Por Ryan P. Long. (Publicado el 2 de septiembre de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4685.
Sin final a la vista, la controversia que rodea a la llamada mezquita de la zona cero continúa sacando los peor de todos nosotros. Mientras continúa la polémica, me sorprende el paralelismo entre esta propuesta de mezquita y otro monumento estadounidense establecido en 1996.
Antecedentes
Hace casi 15 años, el Presidente Bill Clinton clasificó una gran cantidad de terreno en Utah como el Monumento Nacional Grand Staircase Escalante. Considerado en buena parte como una estratagema política para ganarse el favor de los ecologistas, la designación de este monumento nacional detuvo de inmediato el desarrollo empresarial en la zona, incluyendo la propuesta de una mina de carbón, y disminuyó la capacidad de Utah de hacer uso de las tierras designadas para contribuir al pago del sistema escolar estatal.
La creación del monumento también suscitó un conflicto entre funcionario del condado y la Oficina Federal de Gestión de Tierras sobre qué autoridad tenía jurisdicción sobre los caminos de tierra del monumento. Esta polémica continúa hoy y es bastante ilustrativa de la frustración que muchos sentimos en el oeste rural de Estados Unidos respecto de las prácticas de la Oficina de Gestión de Tierras y el uso justo de lo que consideramos “nuestra propia tierra”.
No se equivoquen: estos asuntos son conflictos legales sin fácil solución. La polémica sobre la Grand Staircase Escalante está muy viva hoy en Utah, con rancheros y mineros locales aún irritados por lo que consideran una usurpación federal de importantes recursos económicos y con activistas ecologistas locales igual de apasionados en su apoyo al monumento. Sin embargo, debemos parar un momento para advertir que este asunto ya no tiene un lugar en la escena nacional.
Nuestro derecho a resolver localmente los asuntos locales
Una raíz del asunto es la cuestión de por qué el uso de territorio local que muchos estadounidenses no verán jamás en toda su vida se eleva a la escena nacional. En su momento, me recuerdo preguntándome por qué la gente de lugares como California, Chicago, Nueva York y Washington tenían opiniones tan firmes sobre terrenos de los que no sabían nada y en los que no se jugaban nada. Quince años después, sigo sin saberlo. Sin embargo, el Presidente Clinton era capaz de sopesar el deseo nacional de protección medioambiental para resolver un asunto de uso de tierras completamente local.
Mucha gente local pensaba que sus opiniones se veían derrotadas por opiniones lejanas que estaban completamente alejadas de los asuntos locales muy reales que vive la gente de Utah todos los días. Su pregunta sigue sonando hoy igual de cierta que en 1996: ¿Qué peso tiene la “opinión nacional” en relación con los asuntos locales, especialmente en relación son el uso de los terrenos?
Hago hoy esta pregunta porque el asunto fundamental es muy similar hoy en la ciudad de Nueva York. Sometida al voto local, parece prácticamente seguro que la mayoría de los neoyorquinos apoyaría el derecho a existir de la mezquita. En consecuencia, la polémica hoy (como lo fue en Utah hace 15 años) está siendo generada y explotada por una opinión pública nacional sin conexión inmediata con los terrenos en cuestión. ¿Realmente qué relevancia tienen las opiniones de los habitantes de Utah, Arizona, California, Washington, etc. en asuntos de propiedad privada en Nueva York? La respuesta obvia es ninguna, por supuesto.
Y aún así, como antiguo residente de Utah, no puedo evitar sentir que alguna gente en Nueva York se está llevando su merecido por entrometerse en asuntos lejanos de propiedad privada. Aquí hay una lección que deberíamos aprender todos: ¡un día eres quien está determinando qué debería hacer un grupo distante con su propia tierra y al día siguiente bien estar éstos determinando cómo usas tú la tuya!
