Por Gary Galles. (Publicado el 24 de marzo de 2005)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/1776.
Este año es el bicentenario del nacimiento de Alexis de Tocqueville, uno de los más famosos comentaristas políticos sobre Estados Unidos. Aunque no siempre fue un pensador coherente, entra completamente en la tradición liberal clásica de entender la capacidad de la sociedad de organizarse a sí misma en ausencia de un estado central que la controle. Charles Eliot Norton describió su La democracia en América en dos tomos (1835 y 1840) como “constructiva y no partidista”, cuyo foco en los principios le hizo “objetivamente pro-estadounidense”. El Edinburgh Review la calificó en 1865 “una de las obras más inteligentes del pensamiento moderno”.
Se ha dicho que ha habido más personas interpretando a los Estados Unidos a través de las lentes de La democracia en América que sobre la obra de cualquier otro escritor.
En parte a causa de su título, la mayoría de los lectores se han centrado en su análisis de la democracia. Sin embargo, en muchos sentidos, su foco central era la libertad. Un crítico estadounidense de su tiempo dijo que “el lector estadounidense inteligente no puede encontrar una guía mejor” para entender y preservar la libertad. Como escribió Tocqueville a Henry Reeve, su traductor al inglés, sus críticos “insisten en hacerme un hombre de partido, y no lo soy (…) las únicas pasiones que tengo son el amor a la libertad y la dignidad humana”. Esa pasión moldea su análisis. Como decía Henry Steele Commager, “La libertad debe trabajarse, debe alcanzarse y casi nunca se ha alcanzado en ningún lugar a lo largo de la historia. Requiere autocontrol, autonegación, inteligencia, sagacidad y visión extraordinarios proteger la libertad a la vista de todas las fuerzas que la mitigan y la combaten. Y Tocqueville consideraba a la centralización como la más peligrosa de todas las amenazas a la libertad”.
El bicentenario de Alexis Charles Henri Maurice Clerel, conde de Tocqueville, es un buen momento para repasar las ideas de la libertad en La democracia en América. Esto es hoy especialmente cierto, pues él reconocía que la libertad y la democracia no son la misma cosa, a pesar de la moderna confusión entre ellas. Una más importante es que reconocía que la democracia puede ser enemiga de la libertad y que, de las dos, la libertad es mucho más importante.
- (…) cada uno es el único y mejor juez de su propio interés privado (…) la sociedad no tiene derecho a controlar las acciones de un hombre, salvo que sean perjudiciales para el bienestar común o salvo que el bienestar común demande su ayuda. Esta doctrina es admitida universalmente en Estados Unidos.
- La Revolución de los Estados Unidos fue el resultado de una preferencia por la libertad madura y reflexiva y no un antojo vago o indefinido de independencia.
- Después de todo, me beneficia poco que una autoridad vigilante proteja siempre la tranquilidad de mis placeres y evite constantemente todos los peligros en mi camino, sin que tenga que preocuparme, si esta misma autoridad es el amo absoluto de mi libertad y mi vida (…).
- ¿Cómo puede un pueblo no acostumbrado a la libertad en asuntos pequeños aprender a usarla equilibradamente en los grandes? ¿Qué resistencia puede ofrecerse a la tiranía donde cada individuo es débil (…)?
- (…) la popularidad puede unirse a la hostilidad a los derechos del pueblo, y el secreto esclavo de la tiranía puede ser el amante declarado de la libertad.
- (…) la Constitución Federal (…) repudia de antemano el uso habitual de la fuerza para implantar las decisiones de la mayoría.
- El gran fin de la justicia es sustituir la idea de la violencia por la del derecho y poner una barrera legal entre el gobierno y el uso de la fuerza física.
- (…) la libertad de asociación se ha convertido en una garantía necesaria contra la tiranía de la mayoría. (…) La omnipotencia de la mayoría me parece tan llena de peligros para las repúblicas americanas que los peligrosos medios utilizados para limitarla parecen ser más ventajosos que perjudiciales.
- El privilegio más natural del hombre, después del derecho a actuar por sí mismo, es el de combinar sus esfuerzos con los de sus congéneres y actuar en común con ellos. Por tanto el derecho de asociación me parece casi tan inalienable en su naturaleza como el derecho a la libertad personal. Ningún legislador puede atacarlo sin atacar los fundamentos de la sociedad.
- (…) no hay nada más arduo que el aprendizaje de la libertad (…) generalmente establecida con dificultad en medio de tormentas (…).
- La libertad democrática está lejos de conseguir todos sus objetivos con la habilidad de un diestro despotismo.
- (…) el principal mal de las actuales instituciones democráticas de los Estados Unidos no deriva, como se afirma a menudo (…) de su debilidad, sino de su irresistible fortaleza. No me alarma tanto la excesiva libertad que reina en ese país como las garantías inadecuadas contra la tiranía que uno encuentra allí.
