Sobrevalorar los servicios públicos

Por Robert P. Murphy. (Publicado el 15 de marzo de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4131.

                         

Los economistas del libre mercado argumentan aprisa que los “servicios” públicos realmente no ayudan en absoluto o al menos no son tan útiles como los proporcionados  voluntariamente en el sector privado. Paradójicamente, las críticas económicas habituales de la prohibición de las drogas y sobre los sindicatos recaen en ambos casos en la suposición de que los tribunales públicos y la policía ofrecen un servicio neto.

En este artículo resolveré la aparente paradoja y demostraré que la defensa de que el gobierno salga de algunas áreas no obliga a que éste tenga un monopolio en otras.

La defensa económica estándar contra la prohibición de las drogas

En la típica defensa de libre mercado por la legalización de las drogas, el economista argumentará que la prohibición causa una violencia innecesaria, pues las bandas luchan entre sí por el tráfico y a menudo matan a personas inocentes. El ejemplo clásico de este fenómeno es la época de los ajustes de cuentas entre bandas en Chicago en la época de la Prohibición. Actualmente sería inconcebible que los ejecutivos de compañías cerveceras rivales trataran de asesinarse, pero para Al Capone tenía perfecto sentido matar a sus competidores.

Hasta aquí, bien. Aunque cuando el economista trata de ir más allá de esta observación general para explicar por qué la prohibición lleva a la violencia, a menudo dice algo así: “Cuando el alcohol o la cocaína son ilegales, los vendedores no pueden confiar en los tribunales o la policía para proteger su propiedad. En consecuencia, tienen que armarse y si alguien les roba, tienen que tomarse la justicia por su mano porque no procede acudir a la policía”.

Esa explicación podía ser aceptable para un liberal clásico, que piense que el gobierno hace un buen trabajo ofreciendo servicios judiciales y de imposición. Pero para un rothbardiano, que dice consecuentemente que un gobierno corrupto y ávido de poder no puede dirigir un departamento de policía mejor que una empresa de automóviles, esta flecha en el carcaj de la legalización de las drogas podría parecer algo extraña. Pues dice que la violencia la causa la inacción del gobierno, el rechazo a usar más a menudo su monopolio. La consecuencia obvia parece ser que si la policía nunca respondiera a la solicitud de ayuda de nadie, la sociedad se tambalearía.

Este diagnóstico tiene cosas al revés. La razón por la que la prohibición de la droga causa estragos en las relaciones sociales es que introduce más intervención en el mundo: el problema es que el gobierno utiliza demasiado su policía y tribunales.

Por ejemplo, supongamos y proyecto urbanístico en una ciudad en el que los bandas de traficantes vagan aparentemente libres, vendiendo en las esquinas abiertamente y lanzando balas contra cualquiera que se comporte incorrectamente. La mayoría d ela gente pensaría: “¡Este barrio es una anarquía! Ojalá la insensible policía estuviera dispuesta a acudir y aplicar las leyes. Pero desgraciadamente les trae sin cuidado la situación de esta comunidad”.

Otra vez el diagnóstico está al revés. El barrio está en una situación tan mala porque la policía opera allí con impunidad. Si realmente la policía nunca hubiera obligado a cumplir las leyes en la zona, nadie tendría que preocuparse acerca de ir a la cárcel por traficar con drogas. Vendrían empresas de fuera, establecerían tiendas con ventanas a prueba de balas y guardias de seguridad bien armados y venderían cocaína y otras drogas a los residentes por un importe mucho más bajo que el “precio de la calle”. Pronto quitarían el negocio a todas las bandas de traficantes, pues los clientes se dirigirían a los negocios gestionados profesionalmente por sus bajos precios y la calidad de sus productos.

Bueno, ¿por qué no ocurre eso? Porque si algunos empresarios intentaran realmente implantar el plan anterior, serían clausurados por la policía. Las abuelas y los jefes de las iglesias se quejarían diciendo que una farmacia no puede vender cocaína a adolescentes a la luz del día y el jefe de policía se mostraría de acuerdo. Ni siquiera se les ocurriría a los empresarios intentar lo anterior, porque, vaya, sería completamente ilegal.

Así que vemos que no es la falta de voluntad del gobierno de proteger ciertos derechos de propiedad sino más bien el ataque del gobierno a (lo que deberían ser) los derechos de propiedad lo que permiten a comunidades concretas seguir en un equilibrio violento.

