La generación perdida de España

Por Jaime Levy Moreno (Publicado el 1 de junio de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4430.

 

En las dos últimas décadas en la Europa mediterránea, y especialmente en España, ha aparecido un nuevo grupo social, llamados los jóvenes (en español en el original). Los miembros de este grupo muestran varias características específicas. Primero, los jóvenes son normalmente hombres, de entre 25 y 35 años, aunque algunos están sus 40. Segundo, están en una situación perpetua entre la graduación y su primer trabajo. Tercero, normalmente viven con sus padres para ahorrar dinero, lo que les permite salir al menos tres veces por semana. Cuarto, a veces consiguen un trabajo a tiempo parcial, aunque sólo sea por la presión de sus padres. Último y más importante, reciben beneficios por el desempleo y renuevan su permanencia en la “lista del paro” de vez en cuando, de forma que las subvenciones estatales no desaparezcan durante su “hibernación” temporal.

Sería muy injusto echarles toda la culpa por su falta de iniciativa. Desempeñan una parte esencial en lo que se llama la “generación de Atlas”. Tienen el peso del mundo sobre sus hombros y van a ser los que se encarguen de pagar los pecados económicos de sus padres. Es importante analizar las razones por las que ha aparecido este grupo social, cuál es la situación en este momento y cuáles serán las consecuencias de este fenómeno en el futuro.

Durante los últimos diez años, y especialmente desde que empezó la reciente crisis financiera, el desempleo en España a aumentado astronómicamente, llegando a un registro en torno al 20%. Por supuesto, éste no incluye a los miles de inmigrantes ilegales, que no aparecen en las estadísticas públicas oficiales.

Aparte del gran número de desempleados, otro grupo significativo de personas trabaja en empleos a tiempo parcial con “contratos basura” o salarios muy bajos. A los miembros de este grupo se les llama mileuristas (que ganan sólo 1.000€ al mes). Este grupo está por encima de los jóvenes en la pirámide social. Los mileuristas normalmente viven con sus padres y sueñan con acabar siendo económicamente autosuficientes, o viven en apartamentos baratos alquilados financiados con dinero público, que viene directamente de los bolsillos de los contribuyentes.

Finalmente, encontramos un grupo más pequeño en lo alto de la pirámide. Este grupo esta formado tanto por unos pocos afortunados como, en ciertos casos, por jóvenes muy trabajadores y generalmente brillantes. Este grupo tiene sueldos muy decentes (normalmente un salario base mensual de alrededor de 2.000€) y son los hijos de las familias acomodadas que normalmente reciben una educación privada de mayor o menos calidad alta. Acaban empleados en los negocios familiares o en alguna empresa con la que tienen contactos sus padres o familiares.

Fuera de esta pirámide también encontramos un grupo de gente que decide estudiar una oposición (examen de estado) con el fin de trabajar en la administración. Dependiendo de la complejidad de su formación y su éxito en el examen, acabarán trabajando por primera vez entre los 26 y los 35 años y ganar decentemente o incluso bien durante el resto de sus vidas.

También es muy importante prestar especial atención al número de años en que se llama “estudiantes” a la gente en España. La calidad de un graduado universitario se ha devaluado en años recientes hasta el punto de que a un empresario ya no le impresiona un título medio en una entrevista de trabajo. Consecuentemente, se demanda al menos una maestría o algún tipo de especialización postuniversitaria acompañado del conocimiento de al menos tres lenguajes. Por supuesto, esto significa más años como estudiante y, para los más privilegiados, un año o dos viviendo y aprendido idiomas en el extranjero.

No hace mucho tiempo, en España era un honor tener un título universitario e incluso era más prestigioso un doctorado, que sólo unos pocos podían obtener debido al coste y duro trabajo que suponía. Ahora es casi gratuito estudiar en una universidad pública española. Esto se considera un gran logro que da oportunidades a la gente de clases más bajas, que a veces acaba formando parte del grupo de “jóvenes muy trabajadores y generalmente brillantes”. Pero, para ser sinceros, este grupo es bastante pequeño. El esfuerzo por hacer más fácil ser estudiante en principalmente una forma por la que el gobierno rebaja la tasa de desempleo.

Con el fin de explicar por qué es tan difícil para los graduados recientes obtener un trabajo decente en España, es importante conocer que los costes laborales son muy altos para los empresarios: una consecuencia de leyes estrictas que protegen a los trabajadores. Cuatro semanas de vacaciones anuales es un mínimo obligatorio. Un salario mínimo artificialmente alto pone un suelo bajo la oferta y la demanda de trabajadores, creando un desequilibrio devastador. Esto significa que hay una enorme demanda de empleos y pocos deseos por parte de los empresarios de cubrirla.

