Arte y estado: El alegato por la separación

Por Wendy McElroy. (Publicado el 28 de septiembre de 1999)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/305.

 

El Museo de Arte de Brookling está demandando a la ciudad de Nueva York impedir la amenaza de suspensión de fondos por una exposición de arte en la que en un cuadro la Virgen María tiene encima excrementos de elefante. El alcalde Rudolph Giuliani se siente ofendido. Yo también, pero por una razón distinta. ¿Por qué se cobran impuestos a la gente que trabaja duro para financiar una rabieta escatológica? Y nada menos que una británica, lanzada por un tipo de Manchester llamado Chris Ofili.

Más esencialmente, ¿por qué hay una Dotación Nacional para las Artes (NEA, por sus siglas en inglés) y no una Dotación Nacional para los Fontaneros? El arte es una profesión como cualquier otra. Los artistas que dependen de la subvención del gobierno no expresan nada más que su incapacidad de tener éxito en el mundo real donde tendrían que satisfacer los mismos patrones de competencia en el libre mercado impuestos al resto.

Llega la respuesta: el Arte enriquece la sociedad. Los vulgares Joe y Jane no son competentes como para juzgar el valor artístico y por tanto, funcionan como anclas que hacen que la calidad de la sociedad naufrague. Sólo desviando por la fuerza el dinero que la gente no ilustrada gastaría en otro caso en sus hijos o en placeres irresponsables, como neumáticos para la nieve, puede la “sociedad” protegerse contra su ignorancia.

Son posibles muchas respuestas a esta postura. Estoy a favor de la indignación moral. Me revuelvo contra la arrogancia elitista de quienes hurgan en los bolsillos de los trabajadores y les denigran con el proceso en lugar de ofrecer un humilde “gracias”. Por supuesto, tampoco me satisfaría un “gracias”. Deberían sacar sus manos de los bolsillos de la gente. Quienes creen arte deberían patear la calle para obtener dinero de la misma forma que los demás.

 Recientemente escuché una argumentación intrigante: que la Primer Enmienda prohíbe al gobierno financiar el arte. La Primera Enmienda prohíbe al Congreso dictar leyes que prohíban la libertad de expresión o de religión. Una razón para esta provisión constitucional era el ejemplo de la Iglesia de Inglaterra (el anglicanismo), una religión “establecida” que recibía financiación del estado mientras otras religiones tenían que competir con una gran desventaja. Esto es, la gente tenía que hacer contribuciones voluntarias a ellas con el dinero que les quedaba después de ser gravada por el anglicanismo.

Los Padres Peregrinos huían de este sistema de religión de Estado. Sabían que un “diezmo estatal” para el anglicanismo no era un apoyo por sí mismo a la religión. Era la imposición por la fuerza de una religión sobre todas las demás. Algunas colonias desarrollaron luego sus propias religiones de estado en miniatura, que generaron el mismo problema a distinta escala. La Constitución arregló el problema impidiendo que el gobierno actuara a favor de cualquier Iglesia establecida en particular. Esto otorgaba protección a las religiones minoritarias ante las injustas ventajas que recibía cualquier religión capaz de alinearse con el gobierno.

Se forma similar, necesitamos una separación del Arte y el Estado. La NEA no beneficia al “arte” por sí mismo. Financia la expresión de una persona a costa de otra, y no simplemente del contribuyente. Así que se penaliza así a todo artista que trata de ganarse honradamente la vida a través del mérito. Después de todo, ¿qué arte se financia? Ciertamente, no se hace ninguna votación popular.

En resumen, la NEA es una organización discriminatoria y elitista que está orgullosa de ser intocable para la gente “común” que la financia. Aún así, si el Congreso no puede dictar ninguna ley respecto del establecimiento de la religión, no tiene derecho a proveer financiación para el establecimiento de una tendencia artística. Si no puede prohibir el libre ejercicio de la religión, no debería interferir en el libre ejercicio del arte, dando ventajas fiscales a una forma de expresión sobre otra. Financiar lienzos cubiertos de excrementos es contrario a la Constitución.

Cuando Glen Scott Wright, representante en Londres de Olifi, grita “censura” y compara a Giuliani con un nazi, realmente está protestando por le detención en el flujo de dinero robado a los bolsillos de su cliente. ¿Desde cuándo rechazar la financiación de algo es “censura”? ¿Mi rechazo de comprar el New York Times frente al Washington Post es censura? Sólo abandonando el mundo real y entrando en el reino del arte aprobado por el estado tienen sentido esas acusaciones. El arte y el estado deberían estar separados. Los artistas, como toda la gente en una sociedad libre, deberían buscar benefactores mediante medios voluntarios.

 

 

Wendy McElroy es investigadora adjunta en el Instituto Mises. Vea su sitio web: WendyMcElroy.com, “Un sitio por el feminismo y el anarquismo individualista”.

Published Tue, Aug 24 2010 4:11 PM by euribe

Comments

# Twitter Trackbacks

Thursday, August 26, 2010 7:12 PM by TrackBack