Por Jim Fedako. (Publicado el 27 de abril de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/4259.
Vivir al margen de la intelectualidad puede ser un reto incluso para el más ardiente defensor de los mercados libres y la libertad. Sin embargo, creo que la historia está de nuestra parte.
En el prólogo a su libro Marx's Religion of Revolution (1989), Gary North escribe sobre un movimiento intelectual que durante años estuvo confinado a las oscuras actividades de cafés y salas de té.
Igor Shafarevich, el matemático soviético y crítico del marxismo hizo una muy importante observación en su obra clásica El fenómeno socialista (1975). Decía que pequeños grupos concretos de socialistas debatieron durante años acerca de sus excéntricas teorías sociales y luego, casi de la noche a la mañana, sus ideas se creyeron ampliamente y hubo sociedades que se reestructuraron de acuerdo con ellas.
Cuando me siento desanimado a causa del panorama político, pienso en este pasaje. Cambiemos una palabra y tendremos esta pieza de ánimo: “Decía que pequeños grupos concretos de anarcocapitalistas debatieron durante años acerca de sus excéntricas teorías sociales y luego, casi de la noche a la mañana, sus ideas se creyeron ampliamente y hubo sociedades que se reestructuraron de acuerdo con ellas.
Qué poderosa frase. Y una frase que puede que pronto se haga realidad si todos ponemos de nuestra parte.
En un momento durante la reciente conferencia sobre El nacimiento y muerte de la Fed, me senté con otros tres austriacos en el salón del hotel discutiendo los detalles de nuestras supuestamente excéntricas teorías sociales: las teorías de los mercados libres y la libertad. A nuestro alrededor se sentaron otros pequeños grupos concretos proponiendo varios medios para que esas mismas teorías volvieran a ser ampliamente creídas, para servir como guías para una reestructuración de la sociedad casi de la noche a la mañana. Aunque las teorías que debatíamos no son aún la corriente principal, puede que hay muy pronto un punto crítico.
En un futuro no muy distante, es probable que veamos que las ideas de los mercados libres y la libertad empiezan a afianzarse. Y veremos cómo las sociedades empiezan a reestructurarse sin las carga del estado opresor. Aparecen preguntas: ¿Cómo se producirá esta reestructuración? ¿Será a través de la acción política?
La política se ocupa del hoy: el mañana puede irse al infierno. El político quiere ser elegido y mantenerse en el cargo y retirarse rico. Sólo le preocupa obtener votos de electores a los que aborrece. No le importa nada sus vidas, sus esfuerzos o sus éxitos.
En la mente del político, él es parte de la ilustre clase política y sus electores no son más que una clac a la que manipular y distraer con sus dobles sentidos y juegos de manos retóricos. Así que no sorprende que los políticos sin corazón no puedan soportar la vista de los pequeños personajes, ésos cuyos votos deciden la siguiente coronación, la concesión del poder y el prestigio que todo político desea tan desesperadamente.
Es evidente que la política no es la respuesta. Y tampoco resulta serlo la fuerza violenta (la política por otros medios). Está nación se concibió bajo las ideas de la libertad. A su debido tiempo, las ideas habrían ganado. Pero nuestros antepasados recurrieron a la fuerza. Y al hacerlo, hicieron nacer, por así decirlo, el deseo de un nuevo estado: una poderosa autoridad central para guiar a los distintos estados libres.
Poco después, al ser incapaces de controlar el estado fetiche, nuestros antepasados se enclaustraron y articularon la llamada unión perfecta que sólo a ellos aseguraba las bondades de la libertad, dejando a sus sucesores sufrir bajo un siempre creciente leviatán (un leviatán ahora muchísimo más grande que el que habían derrocado tan recientemente).
Podemos objetar: ¿No fue la Unión Soviética el producto tanto de la acción política como de la fuerza violenta? Si, hasta cierto punto. Las revoluciones reales (de febrero y octubre) fueron más políticas que violentas. E incluso esa acción política fue producto de otra cosa. ¿Cuál era esa otra cosa?
Las ideas, por supuesto.
Las ideas tienen consecuencias que, a largo plazo, triunfan sobre la política del día a día. En todo caso, estamos actualmente librando una batalla sobre ideas. Y como dijo tan claramente Mises, es una batalla que debemos luchar.
Todos llevamos una parte de la sociedad sobre nuestros hombros, a nadie se le releva de su parte de responsabilidad sobre otros. Y nadie puede encontrar una salida segura para sí mismo si la sociedad se dirige hacia su destrucción. Por tanto todos, por su propio interés, deben empeñarse con vigor en la batalla intelectual. Nadie puede quedarse a un lado despreocupadamente: los intereses de todos dependen del resultado. Lo elija o no, cada hombre forma parte de la gran lucha histórica, la batalla decisiva a la que nuestra época nos ha condenado. (Ludwig von Mises, El socialismo).
Cada uno de nosotros lleva esa carga. Y debemos involucrarnos en la gran lucha histórica que ninguno de nosotros buscó. Pero una lucha que en todo caso es nuestra.
Recuerden los grupos concretos y sus extrañas teorías. Y recuerden el punto crítico. Los fracasos del estado están siendo evidentes y la gente se está dando cuenta. Es nuestra responsabilidad empeñarnos con vigor en la batalla intelectual y defender implacablemente los mercados libres y la libertad.
Cada individuo que abraza nuestras extrañas teorías se une a nuestros grupos concretos no lleva más cerca del punto crítico y la reestructuración pendiente… y a los mercados libres y la libertad.
Jim Fedako, analista de negocio y padre que educa en su casa a sus seis hijos, vive aislado en los suburbios de Columbus y mantiene un blog: Anti-Positivist.