Por Robert P. Murphy. (Publicado el 10 de marzo de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5105.
La agitación política en Oriente Medio subraya uno de los aspectos más profundos de la visión del mundo de Ludwig von Mises: todos los gobiernos se basan en último término en el consentimiento de los gobernados.
Aunque la afirmación suene absurda en un primer momento (¿quién podría argumentar que una dictadura esté sujeta a la voluntad del pueblo?) hay un sentido importante en que es cierta. La idea de Mises tiene ramificaciones para elegir los métodos en la lucha por la libertad y ahora demuestra la importancia crítica de educar a las masas en doctrinas sensatas.
Mises, sobre fuerza e ideología
En su obra magna, La acción humana, Mises explica la conexión entre fuerza e ideología:
Un sistema de gobierno duradero debe descansar en una ideología aceptada por la mayoría. El factor “real”, las “fuerzas reales” que son el fundamento del gobierno y otorgan a los gobernantes el poder de usar la violencia contra grupos minoritarios reticentes son esencialmente ideológicas, morales y espirituales. Los gobernantes que no reconocieron esta principio primario del gobierno y, basándose en supuesta irresistibilidad de sus tropas armadas, desdeñaron el espíritu y las ideas, han acabado siendo derrocados por el ataque de sus adversarios. La interpretación de la fuerza como un factor “real” no dependiente de las ideologías, muy común en muchos libros políticos e históricos, es erróneo. (…)
Quien interprete el poder como un poder “real” o físico a mantener y considere a la acción violenta como el mismo fundamento del gobierno, ve las condiciones desde el estrecho punto de vista de los funcionarios subordinados a cargo de secciones de un ejército o fuerza policial. (…)
Sin embargo las cosas son distintas para el cabeza de gobierno. Debe buscar la preservación de la moral de las fuerzas armadas y la lealtad del resto de la población. Porque esos factores morales son los únicos elementos “reales” de los que depende la continuidad de su dominio. Su poder mengua si la ideología que lo soporta pierde fuerza.
Con esta base, Mises establece más tarde en el libro una conexión entre gobiernos y aprobación de las masas:
El liberalismo [clásico] entiende que los gobernantes, que siempre son una minoría, no pueden en último término permanecer en el cargo si no están apoyados por el consentimiento de la mayoría de los gobernados. Cualquiera que pueda ser el sistema de gobierno, los cimentos sobre los que está construido y descansa son siempre la opinión de los gobernados de que obedecer y ser leal a este gobierno sirve mejor a sus propios intereses que la insurrección y el establecimiento de otro régimen. La mayoría tiene el poder de deshacerse de un gobierno impopular y utiliza este poder siempre que se convence de que su propio bienestar lo requiere.
Incluso los dictadores se apoyan en la ideología
Mucha gente se burla cuando oye por primera vez las afirmaciones de Mises. ¿De verdad hay algún sentido en que un dictador, que suprime violentamente toda oposición, gobierne a través de la fuerza y no del consentimiento?
Aún así el comportamiento real de los dictadores prueba la profunda verdad del análisis de Mises. Por ejemplo, la misma marca de una sociedad cerrada totalitaria es que los medios de comunicación están controlados por el gobierno. Cada grafiti que desafíe al régimen se quita rápidamente, mucho más rápidamente de lo que las autoridades limpiarían algo similar en una sociedad relativamente abierta. Las escuelas sirven de campos de adoctrinamiento, enseñando a la nueva generación las virtudes del régimen. Finalmente el gobernador supremo podría emplear horas cada semana dando prolijos discursos, sin explicar cuántas armas y policías secretos tiene a su disposición, sino por el contrario explicando lo afortunado que es el pueblo de que se preocupe por él un líder tan sabio y benevolente.
Todos estos signos delatores de una dictadura refuerzan la observación de Mises: el régimen solo puede durar si mantiene la ilusión de que es beneficioso para las masas. La mera fuerza física no es suficiente, porque son en definitiva las ideas las que determinan hacia donde deben apuntar sus armas soldados y policías.
Podemos interpretar los acontecimientos en Oriente Medio bajo este prisma. Para entender por qué Mubarak fue derribado relativamente fácil, en contraste con el baño de sangre de Libia, tenemos que hacer más profundo el análisis y preguntarnos por qué Mubarak perdió el apoyo del ejército, mientras que Gaddafi mantuvo la lealtad de una parte un buen número de subordinados dispuestos a matar y morir en su nombre.
Como explicaba Mises, un análisis así de las “políticas del poder” no se refiere principalmente a estadísticas militares sobre fortaleza de las tropas. Por el contrario, el análisis se centraría en las ideologías prevalentes que animen tanto a las fuerzas armadas y la opinión pública en general que se están levantando contra el régimen.
Lecciones para la libertad
Mirando a través de la lente misesiana, hay dos importantes lecciones que podemos obtener de los disturbios en Oriente Medio. Primero, vemos que es posible derrocar a un régimen odiado sin recurrir a una guerra civil. Aunque los comentaristas estadounidenses están discutiendo sobre lo pacíficas que son las masas en Egipto, es innegable que poca gente, ni siquiera hace seis meses, habría predicho que se produciría la implosión de Mubarak tan espontáneamente y con tan poca pérdida de vidas.
La segunda lección es la importancia de tener una ideología sólida, de forma que las masas tengan una visión compartida de cómo funciona una sociedad libre y qué se necesita para mantenerla. Todos en el mundo buscan libertad y a nadie le gusta vivir bajo una dictadura brutal. Pero si los egipcios creen que el éxito histórico de Estados Unidos deriva de sus elecciones periódicas (al contrario que de su relativo respeto por la institución de la propiedad privada) van a tener un rudo despertar.
Ambas lecciones subrayan la importancia crítica de educar para la libertad. Si suciente gente entiende la libertad y retira su consentimiento, un régimen opresivo caerá por su propio peso, como describía tan elocuentemente Étienne de la Boétie.
Aún así para poner algo duradero y superior en el lugar del antiguo régimen, el hombre común debe asimismo saber más que simples lemas como “libertad” y “democracia”. No es necesario que la mayoría tenga formación formal en ciencia política y economía, pero sí lo es que la “sabiduría convencional” es de hecho sabia sobre esos asuntos. Por desgracia, demasiados “luchadores por la libertad” en todo el mundo parecen pensar que el problema de los gobiernos opresivos es las personas concretas en la cumbre, frente a las propias instituciones.
Conclusión
Las instituciones educativas como el Instituto Mises (incluyendo la Academia Mises en línea) han estado siempre educando para la libertad y con Internet su alcance es verdaderamente global. Si la búsqueda humana de la libertad se alcanza alguna vez, un primer paso necesario será promover una ideología sólida.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará Anatomía de la Fed en la Mises Academy este invierno. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young Economist.