Otras razones de la falta de ofertas de empleo en España incluyen el excesivo finiquito (en español en el original), la paga final a la que tiene derecho un trabajador bajo la ley española cuando es despedido: 45 días de salario por cada año trabajado en el compañía. Además, los impuestos a los trabajadores son muy altos, al menos un 50% del salario anual de cada trabajador, lo que significa que si se paga a alguien 20.000€ al año, le cuesta a su empresario al 30.000€ contratarle. Todo esto hace que un empresario sea muy reacio a contratar a un empleado, lo que crea una alta tasa desempleo y una enorme cantidad de “contratos basura”. Estos impuestos también promueven la actividad en la economía sumergida, que o bien elude las reglas establecidas o las ignora completamente.

También son muy altos los impuestos a los salarios de los trabajadores, lo que nos devuelve al estatus social del mileurista. Esos impuestos crean un efecto sustitutivo: las empresas han recurrido desesperadamente a nuevas tecnologías para reducir personal. Un ejemplo reciente en España es McDonald’s empezando a sustituir trabajadores por nuevas máquinas que recogen las órdenes de los clientes, reduciendo el número de empleados. El objetivo es dejar sólo dos equipos de empleados: uno en la cocina y otro que te entrega la comida en el mostrador.

Las desgracias de España se han complicado desde su ingreso en la Eurozona. La capacidad de obtener tipos de interés muy bajos para tomar dinero (los mismos tipos de interés que economías más poderosas y orientadas al ahorro, como Alemania) funcionó como incentivo a las empresas para pedir dinero prestado para la construcción de infraestructuras y viviendas. Se han construido alrededor de 800.000 viviendas al año en España, más que Francia, Alemania e Inglaterra combinadas. Esto significó un crecimiento repentino en la oferta de empleo en el sector de la construcción. Por desgracia, esta demanda de empleo fue cubierta principalmente por inmigrantes que ahora se ven desempleados sin posibilidades. Los enormes préstamos para financiar este auge de la vivienda, especialmente de las cajas de ahorro españolas ahora no pueden devolverse y han llevado a un enorme rescate público.

En consecuencia, el gobierno español ha asumido una deuda cada vez mayor, financiado por la continua emisión de nuevos bonos. Estos préstamos han presionado las cuentas públicas españolas, rebajado la calificación de sus bonos y reducido la demanda de inversores necesaria para continuar financiando este gasto en déficit.

Al mismo tiempo, la crisis ha causado una drástica reducción en los ingresos fiscales, especialmente en impuestos como el IVA (impuesto sobre el valor añadido). En consecuencia el estado ha recibido menos ingresos y en respuesta ha aumentado ahora los impuestos al consumo para cubrir la disminución (se pondrá en marcha el mes que viene). Estos mayores impuestos se traducirán, al final, en menos gasto y beneficios más limitados para todos los productores. También harán de España un lugar poco atractivo para que las compañías de todo el mundo empiecen o continúen sus negocios.

Todos estos efectos significarán al final más desempleo, lo que nos lleva de nuevo a la joven “generación Atlas”. Paradójicamente, muchos miembros de esta generación tienen una fe total en que el gobierno se ocupará por ellos de todos estos asuntos. Eligen quedarse en casa hasta que llegan a tener una edad mediana y retrasan casarse y crear una familia hasta tener 35-40 años. También tienen deudas crecientes, de las que tendrán que acabar ocupándose.

Si continúa la tendencia actual, en unos pocos años en España cada empleado tendrá que pagar la seguridad social de un pensionista. Hace sólo 40 años, diez empleados cubrían a un pensionista mediante sus contribuciones a la seguridad social. La generación Atlas, al descartar el matrimonio y los hijos, ha empeorado el desequilibrio trabajador-pensionista. La tasa anual de nacimientos por mujer fértil en España es de sólo 1,2, una de las más bajas del mundo y probablemente baje en los próximos años.

La única forma de resolver este problema sería rebajar radicalmente los impuestos, especialmente al empleo. Hacerlo animaría a los empresarios a ofrecer más trabajo y a los empleados a tener familias más numerosas. Por desgracia, esta opción no interesa demasiado a los políticos en España, que prefieren mantener el estatus quo socialista independientemente del partido político que esté en el poder.

 

 

Jaime Levy Moreno es estudiante en el campus de Madrid, España, de la St. Louis University.

Published Tue, Jun 1 2010 5:14 PM by euribe