Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 6 de abril de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí:
http://mises.org/daily/4243.
Desde al menos el siglo XII hasta muy recientemente, la
entrada en una profesión se ha realizado mediante un aprendizaje o, en palabras
actuales, un trabajo en prácticas. Una persona joven entra a trabajar con gente
con experiencia en el negocio, normalmente a cambio de espacio en la oficina,
alojamiento, herramientas, pero poca o ninguna compensación monetaria. Todos
ganan: el contratante puede evaluar a un potencial empleado y el aprendiz gana
una experiencia inestimable y futuras ofertas de trabajo, nuevos contactos o
una carta de recomendación.
¿Cuál es la alternativa? Es la opinión totalmente buenista,
que apareció algo después de la Segunda Guerra Mundial, de que un estudiante
puede sentarse en un pupitre escuchando de los 16 a los 20 años y así estar
preparado para reclamar inmediatamente un salario sustancial a una empresa en
virtud del gran valor que genera.
Esta suposición es absurda, pero es la que ronda la
estructura del sistema controlado por el estado. En inviable para los
empresarios y equívoca para los estudiantes. Los empresarios a menudo indican
lo absurdo de que nuevos graduados entren alegremente en empresas y reclamen un
salario alto sin nada más que un certificado de un entorno artificial, sin
ética de trabajo o habilidades en el mundo real.
Una cosa sería que un empresario pudiera dejar de ofrecer
alojamiento y otros beneficios y sólo pagar un salario realmente bajo a los
empleados novatos. Pero no es eso lo que pasa hoy. El estado y su pesada mano
han restringido seriamente el derecho de los empresarios a negociar salarios.
El gobierno ofrece un modelo cerrado de empleo (salarios, beneficios, horas de
trabajo) que aplica a todas las situaciones, incluso a aquéllas que no es
posible que sean rentables, lo que ocurre especialmente con los candidatos que
acaban de terminar los estudios.
Fíjense en el porcentaje de desempleo entre los
veinteañeros: actualmente al 25% y subiendo. Es más del doble de la media
nacional y es por una razón. Los costes de contratación exceden con mucho el
valor de los nuevos trabajadores para las empresas. Durante una recesión, se
evitan estos trabajadores marginales. Debe haber alguna solución que ofrezca el
mercado, aunque sólo sea para que los jóvenes no se vean completamente
excluidos de la división del trabajo. El aumento de los contratos en prácticas
es la forma en que el mercado se las arregla para evitar las regulaciones
gubernamentales, la evidencia de la tendencia a la libertad que crece como la
hierba en los resquicios de las aceras.
La utilidad mutua que producen las prácticas se ha hecho especialmente
atractiva para la gente en los últimos años. La evidencia demuestra que está
aumentando en todos los campos. Todo esto es bueno.
Como informa el New York Times, los empresarios
pusieron 643 práctica no pagadas en el tablón laboral de Stanford este año
académico, triplicando el número de hace dos años. La Asociación Nacional de
Universidades y Empresarios cifró en el 83% el porcentaje de estudiantes
graduados que había realizado prácticas hace dos años. En 1992, en tiempo de
bonanza, sólo un 9% realizó prácticas.
El gobierno está diciendo que todo esto podría ser ilegal. M.
Patricia Smith, como comisionada de Trabajo de Nueva York, tomo medidas severas
el año pasado y ahora, como encarga del cumplimiento del Departamento federal
de Trabajo, está haciendo lo mismo a nivel nacional. La razón es que se dice
que muchas de las prácticas violan la ley del salario mínimo, entre otras
muchas leyes que regulan el empleo.
¿Es verdad que son ilegales? Bueno, resulta que el gobierno
tiene reglas
estrictas para determinar si alguien es legalmente un “aprendiz” en lugar
de un empleado:
“1. El aprendizaje, aun cuando
incluya realmente operar en las instalaciones del empresario ha de ser similar
a lo que se ofrecería en una escuela profesional o en una instrucción educativa
académica;”
Si el aprendizaje es similar ¿qué sentido tienen las
prácticas? Tiene que haber algún valor añadido, o si no no se necesitaría, ni
mucho menos se requeriría.
“2. El aprendizaje ha de ser en
beneficio de los aprendices;”
¿Excluyendo un beneficio para los empresarios?
“3. Los aprendices no han de
desplazar a los empleados normales, sino que trabajarán bajo su atenta
observación;”
Eso implicaría que los negocios realmente no necesitarían al
aprendiz para hacer nada importante.
“4. El empresario que ofrezca la
formación no ha de obtener ninguna ventaja inmediata de las actividades de los
aprendices y en ocasiones las operaciones del empresario pueden verse obstaculizadas
en la práctica;”
Bueno, este requisito es increíble, ya que sugiere que el
aprendiz no debe ofrecer realmente ningún valor real. ¡El aprendiz debe,
por ley, hacer cosas inútiles! Esto pone incluso una limitación legal a lo que
puedan decir las cartas de recomendación. Si el aprendiz no ofrece ningún
beneficio real en sentido laboral, los costes de formación y los dolores de
cabeza y el que el aprendiz está ocupando espacio son todos costes, sin ningún
beneficio. ¡Ningún empresario ni aprendiz estaría de acuerdo con esto!
“5. Los aprendices no han de
tener necesariamente ningún derecho a un trabajo a la conclusión del periodo de
formación y”
Esto no es un problema, pero podemos ver aquí la mano de los
sindicatos, trabajando por excluir a los trabajadores “esquiroles”.
“6. El empresario y los
aprendices han de entender que éstos últimos no tienen derecho a salarios
durante el tiempo empleado en formación”.
Es un poco extraño que las empresas, por un lado, se vean
atacadas por no ofrecer salarios suficientemente altos y, por el otro, se les
obligue a un ofrecer ningún salario. De nuevo esto sólo tiene sentido a la luz
de los intereses de los sindicatos en restringir la oferta de mano de obra. En
otras palabras, todas estas reglas parecen haberse escrito para prohibir
directamente las prácticas.
¿Así que las mayoría de las prácticas existentes son
técnicamente ilegales? Bien podría ser.
¿Quién pierde si estas medidas severas tienen éxito? Los
mismos grupos que ganan bajo el actual aumento en las prácticas: los jóvenes y
sus empresarios y potenciales empresarios. No puede haber otra forma de que
esto se agote. Es el estado segando la hierba que crece en los resquicios de
las aceras y luego esparciendo herbicida para evitar que vuelva a crecer.
También es mal momento para hacer esto: justo cuando a los
jóvenes tienen más problemas que nunca para poner el pie en el mercado laboral.
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Jeffrey Tucker es editor de Mises.org.