Historia de la ciencia: los wighs se vuelven locos

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 21 de septiembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4713.

[Extraído de una transcripción editada de “Ideology and Theories of History”, la primera en una serie de seis lecciones sobre la historia del pensamiento económico realizada en 1986]

 

La teoría whig de la historia de la ciencia es por supuesto muy similar a la propia teoría wigh de la historia. La teoría whig de la historia de la ciencia fue dominante hasta la década de 1960. (Probablemente siga siendo dominante los libros de texto de los institutos). Dice esencialmente que la ciencia, el crecimiento del conocimiento es una evolución hacia adelante y arriba, paso a paso, del cero hasta ahora.

¿Qué implicaciones tiene esto? Una implicación es que no tenemos que leer una historia de la ciencia si no somos anticuarios. Si eres un físico en 1986, no tiene sentido leer a un físico de 1930, salvo que estés interesado en las condiciones especiales de lo que le ocurrió, no aprenderás nada.

En otras palabras, nunca perderemos ningún conocimiento. La teoría es que a cada paso en el camino, la ciencia verifica pacientemente sus suposiciones y premisas, descarta la que resultan ser inaceptables, falsas, y añade las que son aceptables. Todos están verificando siempre pacientemente sus axiomas, avanzando constantemente. Por tanto, no hay pérdida de conocimiento.

Así que el libre de texto actual incorpora lo mejor de todo desde el año cero al presente. Esa es la teoría, en todo caso. Aquí aparece muy claramente la famosa doctrina de Kuhn, la famosa teoría del paradigma de Thomas Kuhn, de La estructura de las revoluciones científicas. Él produjo una revolución en la historia de la ciencia.

Kuhn ha cosechado muchas críticas por su filosofía de la ciencia, que él afirma que realmente no tiene. Creo que no es interesante como filósofo: es interesante como historiador y sociólogo de la ciencia, preguntándose ¿Cómo se desarrolla realmente la ciencia? Y lo que dice esencialmente es que este paso a paso lineal no funciona. Primero, nadie verifica nunca sus axiomas básicos. Por supuesto, esto es evidentemente cierto. Una vez que se adopta un axioma (o un “paradigma” como dice él, una serie de creencias básicas), la gente simplemente lo aplica. Ahora, aparecen distintos asuntos periféricos o “galimatías”, como él los llama, pero quienquiera que ponga en duda en paradigma básico no es considerado un científico. No es que se le refute, pienso, después de dialogar: se lo tiene merecido.

Esto queda así por un tiempo, hasta que aparecen diversas anomalías hasta que la teoría empieza a fallar ostentosamente en explicar muchas cosas , lo que lleva a una situación de crisis, como él la llama, donde aparece confusión y paradigmas en competencia. Si algún paradigma nuevo puede resolver mejor estos galimatías, empieza a imponerse y establece un nuevo paradigma y se olvida el resto.

Ahora, se ha dicho que dijo que ningún paradigma es mejor que otro. No creo que sea cierto. Pero en todo caso, lo interesante, lo que ocurre aquí, es que perdemos conocimiento. Incluso si este paradigma es mejor que aquél, normalmente se pierden cosas en el camino. Un ejemplo, es por supuesto, el fuego griego. Hasta hace muy poco  no sabíamos qué era el fuego griego. Ahora sabemos que son como lanzallamas, pero sólo lo hemos descubierto cuando inventamos los lanzallamas.

En 1900 nadie sabía que había sido el fuego griego. Otro ejemplo fue, por supuesto, el barniz de los violines de Stradivarius, que nadie puede duplicar, porque nadie puede hacer ninguna prueba, no puede descubrir la composición; en otras palabras, hay fórmulas secretas que se han perdido.

Hay ejemplos patentes y evidentes. Un amigo mío dice en historia de la ciencia que hay ciertas leyes de la óptica del siglo XVIII que hemos olvidado. Sabemos menos de ciertas áreas de la óptica de que sabían en el siglo XVIII. En todo caso, cuando nos referimos a las ciencias sociales y la filosofía, esto es mucho más cierto.

