Por Eric M. Staib. (Publicado el 17 de febrero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4105.
[La siguiente es la primera de una serie de tres partes
acerca de la crisis de los huérfanos de Haití]
Haití era el hogar de unos 380.000 huérfanos estimados
antes del reciente terremoto devastador, que sin duda ha creado decenas o
cientos de miles de huérfanos más. Aunque la CNN informa que las agencias
públicas en Estados Unidos y Holanda han autorizado una tasa de adopción de
niños haitianos mayor de la habitual, esto supone poco alivio para los miles de
niños huérfanos que permanecen en la isla esperando con angustia un nuevo hogar
o para los miles de niños haitianos que siguen bajo el cuidado de sus padres
vivos pero que desearían huir de la incomprensible pobreza hacia el mundo
industrializado.
Un visión libertaria de la adopción, tal y como expuso
Murray Rothbard en La
ética de la libertad, resolvería la crisis haitiana de una forma rápida y
ordenada.
Los derechos de los niños haitianos
En La ética de la libertad, Rothbard argumenta que
los niños son propietarios potenciales de sí mismos y que
“El niño tiene pleno derecho
poseerse a sí mismo cuando demuestra en la práctica que lo tiene; en resumen,
cuando se va o ‘se escapa’ de casa”.
En el caso de los niños pobres haitianos cuyos padres han
sobrevivido al terremoto, el análisis de Rothbard evidentemente implica que
debe dárseles el pleno derecho a abandonar sus familias y ser sus propios
dueños, si eligen hacerlo. En otras palabras, pueden entrar en una orfandad
voluntariamente con la esperanza de encontrar una vida mejor sin sus padres
biológicos.
Aplicado al caso de los niños huérfanos involuntarios cuyos
padres han muerto o se han separado de ellos por el terremoto, está claro que,
por su actividad continua en ausencia de sus padres, han demostrado su
propiedad de sí mismos.
Por tanto, ya sea porque han elegido intentar sobrevivir por
sí mismos, encontrar refugio en un orfanato en Haití o buscar la adopción de
una familia extranjera, los niños de Haití deben ser tratados como individuos
soberanos y darles permiso legal para llegar a esos acuerdos sin interferencia
por la fuerza de terceros, ya sean gobiernos u otros.
Así que todas y cada una de las acciones de los gobiernos,
tanto el haitiano como los extranjeros, que interfieran con el libre movimiento
de los huérfanos de Haití, ya sean éstos huérfanos voluntarios o involuntarios,
es una afrenta a la propiedad de sí mismos. Incluso la barrera aparentemente
más inocua al movimiento de los niños haitianos, como el papeleo para entrar en
el país, es un ataque a su derecho a entablar relaciones beneficiosas con nuevos
tutores.
Puede objetarse que hay muchos huérfanos haitianos que son
simplemente demasiado jóvenes para establecer efectivamente la propiedad de sí
mismos, pero que no dejan de merecer que se les rescate. Para el caso de niños
pequeños y bebés, el argumento libertario es igual de fuerte y consistente.
Rothbard argumenta que sólo dos situaciones, el abuso físico
y el abandono, son justificaciones legítimas para la confiscación de un niño a
su tutor. En el caso de abandono, debido a la muerte de los padres u otra
causa, el primero en pedir la tutoría del pequeño huérfano, de acuerdo con
Rothbard, “en un sentido muy real (…) ha dado vida el niño”.
Por tanto, la primera persona que desee salvar a un joven
haitiano se convertiría en el nuevo “custodio” o tutor del niño y su relación
con éste toma la forma de cualquier paternidad biológica o adoptiva.
Los derechos de los padres haitianos
Rothbard argumenta convincentemente que los padres de un
niño no tienen la propiedad absoluta del niño sin condiciones, ni están
obligados a cuidar de éste hasta alguna fecha legalmente obligatoria. Más bien,
según Rothbard, los padres actúan como “fideicomisarios” de su hijo, su
propiedad del niño del “tipo tutoría”.
Rothbard detalla luego todos los derechos y responsabilidades
de los padres hacia su descendencia con una simple frase: El padre está
“obligado legalmente sólo a no
agredir a la persona del niño, pues éste posee el potencial de ser propiedad de
sí mismo”.
