Por Robert P. Murphy. (Publicado el 6 de julio de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3534.
Christina Romer, presidenta del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Obama, escribió recientemente una oda al gasto en déficit keynesiano como método para curar recesiones severas. Aún así, una simple mirada al paisaje general muestra que la historia keynesiana no tiene sentido.
Romer sobre los “errores de 1937”
A Romer le preocupa que el Presidente Obama ceda a presiones políticas y recorte los esfuerzos de estímulo antes de que la economía haya sanado lo suficiente. Alega que fue el mismo error que cometió Roosevelt después de su (aparente) éxito inicial en batallar contra la Depresión.
La recuperación en los cuatro años después de que Franklin Roosevelt ocupara el cargo en 1933 fue increíblemente rápida. El crecimiento real anual del PIB fue de una media del 9%. El desempleo cayó del 25% al 14%. Aparte de en la segunda guerra mundial, Estados Unidos nunca ha experimentado una crecimiento rápido y sostenido como ése.
Sin embargo ese crecimiento se detuvo por una segunda severa caída en 1937-38, cuando el desempleo aumentó de nuevo al 19% (…) La causa fundamental de esta segunda recesión fue un cambio desafortunado y en buena parte inadvertido a una política fiscal y monetaria contraccionaria. [Los recortes en el gasto y los aumentos de impuestos] redujeron el déficit hasta aproximadamente un 2,5% del PIB, ejerciendo una presión contraccionaria significativa.
En este artículo, no quiero centrarme en las afirmaciones de Romer acerca de la política monetaria. En su lugar, quiero centrarme en su argumento relativo al gasto en déficit y la “depresión dentro de la Depresión” de 1937-38, porque muchos eminentes keynesianos la consideran una prueba blindada del éxito de sus recomendaciones.
Recapitulemos los argumentos keynesianos: Herbert Hoover intento imprudentemente equilibrar el presupuesto y por eso las cosas fueron tan horribles; Krugman nos dice que no nos atrevamos a repetir el error de Hoover. Luego, en los tres primeros años del New Deal, FDR mantuvo grandes déficits y la economía mejoró tremendamente. Pero sin embargo en 1937 FDR se asustó y trató de equilibrar el presupuesto. Esto anuló algunas de las ganancias del New Deal, sumiendo de nuevo a la economía en recesión. La Depresión acabó finalmente con el masivo gasto en déficit de la Segunda Guerra Mundial.
En principio, esta historia keynesiana suena convincente. Después de todo, parece explicar dos cambios bruscos en la tasa de desempleo. ¿Qué más evidencias necesitan los “liquidacionistas” austriacos para darse cuenta del error de sus vías?
Aún así, en un examen más cercano, la historia keynesiana se derrumba. El relato histórico de Romer sólo tiene sentido si tenemos un compromiso a priori con el papel de remedio del gasto en déficit.
Entender la historia fiscal
Pos suerte podemos establecer el debate bastante rápidamente: todos los datos fiscales relevantes están disponibles en una forma cómoda en este sitio. Pero antes de entrar en los números, unas pocas palabras sobre las fechas:
El déficit presupuestario federal se mide de acuerdo con los años fiscales, que tenían entonces fechas de inicio distintas. El año fiscal (AF) 1929 fue del 1 de julio de 1928 al 30 de junio de 1929. Además, entonces los nuevos presidentes tenían que esperar más para su toma de posesión. Hoover ganó las elecciones en noviembre de 1928 y no juró el cargo hasta el 4 de marzo de 1929. En ese momento sólo quedaban cuatro meses para acabar el AF 1929, así que evidentemente Hoover tuvo poco que ver con él. Por eso el AF 1929 debería atribuirse a Calvin Coolidge.
De hecho, los historiadores presidenciales del sitio anterior llegan a atribuir el AF 1930 también a Coolidge, pero creo que su método lleva a algunas clasificaciones poco factibles más tarde. Creo que es más sensato decir que Hoover fue responsables de los AF 1930-1933 y que el AF 1934 fue el primero que deberíamos asociar con FDR y el New Deal.