Por cierto, otra cosa que debería decir es que los viejos nunca cambian, normalmente no se cambian a los nuevos paradigmas. Los viejos se aferran a ellos hasta la muerte. La gente que adopta los nuevos paradigmas es la gente joven, licenciados, universitarios, que no están ligados intelectualmente al viejo paradigma.

Un ejemplo famoso es el de Joseph Priestley, el libertario y físico de finales del siglo XVIII que descubrió el oxígeno y rechazó creer que era realmente oxígeno. Estaba tan ligado a la teoría del flogisto que decía que sólo era aire desflogistizado. Rechazaba reconocer la consecuencia de su propia invención, de su propio descubrimiento. Increíble. En todo caso, es algo muy habitual.

Por cierto, por eso, estratégicamente, si eres austriaco no deberías perder tiempo tratando de convertir a Paul Samuelson o Milton Friedman. Esa gente no va a convertirse: están atados a su paradigma. Convertimos a la gente que acaba de llegar, gente nueva, gente que está mirando en la valla. Los licenciados, a esa gente podemos convertirla. No pierdan el tiempo tratando de convertir a Samuelson o a Friedman o a quienes sean las otras gentes del paradigma.

Así que la guerra es por las almas de la gente que llega, por decirlo así. Evidentemente, está bastante claro que en ciencias sociales, economía, filosofía, etc., hay incluso más de esto, porque evidentemente hay menos cosas verificables. Si esto es cierto en la ciencia, la ciencia física, que creo que sí, es aún más cierto en la ciencia social y la economía, donde realmente podemos perder conocimiento muy rápidamente porque podemos reemplazar un buen paradigma por otro malo.

Puede ser difícil hacerlo en física, pero sin duda es muy fácil en filosofía y economía y pensamiento político. Es muy fácil para un nuevo paradigma establecerse por una razón u otra que no tenga nada que ver con su valor real. Podría ser por moda, podría ser por política, podría ser el rey, podría ser enviando a toda la gente del viejo paradigma a la Lubianka, lo que sea.

Así que leer la historia del pensamiento económico (del pensamiento filosófico aún mas) no interesa sólo a historiadores para ver cómo se desarrolló una teoría. Es también de interés para descubrir la verdad, porque alguien en 1850 podría ser mejor que alguien que escriba ahora (por cierto, que normalmente es así) en economía, en filosofía y en lo que sea.

Así que toda la historia del pensamiento se convierte, en las ciencias sociales y la filosofía, en una empresa mucho más atractiva, me parece, que la física. Repito que la filosofía imperante ahora en la historia del pensamiento y de la economía, por volver a ello, la doctrina dominante has sido de nuevo whig, a pesar de que la teoría whig parece ser evidentemente falsa.

En casi todos los libros de texto un distintivo sería éste: Cualquier grupo, hablemos de quien hablemos, cualquier grupo tiene algo positivo para el desarrollo de la economía. Lo que sea, aunque sean completamente contradictorios (un grupo esta evidentemente chiflado) no hay diferencias. No sólo están chiflados, son parte del “magnífico diálogo”. Así que cada grupo ocupa su lugar. De quienquiera que hables: franceses, escolásticos, clasicistas ingleses, austriacos, keynesianos, institucionalistas, todos son grandes tipos. Todos han contribuido en algo a una gran construcción.

El historiador del pensamiento económico que diga esto es “no polémico”, no dogmático, un buen tipo, porque le gusta todo el mundo. Es “tolerante”.

El hecho de que esté equivocado no parece suponer ninguna diferencia.

Me parece que estas historias son casi inútiles. Es verdad que incluso una visión whig puede resumir lo que dice cada grupo, lo que dice cada persona, pero realmente eso no basta. Me parece que el historiador debería ser crítico, debería descubrir, “¿Se equivoca esta persona?” o “¿Hasta que punto se equivoca? ¿Tiene razón? ¿Qué pasa aquí?” Especialmente en economía y filosofía, donde no todo esta preestablecido, donde ahora tenemos el rayo láser y antes sólo teníamos dos palitos para frotar.

