La supuesta tendencia constante hacia el progreso

Por Ludwig von Mises (Publicado el 2 de marzo de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4785.

[Extraído del capítulo 16 de Teoría e historia (1957)]

 

Una interpretación filosófica realista de la historia debe abstenerse de cualquier referencia a la noción quimérica de un estado perfecto de los asuntos humanos. La única base desde la que puede empezar una interpretación realista es el hecho de que el hombre, como todos los demás seres vivientes, sigue el impulso de preservar su propia existencia y eliminar, en la medida de lo posible, cualquier incomodidad que sienta. Es desde este punto de vista como juzga la inmensa mayoría de la gente las condiciones bajo las que tiene que vivir. Sería erróneo desdeñar su actitud como materialista en la connotación ética del término.

La búsqueda de todos estos objetivos más nobles que los moralistas oponen con las que consideran meras satisfacciones materiales presupone un cierto grado de bienestar material.

La controversia sobre el origen monogenético o poligenético del homo sapiens es de poca importancia para la historia. Incluso si suponemos que todos los hombres son los descendientes de un grupo de primates, que evolucionaron solos hasta especies humanas, tenemos que tener en cuente el hecho de en una fecha muy temprana la dispersión por la superficie de la tierra rompió esta unidad original en partes más o menos aisladas. Durante miles de años cada una de estas partes vivió su propia vida con poca o ninguna comunicación con otras partes. Fue finalmente el desarrollo de los métodos modernos de mercadotecnia y transporte lo que llevó al fin del aislamiento de los distintos grupos de hombres.

Mantener que la evolución de la humanidad desde sus condiciones originales al estado presente siguió una línea definida es distorsionar los hechos históricos. No hubo uniformidad ni continuidad en la sucesión de acontecimientos históricos. Sigue siendo tolerable aplicar a los cambios históricos las palabras crecimiento y declive, progreso y retroceso, mejora y deterioro, si el historiador o filósofo no pretende arbitrariamente saber cuál tendría que ser el fin del devenir humano. No hay un acuerdo entre la gente sobre un patrón por el que los logros de la civilización puedan considerarse buenos o malos, mejores o peores.

La humanidad es casi unánime en su juicio de los logros materiales de la moderna civilización capitalista. La inmensa mayoría considera como altamente deseable el más alto nivel de vida que asegura esta civilización al hombre medio. Sería difícil descubrir, fuera de pequeño y constantemente menguante grupo de ascetas coherentes, gente que no quiera para sí misma o su familia y amigos el disfrute de la parafernalia material del capitalismo occidental.

Si, desde este punto de vista, la gente dice que “nosotros” hemos progresado más allá de las condiciones de vida de eras anteriores, su juicio de valor está de acuerdo con el de la mayoría. Pero si suponen que lo que llaman progreso es un fenómeno necesario y que en el curso de los acontecimientos prevalece una ley que hace que el progreso en ese sentido continúe eternamente, están completamente equivocados.

Para refutar esta doctrina de una tendencia inherente hacia el progreso que opera automáticamente, por decirlo así, no hay necesidad de referirse a aquellas civilizaciones cuyos periodos de mejora material fueron seguidos por otros de decadencia material o de estancamiento. No hay razón alguna para suponer que una ley de evolución histórica opere necesariamente hacia la mejora de las condiciones materiales o que tendencias que prevalecieron en el pasado reciente continuarán también en el futuro.

Lo que se llama progreso económico es el efecto de una acumulación de bienes de capital que excede al aumento de la población. Si esta tendencia da paso a un estancamiento de más acumulación de capital o a una desacumulación de capital, ya no habrá progreso en este sentido del término.

Incluso los socialistas más intolerantes están de acuerdo en la mejora sin precedentes de las condiciones económicas que se ha producido en los últimos doscientos años es un logro del capitalismo. Es, como mínimo, prematuro suponer que la tendencia hacia una mejora económica progresiva continuará bajo una organización económica distinta de la sociedad.

Los defensores del socialismo rechazan como irreflexivo todo lo que la economía ha indicado para demostrar que un sistema socialista, al ser incapaz de establecer cualquier forma de cálculo económico, desintegraría completamente el sistema de producción. Incluso si los socialistas tuvieran razón en su desprecio del análisis económico del socialismo, esto aún no probaría que la tendencia hacia la mejora económica vaya a producirse o pueda hacerlo bajo un régimen socialista.

 

 

Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.

Este artículo está extraído del capítulo 16 de Teoría e historia (1957).

Published Wed, Mar 2 2011 7:01 PM by euribe