Si se roba en un restaurante o una tintorería china en un barrio peligroso, la policía probablemente no dedicará mucho tiempo extra a estos casos. Aún así, eso no lleva a constantes aumentos de la violencia en la industria de la tintorería o a disparar a la gente para quedarse sus galletas de la fortuna.

La razón es simple: A pesar de que la policía no protege a los comerciantes en los barrios peligrosos, tampoco les hostiga, o peor, les secuestra a punta de pistola para enviarles a una celda durante varios años. Esa es la diferencia clave entre ambas industrias y explica por qué el sector objetivo de los agentes armados del gobierno acaba estando militarizado.

La explicación estándar para las huelgas con éxito

Vemos un patrón similar cuando no referimos a las típicas discusiones del libre mercado sobre los sindicatos. En este caso, el economista normalmente  explicará que en una sociedad libre, los trabajadores pueden afiliarse a sindicatos y los empresarios pueden negociar con entidades colectivas. Sin embargo, los sindicatos no tendrían el poder de obligar a los no miembros a ser parte de cualquier convenio colectivo y en particular no tendrían el poder legal para usar sus pancartas de piquetes para golpear en la cabeza a los “esquiroles” cuando intentan ir a trabajar.

Igual que en el argumento estándar sobre la legalización de las drogas, aquí de nuevo el economista del libre mercado a menudo da demasiado crédito al gobierno. El economista normalmente dice algo así como: “En la actualidad, el gobierno se ha alineado con los sindicatos. El lugar de intervenir durante una huelga para proteger la propiedad del dueño de la fábrica y los cuerpos de los trabajadores no afiliados que intentan cruzar la línea del piquete, la policía se aparta y da permiso tácito a los matones del sindicato”.

Esto también tiene cosas al revés. Si el gobierno realmente se sentara y “no hiciera nada” durante un conflicto laboral, no habría que discutir que los sindicatos impidan a los “esquiroles” realizar los trabajos de los huelguistas. Las empresas se apresurarían a desplegar hombres armados con material antidisturbios a esos lugares y por una tarifa protegerían a los trabajadores no afiliados y dispersarían muy rápidamente a los trabajadores que protesten (con gases lacrimógenos, etc.).

Como los empresarios querrían evitar una mala publicidad, las compañías de más éxito al proveer este servicio los harían de una forma muy humana, sin causar ningún daño a los trabajadores que protesten. Sería muy malo para su negocio romper siquiera un brazo a un miembro de los sindicatos, porque los demás trabajadores porque entonces otros empresarios contratarían a otra empresa, una con un registro de seguridad perfecto.

Debemos preguntar de nuevo: ¿por qué el libre mercado no provee estos servicios, al menos a las grandes compañías, que evidentemente podrían permitírselo? Está claro que no se trata de que el Sindicato de Trabajadores del Automóvil pueda golpear a los trabajadores de, por ejemplo, Blackwater en una batalla campal. Así que, ¿por qué los empresarios se encuentran aparentemente tan indefensos ante trabajadores en huelga que usan la violencia y destruyen la propiedad de la empresa?

La respuesta e siro supuesto que el gobierno no se apartaría y dejaría que las cosas siguieran su curso si los empresarios se comportan así. Si el dueño de una fábrica tratara de contratar a una empresa externa para traer “esquiroles” en transportes de personal armados y luego usar gases lacrimógenos y pelotas de goma para dispersar  a los manifestantes, el gobierno arrestaría a todos los implicados. No puede hacerse, es ilegal.

De nuevo vemos que no es la timidez del gobierno, sino su ejercicio de su monopolio sobre el uso legal de la fuerza lo que permite que la violencia prolifere durante las disputas en empresarios y trabajadores.

Conclusión

Incluso los economistas del libre mercado tienen a menudo un ángulo ciego cuando se refiere a la provisión de servicios judiciales y de fuerza. Pero incluso en esas áreas los monopolios en manos de funcionarios corruptos son malos. El sector privado podría ocuparse de sí mismo si el gobierno les dejara en paz.

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Robert Murphy, investigador adjunto del Mises Institute y miembro de la facultad de la Universidad Mises, gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide y The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.

Published Mon, Mar 15 2010 9:58 PM by euribe