Por Predrag Rajsic. (Publicado el 2 de marzo de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4115.
Muchos de los sociólogos actuales son utilitaristas.
Hablando en general, un utilitarista es alguien que cree que se puede llegar a
la justicia mediante un análisis de coste-beneficio. Por ejemplo un economista
utilitarista te diría que, antes de considerar una nueva ley, hay que determinar
los costes y beneficios “sociales” de dicha ley. Algunos hablan acerca de los
costes y beneficios sociales de legalizar la venta de drogas o la prostitución
y concluyen que si los beneficios superan a los costes, deberían implantarse
estas leyes.
Ronald Coase, probablemente uno de los economistas
utilitaristas menos comprendidos, ha sido criticado a menudo por lo que no ha
dicho (es decir, el llamado Teorema de Coase),
pero raramente criticado por lo que sí dice (que los derechos individuales
dependen del potencial de dichos derechos de crear riqueza agregada). El
siguiente artículo es una crítica de la postura de Coase a la teoría de los
derechos.
Coase, en su ensayo “El problema del
costo social”, argumentaba que, en caso de que el Mercado no lo haga, el
gobierno debe asignar derechos de propiedad de una forma que maximice la renta
nacional. Su principal argumento era que la existencia de costes de transacción
excluiría la asignación eficiente de derechos de propiedad mediante
transacciones del mercado. Así que ésta sería labor del gobierno.
Esencialmente, Coase está proponiendo una teoría de la
justicia en la que los derechos individuales dependen de las circunstancias. Si
un funcionario del gobierno descubre que quitarle los derechos a Jim y dárselos
a Janice generaría un aumento de la renta nacional, esta reasignación de
recursos es justa, independientemente de si Jim y Janice están de acuerdo con
ella.
Algunos economistas adoptaron una postura más abstracta y
hablaron acerca de maximizar el
bienestar o la utilidad social. En este marco, la utilidad (satisfacción
total por objetos materiales, experiencias y otras dentro de una sociedad) se
trata como una cantidad que puede aumentarse o reducirse por una política
pública. Una política que lleve a una mejora en el bienestar social total está,
en este marco, justificada.
Esta postura respecto de la teoría de los derechos tiene un
fuerte efecto en economía y está empezando a extenderse a otras áreas de la
actividad humana. Una de esas actividades es la guerra.
El utilitarismo y la política de guerra “humanitaria”
La idea de un militarismo “benevolente” o “desinteresado” no es nueva. Sin embargo
empezaré con una de las más recientes misiones militares “benevolentes”. El 24
de marzo de 1999, los miembros de los gobiernos de 19 países de la OTAN
decidieron que con el fin de evitar una “catástrofe
humanitaria” en Kosovo, debía bombardearse la República Federal de
Yugoslavia.
Esta guerra, denominada “ Ángel misericordioso” se ha usado
como ejemplo de una guerra “humanitaria” con éxito por parte de sus defensores.
A pesar de que los iniciadores de la guerra se han justificado a menudo apelando
al bienestar de de algún grupo de individuos (normalmente una nación o
grupo étnico), ésta fue la primera referencia explícita al humanitarismo como
única justificación para una guerra.
Más recientemente, se han usado argumentos similares para
proponer el mantenimiento de tropas occidentales en Iraq y Afganistán bajo la
pancarta de “construir
nación”.
En estos casos de nuevo la decisión de retirarse o
permanecer depende de un análisis de coste-beneficio a largo plazo, no sólo
para los países que tienen tropas allí, sino supuestamente para los habitantes
del país “anfitrión” y toda la “comunidad internacional”. Muchos de quienes
apoyan o rechazan estas guerras sólo difieren en sus métodos de contabilizar
los costes y beneficios agregados.
Introduciendo las expresiones “cost benefit analysis”
[“análisis de costes beneficios”] y “war in Irak” [“guerra en Iraq”] en Google
se obtienen un 15.000 resultados (para estas dos expresiones exactas juntas).
Los resultados incluyen artículos
académicos, blogs
de expertos legales, sitios de
noticias de TV, artículos
de periódicos, discursos
de políticos, etc. Estos resultados son un indicaron aproximado de volumen
y ámbito de la búsqueda utilitaria de la estimación correcta de costes y
beneficios en esta guerra. La estimación trata de incluir no sólo el gasto
monetario sino asimismo el “sufrimiento humano”, la “seguridad nacional”, la
“libertad”, etc.
