La explotación de los empresarios

Por Aaron Smith. (Publicado el 18 de junio de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/4483.

 

En nuestra sociedad victimista, se echa la culpa a los empresarios de muchas de las penurias que dañan nuestra economía. Ya sea por los precios altos, los salarios bajos o las deficientes condiciones económicas, a menudo se les acusa de explotación en su búsqueda de beneficios.

Sin embargo, las víctimas reales en nuestra economía normalmente no son los trabajadores que firman voluntariamente contratos para vender su trabajo, ni los consumidores que compran voluntariamente productos y servicios, sino más bien los empresarios que se ven sujetos involuntariamente a la mano no tan invisible de nuestros cuidadores públicos. De alguna forma, parece completamente razonable explotar abiertamente los recursos de los empresarios para evitar la explotación potencial de cualquier otro.

Muy a menudo, los legisladores obtienen apoyo popular por medidas que explotan a los empresarios citando datos claramente alarmantes: Exxon Mobile ganó 45.200 millones de dólares en beneficios en 2008, cuando los precios de la gasolina llegaron a 4$, ¡estaban subiendo los precios! El beneficio medio de las empresas Fortune 500 en 2009 fue de 9,25 millones de dólares, y aún así pagaban a los trabajadores no cualificados sólo 7,25$, ¡el salario mínimo es demasiado bajo!

Aunque hacer estos razonamientos ilógicos no le daría ni un punto de análisis de textos a quien se examine de selectividad, sí ayuda a los legisladores que se aprueben leyes en el Congreso.

Una víctima reciente de la cruzada contra los emprendedores en la Samoa Americana, donde en 2007 el Congreso dictó un aumento del 61% de su salario mínimo como parte de la Ley de Salario Mínimo Justo, a pesar de los fuertes ruegos en contrario en la isla de 65.000 habitantes. Como informó recientemente el Wall Street Journal, StarKist, una de las empresas más grandes de Samoa reducirá su mano de obra samoana en un 60% para 2011, lo que se atribuye directamente al nuevo mínimo salarial. Por desgracia, no son los únicos en disminuir el tamaño en Samoa; Chicken of the Sea cerró sus operaciones el pasado septiembre, mandando al paro a más de 2.000 samoanos más.

La flagrante despreocupación por el mercado ha creado el caos entre la mano de obra samoano. Sin embargo, el salario mínimo tiene también graves consecuencias para los emprendedores: los negocios que no se han creado, los proyectos no iniciados y la productividad perdida generada por la Ley de Salario Mínimo Justo son simplemente incuantificables.

A pesar de todo, los defensores del salario mínimo argumentan que son necesarios los mínimos salariales para garantizar un nivel de vida “justo” para todos; sin embargo es incoherente denunciar los efectos de los salarios bajos para los empleados sin condenar igualmente los efectos de salarios altos para los empresarios. Después de todo ¿no son los luchadores empresarios los que no saben si sobrevivirán de una semana para otra? Estimaciones conservadoras muestran que sólo un 50% de los nuevos negocios sobreviven cinco años o más. Por tanto, es lógico que los defensores del salario mínimo también apoyen un salario máximo.

Pensemos en el mercado de los cirujanos cardiovasculares. Está claro que un campo tan altamente especializado requiere un gran cantidad de educación y habilidad. Hay muchos dispuestos a comprar y un número limitado de vendedores, lo que eleva el salario anual medio por encima de los 440.000$. Al pedir salarios aparentemente “excesivos”, ¿no están los doctores explotando a los empresarios? Después de todo, una análisis reciente de los datos del gobierno por Thomson Reuters mostraba que el 50% de los hospitales de la nación estaban perdiendo dinero. ¿No debería intervenir el gobierno y reclamar a que los doctores ofrezcan sus servicios por lo que el estado estime que es un precio justo?

El dinero ahorrado al limitar estos salarios podría usarse para pagar mejores sueldos a trabajadores menos habilidosos, como administrativos y limpiadoras, o mejor aún, los fondos que sobren podrían devolverse a los pacientes para rebajar el coste de sus facturas médicas. En el reino de la imaginación, no hay límites para el altruismo.

Los precios mínimos y máximos son las dos caras de la misma moneda; ambos son económicamente irracionales y moralmente injustos. En la práctica, el salario mínimo sólo sirve para explotar a los empresarios indicándoles cómo pueden asignar sus recursos privados, igual que el salario máximo explotaría a los empleados restringiendo el valor de su trabajo.

Por desgracia, regular los gastos de los empresarios no es suficiente para el gobierno, pues igualmente pretenden regular los ingresos. En medio de dos guerras, una recesión y un debate generalizado sobre la inmigración ilegal, los senadores demócratas Mary Landrieu y Ben Cardin están proponiendo un ley para eliminar tasas de equipajes como las que Spirit Airlines empezarán a cobrar en agosto, afirmando que no debería cobrarse a los consumidores por transportar objetos esenciales. Su afirmación es absurda.

Generalmente, las tasas de uso como estas por el equipaje están asociadas con actividades que aumentan los gastos variables de empresas, como el consumo marginal de un producto concreto o aumentos de servicio, como ocurre con en que incurren los empresarios. Las tasas de uso son simplemente un mecanismo para ajustar precios basándose en lo que consume un cliente. Quienes consuman más, pagarán más; quines consuman menos, pagarán menos. Ese sistema es a la vez eficiente y equitativo.

Las tasas de equipajes, incluyendo las que son objeto del Acta de Gratuidad de Tasas de Equipaje, sirven para cobrar a los pasajeros por consumir recursos escasos como espacio en cabina, espacio de carga y combustible, todo lo cual aumenta los precios. Si los legisladores eliminaran estas tasas, las aerolíneas seguirían teniendo que recuperar los gastos realizados, así que probablemente se elevaría el precio de los billetes. Sin embargo, en este escenario, los costes anteriores se cargarían a todos los pasajeros, independientemente de la cantidad de recurso escaso que consuman. Un sistema así es al tiempo ineficiente y no equitativo.

Al indicar a las aerolíneas qué pueden cobrar por tasas de equipaje, los legisladores les estarían explotando con evidente beneficio para sus electores. Sin embargo, esta absurda regulación tendría poco impacto en lo que realmente pagan los consumidores. Los consumidores están mejor simplemente incluyendo por anticipado tasas como parte de sus cálculos económicos y decisiones de compra.

Conclusión

Los generadores de riqueza en nuestra economía, los empresarios, se ven explotados a menudo por los destructores de riqueza, los funcionarios. Tristemente, la Ley Federal de Salario Mínimo de 2007 y la propuesta de Acta de Gratuidad de Tasas de Equipaje no son sino dos de una miríada de ejemplos de cómo los legisladores explotan a los negocios privados en nombre de la protección de sus electores. Lo único que están realmente protegiendo, sin embargo, son sus asientos en el Congreso.

 

 

Aaron Smith es director de gestión del conocimiento  de las Escuelas Públicas YES Prep en  Houston, Texas. También es miembro de la Houston Area Liberty Campaign.

Published Fri, Jun 18 2010 11:26 PM by euribe