El déficit de Hoover y el de Roosevelet: ¡Menudo efecto mariposa!
En el primer año en que Hoover y el Congreso se habrían dado cuenta de que el país estaba en problemas serios, aumentaron el gasto público un asombroso 31% (del AF 1931 al AF 1932) y esto ocurrió ¡cuando los ingresos fiscales se hundieron en un 39%! ¿Son estos hechos coherentes con la imagen de Hoover como un firme liquidacionista que están pintando algunos keynesianos modernos?
En todo caso, el último año fiscal de Hoover fue el AF 1933, que fue del 1 de julio de 1932 al 30 de junio de 1933 (Roosevelt había jurado el cargo el 4 de marzo de 1933). El desempleo en 1933 fue de media un 25%. Pero, como nos contaba Romer en la cita anterior, la tasa de desempleo cayó rápidamente una vez que Roosevelt tomó el poder y redobló el gasto.
Aún así miremos el relativamente insignificante aumento en los déficits. En el hoyo del AF 1933, el déficit era de un 4,5% del PIB. En los tres primeros años del New Deal (cuando Romer dice que la economía mostraba el éxito de un –modesto- keynesianismo), el déficit fue de media de un 5,1% del PIB.
¿No es un resultado bastante sutil? Romer y los demás keynesianos están afirmando que el tímido déficit del 4,5% bajo Hoover hizo que la economía se hundiera en la peor depresión de la historia de EEUU, con tasas mensuales de desempleo por encima del 25%. Aún así aumentando la porción del déficit de la economía en solamente 60 puntos básicos, FDR fue capaz de lograr el cambio más espectacular en la historia de EEUU.
¿Puede ser verdad? ¿Tienen realmente sentido esos números? Opino que hay otros factores implicados y que centrarse en el tamaño del déficit público presupuestario para explicar el crecimiento económico es tan útil como centrarse en las ventas de tacos para explicar los porcentajes de bateo en las Grandes Ligas.
El “problema” del fin de la guerra
Como hemos visto antes, la explicación de Romer se basa en una improbable sensibilidad de la economía a los déficits: ir de un déficit del 4,5% del PIB a uno del 5,1% significaría la diferencia entre el desastre y una recuperación impresionante.
Aún así, si Romer pudiera aportar un modelo adecuado para generar ese resultado, debería entonces afrontar el problema opuesto: el gasto público y el déficit se desmoronaron completamente al final de la Segunda Guerra Mundial y aún así la economía se ajustó bastante rápidamente. En concreto, en el AF 1945, el déficit fue del 21,5% del PIB. Aún así, dos años más tarde, ¡el superávit del presupuesto fue del 1,7% del PIB!
Ya que un cambio de sesenta puntos básicos (en un año) significaba tan gran diferencia entre Hoover y Roosevelt, uno pensaría que el cambio de 2.320 puntos básicos (en dos años) generaría una diferencia mucho mayor entre economía bajo Roosevelt y Truman. Aún así, la recesión de la posguerra duró solo ocho meses y la tasa oficial de desempleo del (año natural) 1946 fue de (atentos) un asombroso 3,9%.
Conclusión
Los keynesianos no tienen en qué apoyarse. Suspendamos nuestra incredulidad y consideremos la hipótesis de que la forma de ayudar a una economía deprimida es que los políticos gasten dinero prestado. Aún así, sólo la historia más enrevesada puede ligar los movimientos históricos de los déficits federales con la tasa nacional de desempleo. En su último intento, Christina Romer se centra en acontecimientos de las décadas de 1930 y 1940 que apoyan su teoría, mientras que ignora los acontecimientos que claramente la refutan.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará “Anatomía de la Fed” en la Mises Academy este invierno. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide y The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.