- El único medio de impedir que los hombres se degraden a sí mismos es no investir a nadie con esa autoridad ilimitada que es el método seguro de envilecerlos.
- (…) si, después de haber establecido lo principios generales de gobierno, [la administración centralizada] (…) pudiera descender al círculo de los intereses individuales, la libertad sería desterrada del Nuevo Mundo.
- El anglo-americano confía en el interés personal para alcanzar sus fines y da espacio libre a la fortaleza no guiada y el sentido común de la gente. (…) El instrumento principal (…) es la libertad (…).
- Si se sustituyeran las naciones democráticas por el poder absoluto de una mayoría (…) [los hombres] simplemente habrían descubierto una nueva faz de la servidumbre (…) cuando siento que el brazo del poder pesa en mi frente, me importa poco quien me oprima y no estoy más dispuesto a pasar bajo el yugo porque lo sostengan los brazos de un millón de hombres.
- El gusto que tienen los hombres por la libertad y el que sienten por la igualdad son, de hecho, dos cosas diferentes (…) entre naciones democráticas son dos cosas desiguales.
- (…) la comunidades democráticas tienen un gusto natural por la libertad; dejadas a sí mismas, la buscarán, la apreciarán y verán con lástima cualquier privación de ésta. Pero para la igualdad su pasión es ardiente, insaciable, incesante, invencible; reclaman la igualdad en libertad y, si no pueden obtenerla, siguen pidiendo igualdad en la esclavitud.
- (…) con el fin de combatir los males que puede producir la igualdad, hay sólo un remedio efectivo, que es la libertad política.
- Tan pronto como un gobierno intenta ir más allá de su esfera política (…) ejercita, aunque sea inintencionadamente, una tiranía insoportable (…).
- (…) los hombres poseídos por la pasión por la gratificación física generalmente consideran que la confusión de la libertad molesta a su bienestar antes de descubrir cómo la libertad sirve para promoverlo. Si el más ligero rumor de conmoción pública se entromete en los pequeños placeres de la vida privada, se alarman y levantan. El miedo a la anarquía les persigue perpetuamente y siempre están dispuestos a renunciar a su libertad a la primera perturbación.
- (…) la tranquilidad pública en un gran bien, pero (…) todas las naciones han sido esclavizadas al mantener un buen orden.
- (…) el despotismo de una facción no debe temerse menos que el despotismo de un individuo.
- (…) los estadounidenses creen que su libertad es el mejor instrumento y la más segura salvaguarda de su bienestar (…) que el mejor negocio es garantizarse un gobierno que les permita adquirir las cosas que codician y que no les prive del disfrute pacífico de esas posesiones que ya han adquirido.
- Cualquier ley que (…) tienda a disminuir el espíritu de libertad en la nación y eclipsar la noción de ley y derecho fracasaría en su objetivo.
- (…) nada, salvo el amor y el hábito de la libertad puede mantener una disputa con ventaja con el amor y el hábito del bienestar físico.
- (…) los tipos de opresión que amenazan a las naciones democráticas no se parecen a nada que haya existido antes en el mundo. (…) Sobre esta raza de hombres hay un poder tutelar inmenso, que asume para sí solo garantizar sus placeres y supervisar su destino. Ese poder es absoluto, minucioso, regular, providencial y ligero. Sería como la autoridad de un padre si, como esta autoridad, su objetivo fuera preparar a los hombres para ser adultos, pero busca, por el contrario, mantenerles en una infancia perpetua (…) Para su felicidad, un gobierno así trabaja con disposición, pero elige ser el único agente y el único árbitro de esa felicidad: provee sus seguridad, prevé y cubre sus necesidades, facilita sus placeres, gestiona su principales preocupaciones, dirige su industria, regula el origen de la pobreza y divide sus herencias, ¿qué queda, salvo dejarles toda la ocupación de pensar y todos los problemas de la vida?
- Después de haberse ocupado así de cada miembro de la comunidad con su poder y moldearlo a su antojo, el poder supremo extiende su brazo sobre toda la comunidad. Cubre toda la superficie de la sociedad con una red de pequeñas reglas complicadas, minuciosas y uniformes, a través de las cuales las mentes más originales y los caracteres más enérgicos no pueden penetrar para destacar de la masa. La voluntad del hombre no se destroza, sino que se suaviza, se tuerce y se guía; pocas veces les obliga a actuar, pero constantemente se ven limitados en su actuación. Un poder así no destruye, pero impide existir, no tiraniza, pero comprime, enerva, extingue y atonta a un pueblo hasta que cada nación se reduce a nada más que un rebaño de animales tímidos e industriosos, del que el gobierno es pastor.
- (…) la gente se sacude su estado de dependencia sólo el tiempo necesario para elegir a su amo y luego vuelve a recaer (…) piensan que han hecho suficiente para proteger la libertad individual cuando la han sometido al poder de toda la nación. Esto no me satisface: la naturaleza de quien tengo que obedecer significa menos para mí que el hecho de la obediencia mediante extorsión.