Es un peligro propio de elevar los asuntos locales a la escena nacional. ¿Qué derecho tiene un neoyorquino a protestar por un debate nacional sobre su mezquita, cuando se dieron tanta prisa en mediar en controversias similares en otros lugares del país?
Obligación cívica y responsabilidad personal
Por si no está claro, vamos darnos un respiro para no equiparnos: El uso de la propiedad privada lo determina su dueño, sujeto a las leyes urbanísticas locales. Esto significa que si un grupo religioso compra terrenos lisa y llanamente con la intención de construir un edificio religioso tienen todo el derecho de hacerlo. En esto, todas las partes están de acuerdo. Así que dejemos de discutir esto.
Aquí opera una confusión sobre el valor del terreno. A saber, si lo que ahora se conoce como “zona cero” se considera terreno sagrado para nuestro país, ¿dónde están nuestros patriotas deseosos de poner su dinero donde gritan? En la selva amazónica, grupos y personas ecologistas y verdes han comprado grandes extensiones de terreno porque, como individuos privados, desean ver intactos esos territorios. En lugar de coaccionar a los lugareños con la maquinaria del gobierno, simplemente (y pacíficamente) compran lo que valoran para que el territorio continúe existiendo en la forma en que prefieren. Si para algunos estadounidenses es importante que la “zona cero” esté libre de monumentos al Islam, bien puede preguntárseles cuanto terreno en Nueva York han adquirido para asegurarse de que exista como monumento patriótico coherente con sus propias preferencias.
Curiosamente, este argumento era igual de fácil de aplicar a los ecologistas en 1996, que decidieron utilizar al gobierno federal como herramienta para determinar el uso de la tierra en lugar de comprar pacíficamente los terrenos y utilizarlos de acuerdo con sus valores.
Es fácil ver la discrepancia entre lo que la gente dice valorar y los valores que realmente está dispuesto a apoyar (por ejemplo, financieramente). Quienes deseen conservar entornos naturales o terrenos sagrados patrióticos son indudablemente libres de ejercitar sus derechos, comprar la propiedad e invertir en los valores que dicen amar. Quienes elijan no ejercer ese derecho no pueden criticar a quienes lo tienen, sin que importe el uso legal al que se acabe dedicando el terreno.
Conclusión
En un mundo ideal, podríamos superar los asuntos supuestamente “polarizados” como este y convivir en una sociedad libre y armónica. En lugar de apresurarnos a condenar un monumento al Islam cerca del antiguo World Trade Centre, los estadounidenses preocupados podrían contribuir financieramente a la erección de un monumento así sabiendo que el eventual terreno refleja sus valores. Quienes estén a cargo del terreno podrían así crear un monumento a la sociedad pacífica, libre y cooperativa que ha sido siempre Estados Unidos.
En el mundo real, los expertos avivan las llamas. Es tentador participar en la polémica, prestando nuestro toque único en un asunto con diversas facetas. Cuando los liberales de izquierdas califican a sus oponentes de intolerantes y los conservadores se convierten enemigos de la propiedad privada, es importante que los libertarios sigan el principio. Está en juego algo más que la propiedad privada y la libertad de culto, uno de los principios más atractivos e importantes del liberalismo clásico: la obligación cívica.
Por supuesto, todos los estadounidenses tienen un derecho al culto que les plazca. Por supuesto, todos los estadounidenses tienen derecho a usar la propiedad privada como les parezca bien. Más allá de visión somera están los más importantes conceptos de poner el dinero donde protestamos si queremos que el terreno se use como queramos y de dejar que la gente se ocupe de sus propios asuntos locales a nivel local.
Ryan P. Long trabaja como economista y consultor para una empresa de investigación de mercados en Ottawa, Canadá. Es autor y coautor de artículos para publicaciones comerciales y revistas de economía, empresa y salud.
Este artículo se publicó por primera vez como “Grand Staircase Escalante and the 'Ground Zero Mosque'”, en el blog de Ryan P. Long, Stationary Waves.