Por Jan Iwanik. (Publicado el 18 de febrero de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/5026.
Sospecho que planes de jubilación como el 401(k) estadounidense, las pensiones privadas británicas o los planes abiertos de pensiones (OFE) de Polonia no pueden sobrevivir en una democracia centralizada. Las únicas alternativas son planes no financiados como la seguridad social estadounidense, las pensiones estatales británicas o la Institución de Seguridad Social Polaca (ZUS). Pero esos sistemas llevan naturalmente a un conflicto de intereses entre grupos de edad, de los cuales las generaciones mayores emergen victoriosas. En consecuencia, se forma una gerontocracia interna dentro del sistema democrático. Este nuevo y más opresivo sistema puede resultar más sostenible que la propia democracia.
Los sistemas financiados deben declinar a largo plazo
En la Política de Aristóteles, Libro V, describe la causa de la caída de las democracias que él había conocido:
En las democracias, la causa más potente de una revolución es el carácter sin principios de los líderes populares. A veces producen maliciosas persecuciones contra los dueños de posesiones uno a uno y así les hacen unir fuerzas: pues el temor común hace que cooperen los enemigos más acérrimos. Otras veces incitan abiertamente a las multitudes contra ellos.
Igual que en la antigua Grecia, en un estado de bienestar centralizado la redistribución de la riqueza sigue siendo la fuerza motriz de la política. Por tanto, todos los ahorros están siempre en riego ante el sistema político. Los ahorros de jubilación no son una excepción. Cambios como las recientes reducciones en los planes financiados en Europa del Este o los nuevos impuestos a las pensiones privadas en Reino Unido muestran cómo pueden realizarse las nacionalizaciones de estos recursos.
La presión democrática sobre la redistribución de los ahorros ha transformado a las antiguas democracias en oligarquías y tiranías y por tanto en probablemente suficientemente poderosas como para producir el fin de los sistemas financiados modernos de jubilación… e impedir posteriormente su resurrección. Su transformación permanente en planes no financiados y políticamente controlados concluirá el schumpeteriano proceso de socialización, burocratización y monopolización del mercado de ahorros para la jubilación.
Los sistemas de jubilación no financiados llevan a un conflicto de intereses entre grupos de edad
En los sistemas no financiados, es fácil ver el conflicto de intereses entre grupos de edad: la gente en edad de trabajar se ve obligada a entregar una parte de su renta a la gente jubilada. Estos impuestos significan menos renta para la mayoría de los trabajadores y el desempleo para algunos.
El hecho de que los jóvenes se retirarán en el futuro garantiza que este conflicto de intereses se verá perpetuado de una generación a otra.
Un sistema no financiado beneficia a los pensionistas. Como una vez contribuyeron al sistema y se hicieron dependientes de él, naturalmente se oponen a cualquier reducción en las transferencias transgeneracionales. Como son bien conscientes de su interés de grupo, están condenados a ser eficaces en ejercer presión política.
El segundo grupo que refuerza los sistemas no financiados es la gente cerca de la edad de jubilación. A pesar de seguir teniendo que contribuir, apoyan el sistema con la esperanza de convertirse pronto en beneficiarios. Cuanto más cerca estén de la jubilación, más cerca se alinearán sus intereses políticos con los de los pensionistas.
Las víctimas de este sistema son los jóvenes. Sin embargo, la mayoría ignora el asunto. Son menos efectivos políticamente y sus prioridades están menos centradas. Los jóvenes asimismo normalmente aceptan las normas culturales que les pasaron sus mayores, que se convierten en la racionalización ética de las transferencias transgeneracionales.
De esta forma los mayores resultan victoriosos en el conflicto entre generaciones. Así se crea la gerontocracia democrática. En Estados Unidos, el aumento en financiación federal para programas de apoyo a los mayores (ver el gráfico) es un resultado de este proceso.
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Quienes cuestionan el derecho de la gente mayor a apropiarse de los frutos del trabajo de otros tienen difícil obtener alguna influencia en el proceso político. Simplemente expresar una opinión de que en un sistema no financiado los pensionistas son un grupo parásito resulta inviable si alguien valora su reputación pública.
La gerontocracia no quebrará
Hay quienes dicen que los sistemas no financiados están condenados a la quiebra y que a los futuros pensionistas no se les dejarán medios de supervivencia. Esto pasaría supuestamente porque los sistemas no financiados no acumulan ahorros y todas las contribuciones se gastan inmediatamente.
Aún así gastar no significa necesariamente que las indemnizaciones se agoten en algún momento. Mientras haya alguna gente productiva en la economía, puede ser gravada y los fondos pueden transferirse a las generaciones mayores. La escala de esta transferencia es prácticamente ilimitada (los tipos fiscales pueden ascender al 80%, 90% o 100%). Incluso en un mundo sin fronteras, los jóvenes no tendrían dónde escapar de las crecientes cargas, porque cambios similares se están produciendo en la mayoría de los países occidentales.
Los cambios en la demografía solo significan que los números de pensionistas votantes aumentarán. Esto significa que los sistemas no financiados se fortalecerán en lugar de debilitarse. Incluso si el resultado de este proceso es una sociedad más pobre (lo que es lo más probable), los pensionistas pueden mantenerse relativamente bien.
Gerontocracia: el sistema político más antiguo
La acumulación de capital, conocimiento y conexiones políticas lleva décadas. En consecuencia, el poder político tiende a residir en manos de la gente mayor. La edad media de los secretarios generales de la URSS fue de 62 años, para los monarcas europeos es de 70, para los cardenales católicos romanos con voto 73 y para los senadores de EEUU 62.
A largo plazo, los cambios en los sistemas nacionales de jubilación probablemente refuercen las gerontocracias democráticas en todo el mundo. La gente en edad laboral continuará siendo esclava de los pensionistas. Pero vivir la mitad de una vida como esclavo y la otra como amo no es lo mismo que ser libre.
Jan Iwanik es un actuario de seguros inmobiliarios y de accidentes con experiencia en los mercados americano y europeo de los seguros, actualmente trabajando en Londres. Tiene un doctorado en matemáticas en la Universidad Tecnológica de Wroclaw. Jan ha estado apoyando el trabajo del Instytut Misesa en Polonia.