Por cierto, probablemente el peor ejemplo de este tipo es la doctrina de Leo Strauss en la historia del pensamiento liberal. Leo Strauss fue un refugiado alemán que vino a la Universidad de Chicago y estableció lo que sólo podría calificarse de un grupo de culto de straussianos, todos muy conscientemente straussianos. “Seguid al maestro en todas las cosas”, etc.

Los straussianos tomaron unos pocos de los que llaman “grandes pensadores” (voy a criticar también eso, el concepto de tomar sólo grandes pensadores), tomaron unos pocos grandes pensadores, seleccionados más o menos arbitrariamente. ¿Cómo sabían que eran grandes pensadores? Buenos, todos dicen que eran grandes. Maquiavelo, Aristóteles, Dewey, quien sea. Hobbes.

Luego dicen: “Como éste es una ran figura, debe haber sido coherente. ¿Por qué tiene que haber sido consistente? Bueno, ¿es un gran pensador? ¿Quién soy yo, un ingenuo profesor, para cuestionar la grandeza de esta persona?” La suposición es que esta persona es un gran pensador.

La mayoría de estos tipos son  muy incoherentes. Se contradicen en cada página. Keynes hacía esto constantemente.

Parece como si se contradijera, dicen los straussianos, pero no podría hacerlo, porque es una gran pensador y por tanto coherente. Así que tenemos que buscar la “coherencia interior profunda”. La coherencia interior profunda equivale casi a la astrología. Es numerología. Strauss diría que si tomas el quinto libro de El príncipe de Maquiavelo y lo comparas con el quinto libro de las Leyes, es la mágica de este número, ves, el cinco, ves las cosas profundas, realmente explica qué está diciendo. Es realmente extravagante.

Los whigs se han vuelto locos. Y realmente piensan con desesperación que todo el mundo es grande y coherente y contribuye a la construcción del pensamiento.

Así que tenemos que darnos cuenta, me parece, de que pasa justamente lo contrario: muchos pensadores son grandes, otros son malos. Algunos desarrollan la verdad, otros se hunden en el error. Por tanto, analizando a los economistas, diferenciando quiénes son éstos, tenemos que preguntarnos: ¿En qué medida tenían razón? ¿En que medida eran malos? ¿En qué medida dirigieron a la economía por un camino equivocado? Etc.

Supuestamente, éste es el defecto del llamado presentismo, en el que atacas a todos por no haber leído La acción humana y atacas a Tomás de Aquino por no haber leído La acción humana. Se llama presentismo. Muy poca gente lo hace. Creo que es un espantajo. No conozco a nadie que realmente lo haga.

El defecto real está en lo opuesto, El defecto real es pensar que todo el mundo es grande y todo el mundo tiene razón en algún sentido. Por parafrasear una de mis citas favoritas de Oscar Wilde, a Miss Prism, en La importancia de llamarse Ernesto, se le pregunta si su novela (ha escrito una novela en tres tomos), si su novela tiene o no un final feliz. Ella se detiene y dice “El bueno acaba felizmente y el malo infelizmente. Así es la ficción”.

Por supuesto, yo diría con Lord Acton que el papel de los historiadores es alabar lo bueno y denunciar lo malo, así debe ser la historia. Acton dice que la musa del historiador no es Clío, la musa griega oficial de la historia, sino Radamante. Decía “La musa es realmente Radamante, el vengador de la sangre inocente”.

Acton continuaba diciendo: “El historiador debe ser un juez, y un juez severo en eso, en las verdades y mentiras de la historia”.

 

 

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo se ha extraído de una transcripción editada de “Ideology and Theories of History”, la primera en una serie de seis lecciones sobre la historia del pensamiento económico realizada en 1986.

Published Tue, Sep 21 2010 6:13 PM by euribe