- Por tanto, el despotismo me parece que debería temerse particularmente en tiempos democráticos. Habría amado, me parece, la libertad en cualquier tiempo, pero en el momento en que vivimos estoy dispuesto a adorarla (…) la cuestión es (…) cómo hacer que la libertad proceda de ese estado democrático de la sociedad en que Dios nos ha colocado.
- (…) defender los derechos [de los ciudadanos] contra las invasiones del gobierno asegura las libertades comunes del país.
- Otra tendencia que es extremadamente natural en las naciones democráticas y extremadamente peligrosa es la que les lleva a despreciar e infravalorar los derechos de personas privadas (…) a menudo se sacrifican sin pesar y casi siempre se violan sin remordimiento (…) entre las mismas naciones en las que los hombres conciben un desprecio natural por los derechos de las personas privadas, los derechos de la sociedad en general se extienden y consolidan naturalmente: en otras palabras, los hombres cada vez tienen menos aprecio por los derechos privados, justo cuando es más necesario retener y defender lo poco que les queda. Es por tanto más especialmente en estos actuales tiempos democráticos, que los verdaderos amigos de la libertad y la grandeza del hombre tendrían que estar constantemente alerta para impedir que el poder de gobierno sacrifique lo más mínimo los derechos de los individuos ante la ejecución general de sus designios. En esos momentos, ningún ciudadano es tan oscuro que no sea muy peligroso permitirle que se deje oprimir: ningún derecho privado es tan poco importante como para someterlo con impunidad a los caprichos de un gobierno. La razón es clara: si el derecho privado de un individuo se viola en un momento en que la mente humana está completamente impresa con la importancia y la santidad de dichos derechos, el daño se limita al individuo cuyo derecho se ha infringido, pero violar actualmente un derecho así es corromper profundamente las formas de la nación y poner en riesgo a toda la comunidad, porque la misma idea de este tipo de derecho tiende entre nosotros a verse constantemente obstaculizado y perdido (…) se acude al principio de utilidad pública, se conjura a la doctrina de la necesidad política y los hombres se habitúan a sacrificar sin escrúpulos los intereses privados y entrometerse en los derechos de los individuos con el fin de conseguir más rápidamente cualquier fin público.
- (…) tendemos naturalmente (…) a exagerar la idea deque el interés de un individuo privado tendría siempre que inclinarse hacia el interés de los muchos. Establecer límites extensivos, pero distintivos y fijados, a la acción del gobierno; conferir ciertos derechos a las personas privadas y garantizarles el disfrute sin molestias de esos derechos; permitir al hombre individual las independencia, fortaleza y poder original que mantenga; ponerle a nivel de la sociedad en general y sostenerle en esa posición; éstos me parecen los principales objetivos (…) Así que miremos adelante a futuro con ese saludable temor que hace a los hombres mantener atentos y dispuestos a la libertad (...)
Se ha dicho de Alexis de Tocqueville que “ninguna autoridad sobre Estados Unidos ha igualado su visión profética”. Cuando vemos la precisión de sus ideas respecto de los muchos enfrentamientos que ha habido entre democracia y libertad desde que escribió, resueltos a favor de la determinación política a causa de la errónea imagen de la democracia como el asunto central y más esencial, es difícil discutir esa evaluación.
La voluntad moderna de sacrificar la libertad a la democracia es tal vez la razón más importante por la que merece la pena celebrar el bicentenario de Tocqueville con algo más que una simple consideración de sus ideas. Reconocer la amenaza que la democracia puede suponer para la libertad nunca es más importante que cuando los ciudadanos están dispuestos a dejar rutinariamente que la democracia se imponga a nuestros derechos individuales inalienables contra ese abuso.
Lo esencial de la libertad en el pensamiento de Tocqueville, expresado en La democracia en América, puede encerrarse en dos frases que hace acerca del “interés público” en la libertad: “su negocio principal (…) es seguir siendo sus propios amos”, pero “no guardar fuerte [la libertad] es dejarla escapar”. También pude encontrarse en su otra obra. En Viaje a América decía: “Otro principio de la sociedad americana, que uno siempre debe tener en mente e este: como cada individuo es el mejor juez de su propio interés, la sociedad no debe protegerle demasiado cuidadosamente, y menos debería confiar en ella y así cargar a la sociedad con una tarea que no puede realizar”. Aún más directamente sobre el asunto, en Correspondencia con Gobineau, escribió que “Para mí, las sociedades humanas, como las personas se convierten en algo que merece la pena sólo por su uso de la libertad”. Es un mensaje que puede “no ser ortodoxo” hoy, pero es uno que los estadounidenses necesitan desesperadamente oír.
Gary M. Galles es profesor de economía en la Universidad de Pepperdine.