal setting and goal orientation: an integration of two different yet related literatures”, Academy of Management Journal, 47(2), 227-240.

[35] La empresas con ánimo de lucro no son las únicas entidades que tratan de promocionar susmercancías. En “Those weird College ads" Mike DeBonis, de Slate, detalla numerosos anuncios de campañas empleadas por universidades con programas deportivos para atraer alumnos potenciales a sus campus. Esto también genera otro asunto respecto del papel de los deportes de la universidad y la polémica controversia sobre los deportistas-estudiantes “amateur”. Para más sobre estos asuntos, ver Informe de la Comisión Knight, así como el trabajo de profesor Donald Siegel, “The Union of Athletics With Educational Institutions”.

[36] Pfeffer, J., y Fong, C.T. 2002. “The end of business schools: Less success than meets the eye”.   Academy of Management Learning & Education, 1(1):78-95.

[37] Citado en Pfeffer yFong -- Mintzberg, H. y Lampel, J. 2001. “Matter of degrees: Do MBAs make better CEOs?” Fortune, 19 de febrero de 2001: 244.

[38] “En general, parece como si el educación empresarial ‘integrada’ tienda a hacer a un hombre incapaz de ser un emprendedor al paralizar sus músculos intelectuales, igual que entrenar a solo habilidades técnicas de las escuela de negocios de ayer tendía a hacer incapaz a un hombre al destruir su visión. Cuanto más énfasis s eponga en ‘administración’, ‘organización’ ‘políticas’, ‘análisis’, etc., más énfasis hay en el conocido ‘derecho’ a hacer cosas y en rutinas más que en lo nuevo; en resumen en los aceptado, los seguro, la forma burocrática en lugar de en la forma del que toma riesgos y el innovador”. Nota a pie de página de Ludwig Lachmann sobre Peter Drucker, “The Science of Human Action: Review of Mises”, Economica, New Series, Vol. 18, No. 72. (Nov., 1951), pp. 412-427.

[39] La educación, cualquiera que sean los beneficios que confiera, es la transmisión de las doctrinas y valores tradicionales: es necesariamente conservadora. Produce imitación y rutina, no mejora y progreso. Los innovadores y los genios creativos no pueden criarse en las escuelas. Son precisamente los hombres que desafían lo que la escuela les ha enseñado. Con el fin de tener éxito, un hombre no necesita un título de una escuela de administración de negocios. Estas escuelas enseñan a los subalternos trabajos rutinarios. Sin duda no forman emprendedores. Un emprendedor no puede formarse. Un hombre se convierte en emprendedor al aprovechar una oportunidad y rellenar un hueco. No hace falta ninguna educación especial para mostrar ese buen juicio, previsión y energía”. Ludwig von Mises, Human Action, Cuarta edición deBettina B. Greaves (Irvington: Foundation for Economic Education, 1996), p. 314. [Publicado en España como La acción humana (Madrid: Unión Editorial)].

[40] John Sperling, mostrando sus habilidades emprendedoras, es también un empresario capitalista como se detalla de forma soberbia en la revista Wired, John Sperling Wants You to Live Forever”.

[41] Igual que la Universidad de Phoenix, se informa de que la NYU recibió notas relativamente bajas de instituciones competidoras debido en parte al hecho de que contrata numerosos profesores a tiempo parcial y bajo contrato. Aún así, r4esulta paradójico que la misma facultad adjunta empleara la amenaza de sindicalización en la primavera de 2004 para obtener muchas de las ventajas conferidas a los profesores fijos a tiempo completo. Ver “Letter to the NYU Community Updating the Status of the Negotiations Between the UAW and the University”.

[42] Associated Prees publicó recientemente una historia “Online classes popular on campus as well as off” en la que detallaba un tendencia creciente en la que muchos alumnos de universidades tradicionales (a pesar de vivir en el campus o cerca de él) estaban tomando clases a distancia para completar algunos de sus requisitos de graduación. Entre las razones apuntadas, se incluía la capacidad de evitar potenciales conflictos de tiempo (por ejemplo, con empleos) así como sencillamente no querer tener una clase a las 7 de la mañana. El artículo de AO también cita al The Sloan Consortium, que es una amalgama de “instituciones y organizaciones comprometidas con la educación en línea de calidad”. Entre otras cifra de  interés, de acuerdo con Sloan, “más de 1,9 millones de alumnos estaban estudiando en línea en otoño de 2003” y ese número aumentó a 2,6 millones en 2004. Forbes publicó recientemente un artículo “Colleges on the cutting edge of technology”, detallando los avances en tecnología informática (en concreto inalámbrica) que se habían desarrollado en los campus y ahora permitían a los alumnos ver las lecciones, descargar podcasts y realizar cursos interactivos en línea. Además, en “More undergrads playing hooky when the classes go online”, el Chcago Tribune apuntaba recientemente que la aparición de tecnologías como el podcast ha disminuido en la práctica la asistencia a muchas clases. No sorprende que esto haya causado consternación entre algunos miembros de la facultad que han empezado a retirar material en línea para recuperar la asistencia regular.

Published Mon, Mar 28 2011 8:45 PM by euribe
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