Aplicando este análisis a los padres de los niños haitianos,
se ve claramente que sólo ejercen una autoridad legítima sobre sus hijos si
éstos se someten a ella al no declarar la propiedad sobre sí mismos. Una vez
que se ha tomado esa decisión, los padres no pueden reclamar legalmente nada
sobre la autonomía de sus hijos.
Así que la devolución no voluntaria de los haitianos fugados
a sus padres es también una violación de los derechos humanos, como lo es
cualquier inclusión no voluntaria de los huérfanos en orfanatos. Las terceras
partes que actúan para llevar a cabo esos retornos forzados se merecen el
castigo legal reservado a los traficantes humanos, incluyendo la cadena
perpetua por violación grave de los derechos de los niños.
Hay otro importante derecho que poseen los padres haitianos
en la sociedad libertaria. Hasta el momento en que ejerciten su derecho sobre
sí mismos, los niños haitianos siguen siendo propiedad condicional de su padre
o tutor. Mientras continúen sometiéndose a su estado como propiedad, permanecen
voluntariamente sujetos al tratamiento de la propiedad en el mercado. Esto
quiere decir que la tutoría sobre ellos puede transferirse de propietario a
adquirente por un pago, en moneda u otra cosa.
Esto parecería generar directamente un tráfico de personas y
una esclavitud legalizada, pero ese acuerdo no podría producirse en la sociedad
libertaria. Por definición, la sociedad libertaria es aquélla en la que debe
respetarse el derecho de los niños a ejercitar la propiedad sobre sí mismos y
por tanto no se puede obligar a los niños a acatar los términos de un contrato
de transferencia realizado por terceros.
Además, como la propiedad que genera la relación padre-hijo
no es absoluta, no puede transferirse esa propiedad absoluta. Es decir que,
incluso en caso de que un niño inicialmente acepte una transferencia de
tutoría, éste retiene su derecho a declarar la propiedad de sí mismo y
rescindir el acuerdo en cualquier momento en el futuro.
Por fin, en casos en que los niños se vendan a tutores
abusadores y se vean físicamente incapaces de escapar, como sucede con la
esclavitud sexual, el abuso de estos adultos hace que sus hijos están sujetos a
la confiscación forzosa por terceros afectados, de acuerdo con el marco
libertario de Rothbard, como dijimos antes.
Los mecanismos de mercado por los que se impidió el comercio
de esclavos se explicarán en la tercera parte de esta serie.
Los derechos de los padres adoptivos
Finalmente quienes deseen adoptar niños haitianos serían
igualmente libres dentro del marco libertario para entrar y salir en los
acuerdos antes mencionados con huérfanos y padres, pero también estarían
sujetos a la misma condición de no agresión de los padres biológicos. Por
supuesto, esto significa que las agencias de adopción que obstruyan el tránsito
de huérfanos de Haití a familias estadounidenses que los quieran actúan
restringiendo el derecho de los padres adoptivos a establecer relaciones y
comerciar libremente.
Esta perspectiva de los derechos también exonera a las familias
acusadas de “secuestrar” de niños haitianos con su consentimiento. Esta claro
que evitar las leyes de adopción pública constituye un acto de compasión en
lugar de uno de coerción. Los secuestradores de iure, es decir, los
padres adoptivos de niños que voluntariamente actúan sin el consentimiento de
aparato violento del estado, han de ser aplaudidos por su bravura y empatía y
no deben confundirse con los secuestradores de facto, que se llevan a
los niños de sus familias sin permiso o violando el derecho del huérfano a la
propiedad de sí mismo.
Conclusión
Está claro que, lejos de mejorar la situación de los niños
haitianos, Haití y los estados extranjeros no han hecho nada más que obstruir
el tránsito de niños haitianos de un abyecto sufrimiento a brazos amorosos. No
debería felicitarse a estos estados por hacer simplemente el proceso de
adopción marginalmente menos burocrático. Los funcionarios han cometido serias
violaciones de derechos humanos contra cientos de miles de niños y quienes
desean adoptarles en el extranjero. Estos crímenes del estado contra tal vez
medio millón o más de jóvenes haitianos son demasiado graves como para
ignorarlos.
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Eric Staib es especialista en economía en la Universidad de
Oklahoma.