Ciencia para el estado

Por Jim Fedako. (Publicado el 31 de marzo de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/4210.

 

A veces parece que todos los regímenes necesitan encontrar su justificación en la ciencia. La ideología está bien hasta cierto punto. Pero el árbitro final de la legitimidad reside en la ciencia, o así lo parece. Así que ¿qué ciencia?

La Unión Soviética tenía sus fundamentos ideológicos en el materialismo dialéctico, esa nerviosa metodología que combina, lo han adivinado, la dialéctica y el materialismo. En esencia, según dice la teoría, la materia cambia de un estado a otro en un constante ascenso de lo inferior a lo superior.

Ya sé: bla, bla, bla. Sólo un montón de confusos sinsentidos. Pero era la religión de los soviéticos. Y todo tenía que justificarse a través de ella.

Así que en la década de 1920, aparece ese charlatán con el nombre de Lysenko. De acuerdo con la Wikipedia en inglés, rechazó

“la genética mendeliana en favor de las teorías de la hibridación del horticultor ruso Iván Vladimirovich Michurin y las adoptó dentro de un poderoso movimiento político-científico llamado lysenkoismo”.

Helena Sheehan recoge la historia advirtiendo que Lysenko.

“posteriormente se hizo famoso por el descubrimiento de la ‘vernalización’, una técnica agrícola que permitía obtener cosechas en invierno con plantaciones en verano empapando y enfriando las semillas germinadas durante un determinado periodo de tiempo”.

Más confusos sinsentidos. Pero como Lysenko y sus sinsentidos (perdón, teorías) se ajustaban al sinsentido del materialismo dialéctico, se convirtió en el protegido de la burocracia estatal.

Y a medida que el lysenkoismo ganaba poder y prestigio, igual pasaba con la presión sobre quienes se atrevían a oponerse. Se rechazaron las teorías alternativas y sus defensores fueron cesados y encarcelados e incluso condenados a muerte en algunos casos. La genética mendeliana se eliminó de la academia para reducirla a los sótanos más silenciosos donde nadie escuchaba, salvo los espías del estado.

Hubo dos resultados más del lysenkoismo que merecen reseñarse: la escasez y el desperdicio de alimentos. Pero, bueno, ¿qué importan unos pocos huevos rotos entre amigos, especialmente si la tortilla es para el estado?

La clave de mi frase inicial no es que la ciencia tenga que justificar el estado. La clave es que el estado necesita encontrar la ciencia que justifique su existencia (la del estado).

Así que el estado crea su ciencia justificadora y, quién lo iba a decir, esa misma ciencia justifica al estado. En palabras de Lysenko,

“Larga vida al Partido de Lenin y Stalin, que descubrió a Michurin al mundo y creó todas las condiciones para el progreso de la biología materialista avanzada en nuestro país.

¡Gloria al gran amigo y protagonista de la ciencia, nuestro líder y maestro, el Camarada Stalin!”

¿No nos suena familiar? En la década de 1930, el estado adoptó la economía keynesiana. No lo hizo porque el sistema tuviera sentido. No, el estado adoptó la economía keynesiana porque justificaba el estado y sus derroches.

Keynes fue el Lysenko de la administración Roosevelt. El estado declaró a Keynes un genio y trabajó para controlar su oposición. No hubo gulags siberianos, sólo académicos. Pero el estremecedor resultado fue aquí el mismo que en la Unión Soviética. La ciencia del estado se convirtió en la ciencia y la ciencia y el estado vivieron felices y comieron perdices. Al menos por un tiempo.

Cuando murió Stalin, Lysenko fue desacreditado en primer lugar por Jrushchov.

“Sin embargo, Lysenko iba a recuperar de nuevo el favor, y eso con Jrushchov, para sus investigaciones sobre abonos y cría de vacas lecheras con mantequillas altas en grasas, temas ambos que agradaban a Jrushchov, que quería aumentar la producción de leche en la URSS”.

Finalmente, los soviéticos reconocieron que Lysenko era un fraude, aunque les llevara medio siglo.

Aquí, en Estados Unidos, nos ha costado casi el mismo tiempo empezar a cuestionar el keynesianismo. E igual que el lysenkoismo, el keynesianismo perdió el favor sólo para posteriormente volver a ser defendido, como mantequilla para saciar el apetito de la clase política.

Por supuesto, Keynes ha muerto, su largo trayecto terminó hace años. Pero el keynesianismo vive a través de sus partidarios. Y Paul Krugman es el más visible hoy en día.

Pero Krugman es sólo otro Lysenko, vendiendo sinsentidos que justifican al estado. Como una de sus más eminentes y defensores, Krugman es un influyente activista a favor de la clase política y el status quo. Así que, por supuesto, se ve bendecido por el estado.

Lo que es más importante, Krugman desea ver más que unos pocos huevos rotos para servir una tortilla del tamaño del estado, creo que llama a esta tortilla especial la Laureada, pero no estoy seguro.

Todo estado necesita justificación. Y los justificadores son siempre bienvenidos y alabados por el estado. Así que no debe sorprendernos que una ciencia falsa (una ciencia que impulsa el estado) sea abrazada por el estado y sus aduladores asociados.

Pero siempre debemos recordar que al final, el sinsentido se revela ante todos, y su defensor recibe el descrédito que merece. Pero ¿cuánto tenemos que esperar? ¿Y cuál será el resultado final? Sólo el tiempo lo dirá.

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Jim Fedako, analista de negocio y padre que educa en su casa a sus seis hijos, vive aislado en los suburbios de Columbus y mantiene un blog: Anti-Positivist.

Published Mon, Apr 5 2010 8:56 PM by euribe