El maquillaje de un presidente

Por Clifford F. Thies. (Publicado el 5 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4589.

 

Clasificar a los presidentes es como un trabajo casero entre la élite intelectual. Todo empezó en 1948, cuando Arthur Schlesinger realizó una encuesta a un pequeño pero cuidadosamente elegido grupo de historiadores para clasificar a los presidentes desde Washington a Franklin Delano Roosevelt; el fin no demasiado sutil era demostrar que éste (FDR) formaba parte del Panteón de Grandes Presidentes.

Más recientemente, el Siena Research Institute ha publicado la última de sus encuestas periódicas a expertos presidenciales. En esta encuesta encontramos a Barack Obama calificado en el Nº 15, uno de los Casi Grandes.

Es verdad que la encuesta de Siena utiliza una fórmula propia para evaluar la grandeza presidencial. Evalúa la capacidad además de los logros, lo que les permite calificar las presidencias de hombres como William H. Garrison y James A. Garfield, que sólo fueron presidentes durante poco tiempo, así como a un presidente como Obama, que sólo recientemente ha accedido al cargo.

Sin embargo algunas de las calificaciones parecen un poco exageradas. Ronald Reagan, que fue durante ocho años gobernador del estado más grande de la nación está calificado muy bajo en experiencia antes de ser presidente, en el Nº 34. Obama, con mucho el presidente con menos experiencia en la historia reciente, esta clasificado más arriba, en el Nº 32.

Lo que es más importante ¿quién debería preocuparse acerca de lo que dice la élite intelectual acerca de los presidentes? Junto con Gary Pecquet, de la Universidad del Centro de Michigan, realicé un análisis estadístico de (a) la clasificación de los presidentes en numerosas encuestas durante los pasados sesenta años y (b) el voto para los candidatos del partido de los presidentes electos.

Descubrimos que los valores implícitos en las calificaciones presidenciales eran prácticamente los contrarios a los del pueblo, expresados en su voto. La gente vota a los candidatos del partido del presidente en el cargo que han evitado la guerra y cuyos periodos en el cargo se han caracterizado por el fuerte crecimiento económico. A la gente realmente no le importan mucho los escándalos políticos o personales. Por el contrario, los intelectuales aman la guerra, no les importa el crecimiento económico y están obsesionados con los escándalos.

Otra cosa que descubrimos Gary y yo es que las calificaciones de los presidentes, después de abandonar el cargo, tienden a empezar bajas y aumentan con el tiempo. Por tanto, puede esperarse que la clasificación muy baja asignada a George W. Bush en la encuesta de Siena recientemente publicada mejore en los próximos años.

Mirando atrás a la primera encuesta, en 1948, la élite intelectual no podía creer que Herbert Hoover, un republicano progresista, o incluso FDR el Grande pudieran ser acusados de contribuir a la profundidad o duración de la Gran Depresión. La culpa, siguen pensando, debe haber sido de Calvin Coolidge, al estar asociado con una economía de libre mercado. En la encuesta de Schlesinger, Coolidge estaba en realidad clasificado más abajo que Hoover.

Esta transformación continuó en las siguientes encuestas durante varias décadas, hasta que la investigación  revisionista de Milton Friedman, Murray Rothbard y Jude Wanniski acabó consiguiendo centrar la atención en los numerosos errores de las administraciones de Hoover y FDR y abandonar la fantástica historia apuntada por John Kenneth Galbraith de que el crash de la bolsa de 1929 fue la causa de todo. De forma parecida, George W. Bush es el cómodo chivo expiatorio  de los actuales problemas de la nación, a pesar de que Bush era un keynesiano (y por tanto, hooveresco).

Respecto de la economía, Obama está clasificado el Nº 17, lo que le pone en la categoría de los Casi Grandes. Por muy asombroso que suene, FDR está colocado el Nº 1. ¿Cómo es que Obama y FDR, presidentes con alto paro y expectativas de derrumbamiento puedan considerarse como que están por encima de la media o incluso el mejor en rendimiento económico? Bajo FDR, el desempleo continuó en dobles dígitos hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando la producción de guerra impulsó el empleo por encima del nivel normal. El empleo en el sector privado sólo volvió a los niveles previos a la depresión en 1946. ¿Cómo podría ser esto lo mejor?

Es porque la élite progresista cree que, sin un gobierno masivo, la economía se habría desmoronado hasta el cero. El gobierno se ve como Atlas sosteniendo al mundo. Lo mismo pasa hoy, cuando la tasa de desempleo, medida por el gobierno, se acerca al 10% y cada vez más gente ya no puede buscar empleo a causa de la desesperación. ¿Qué dice esta administración? Dice que las cosas serían mucho peores sin sus políticas.

¿Y cómo explica la élite intelectual el cambio de la economía bajo Reagan, que pasó del estancamiento de la década de 1970 y el malestar asociado a Carter al “amanecer en América”? Bueno, me encanta que me hagan esta pregunta.

De acuerdo con los expertos presidenciales, fue por Suerte. La élite intelectual coloca a Ronald Reagan bajo en rendimiento económico, el Nº 21, por debajo de Barack Obama. Pero ponen a Reagan en el Nº 3 en Suerte.

 

 

Clifford F. Thies es el titular de la Cátedra Eldon R. Lindsay de Libre Empresa en la Universidad de Shenandoah en Winchester, Virginia.

Published Thu, Aug 5 2010 7:05 PM by euribe