Otra operación militar reciente donde se han usado
argumentos similares fue el bombardeo de la franja de Gaza en 2008. Fue
descrita por sus promotores como un intento de prevenir el sufrimiento futuro
de civiles israelíes al tiempo que se mantenía el sufrimiento civil palestino
al mínimo. Las premisa subyacente era que cualquier baja civil en la guerra
puede justificarse afirmando que era un paso necesario para
evitar mayores bajas civiles en el futuro.
Estas justificaciones de coste-beneficio de las guerras
humanitarias pueden resumirse en las palabras de Frida Ghitis,
analista política y colabarodara habitual del Miami Herald y la World
Politics Review. Ghitis me escribió diciendo que “la guerra a veces se
justifica para detener atrocidades aún peores. Ésa es la justificación
humanitaria”.
Así que se reconoce que la guerra humanitaria, igual que
cualquier otra guerra, implica algunos costes en forma de sufrimiento o muerte
de víctimas inocentes. Pero este sufrimiento o muerte se justifica si es un
sacrificio colectivo necesario para un beneficio mayor, independientemente de
si las víctimas están de acuerdo en ser sacrificadas. Es claramente un
argumento utilitarista cuando una acción es justa si los beneficios agregados
resultantes de la acción exceden los costes agregados. El propósito de este
artículo es demostrar por qué este argumento utilitarista, cuando se lleva a
sus conclusiones lógicas, pierde credibilidad.
Cálculo de atrocidades
La idea de una guerra utilitarista humanitaria implica un
ejercicio de contabilidad donde los costes se comparan con los beneficios.
Utilizando los términos sugeridos por los defensores de dichas guerras, los
costes son las atrocidades cometidas como consecuencia directa de una guerra
humanitaria, mientras que los beneficios son las atrocidades evitadas mediante
la guerra. Hay dos problemas con esta interpretación: primero, cómo se miden
las atrocidades; y segundo, cómo vamos a contabilizar las atrocidades que nunca
se produjeron.
Algo no es una atrocidad sólo porque haya alrededor un
montón de líquido rojo llamado sangre, sino porque un ser humano experimenta
ciertas emociones cuando ve esta escena y los acontecimientos que la preceden.
El grado en que algo es una atrocidad viene determinado por la experiencia
interna de una persona, no por las propiedades físicas del hecho.
Así que cuando nos enfrentamos a la medición de las
atrocidades, cada caso de sufrimiento humano es distinto y no tiene sentido
ninguna comparación objetiva. Por ejemplo, ¿qué es una mayor atrocidad: un niño
que pierde a sus padres por una bomba en un avión o un hombre que pierde la
vista por la metralla de una bomba de racimo o un padre que pierde a su hija de
tres años bajo los escombros de su casa? ¿Quién va a evaluar la “cantidad” de atrocidades
cometidas?
La utilidad, la importancia que las diferentes personas dan
a diferentes aspectos de la realidad física y a sus propias vidas y bienestar,
es subjetiva. Así que no hay una unidad objetiva de medida de la utilidad. No
podemos comparar evaluaciones de la realidad física realizadas por dos personas
distintas: no podemos sumarlas o multiplicarlas en ninguna forma objetiva que
pueda ser entendida igualmente por todos.
Por tanto, no podemos llegar a una medición agregada
objetiva de las atrocidades causadas por la guerra.
Sin embargo, incluso si aceptamos la idea absurda de que la
justicia de una guerra puede depender de la cuenta de cadáveres y brazos,
piernas y ojos perdidos, hay otro problema: nunca sabremos qué es lo que evitó
una guerra. Sólo podemos especular con lo que habría pasado si la guerra
humanitaria nunca hubiera ocurrido.
Aceptar cálculos de justicia basados en especulaciones de
futuro daría a la gente el derecho a usar la violencia contra cualquiera del
que sospechen que cometerá un crimen.
Incluso si se aceptan los juicios éticos basados en la
especulación y las mediciones “objetivas” del sufrimiento, el profesor de la
Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, Eric
A. Posner duda de que esté justificada ninguna de las recientes
intervenciones humanitarias, incluido el bombardeo de Yugoslavia de 1999.
Argumenta que los costes de las recientes intervenciones humanitarias exceden
con mucho su estimación de beneficios potenciales.
Conclusión
Quienes quieren empezar guerras “humanitarias” antes han de
persuadirnos de que conocen el futuro. Luego han de persuadirnos de que saben
el valor objetivo de las muertes y los sufrimientos humanos individuales.
Finalmente, han de persuadirnos de que las vidas de algunas personas son menos
valiosas que otras.
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Pedrag Rajsic está realizando el doctorado en el
Departamento de Economía Agrícola en la Universidad de Guelph en Notario, Canadá.