Por Robert P. Murphy. (Publicado el 1 de febrero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4029.
El profesor de economía de la Universidad del Estado de San
José, Jeffrey
Rogers Hummel dice a todos sus estudiantes que la mejor forma de entender
la Reserva Federal es pensar en ella como una falsificadora gigante legal.
Siempre ha sabido que la Fed y otros bancos centrales eran como
falsificadores, pero seguía pensando que la mecánica real de las operaciones de
mercado abierto y otras cosas generaban realmente diferencias importantes.
En parte a causa de mis frecuentes intercambios de correos
con Hummel, ahora me doy cuenta de que estaba siendo un ingenuo. Una vez que
entiendes los detalles de la banca central moderna, eres capaz de rectificar y
ver que realmente es una forma por la que el gobierno usa la imprenta para
pagar sus deudas. Todo el complicado proceso de manejar los tipos de interés
mediante la compra de deuda pública simplemente oculta este punto esencial… y
tal vez deliberadamente.
Un monarca anticuado con una imprenta
Antes de examinar las operaciones de la Fed, empecemos con
algo más simple. Supongamos que un poderoso monarca reina sobre un gran país
industrializado. El monarca se las ha arreglado para que sus súbditos abandonen
el dinero metálico como el oro y la plata y usen en su lugar billetes
fiduciarios, pedazos rectangulares de papel mostrando el retrato del rey. El
rey tiene una imprenta a su disposición que le da la capacidad ilimitada de
crear más pedazos de papel con los que puede comprar bienes en todo su reino.
En principio, podríamos pensar que nuestro rey hipotético
tiene una riqueza infinita. Pero después de reflexionar vemos que hay realmente
límites pragmáticos sobre cuánto nuevo dinero imprimirá cada año. Es verdad que
no hay limitaciones legales acerca de cuántos billetes puede crear, pero
cuanta más inflación siempre, mayor será la cosecha de inflación en precios.
En algún punto, el monarca acabará realmente siendo más
pobre a largo plazo usando la impresora demasiado habitualmente en el presente.
Por ejemplo, si doblara la existencia de dinero en un año, la inflación de
precios resultante desestabilizaría su economía y causaría mucho consumo
innecesario de capital. Sus súbditos estarían menos dispuestos a invertir en
sus negocios y fondos de pensiones, sabiendo que él podría confiscar realmente
sus ahorros mediante una masiva creación de nuevo dinero. Los inversores
extranjeros tampoco se fiarían de exponerse en su país si hace que su moneda
fiduciaria sea demasiado volátil.
A causa de estas
consideraciones, el monarca sin duda emitiría nuevo dinero cada año con su
imprenta, pero no abusaría de ello. Buscaría un nivel moderado de inflación
constante de precios, con el poder de compra de su divisa fiduciaria bajando
lentamente de una forma previsible. Cada año la nueva inyección de dinero en la
economía representaría una transferencia de riqueza de todos los demás
poseedores de dinero a las posesiones del rey.
¿Pero qué pasa si nuestro monarca es realmente
pródigo? ¿Qué pasa si quiere gastar más dinero que el ingreso y los tributos
que obtiene en su posición de monarca, incluyendo la cantidad de nuevo dinero
que se atreva a crear con su imprenta? En este caso, el monarca sigue pudiendo
recurrir al anticuado préstamo. Por tanto en cualquier año concreto, el monarca
sólo puede gastar lo que recauda en tributos (impuestos), financiación de deuda
e inflación.
Falsificación moderna, al estilo de la Fed
A primera vista, nuestro actual sistema monetario no es como
el sencillo cuento de un rey con una imprenta. Por ejemplo, el Tesoro de EEUU
es una entidad distinta de la Reserva Federal. Cuando el gobierno federal de
EEUU tiene un déficit presupuestario, no puede sencillamente hacer que la Fed
imprima suficientes billetes de 100$ para cubrirlo. No, el Tesoro siempre
cubre su déficit presupuestario emitiendo deuda, llamada en inglés Treasuries.
Son bonos, pagarés vendidos por el Tesoro a inversores externos que le prestan
dinero hoy con la esperanza de que se le devuelva en el futuro.
Esperen, que la historia continúa. Uno de los principales compradores
de esta deuda del Tesoro es la propia Reserva Federal. Este fenómeno se hace
espacialmente más acusado durante emergencias como grandes guerras y la actual
crisis financiera. De hecho, en el segundo trimestre de 2009, la Reserva
Federal fue la compradora efectiva de alrededor del 48%
de la nueva deuda del Tesoro emitida en ese periodo, como parte de su
“aligeramiento cuantitativo”. Es verdad que la Fed nunca aparece en las
subastas de deuda y compra directamente los títulos del Tesoro, pero los
negociantes pagan precios más altos por la deuda sabiendo que está esperando en
las alas para llevársela.
Revisemos en este punto qué pasa exactamente cuando la Reserva
Federal compra deuda a los negociantes privados. Digamos que la Fed quiere
comprar títulos por 1 millón de dólares a Joe Smith. Así que firma un cheque a
Joe Smith por 1 millón, depositado en la propia Fed. Joe entrega los títulos a
la Fed, donde acaban en el activo de su balance. Luego Joe deposita el cheque
en su cuenta corriente personal, que asciende en 1 millón.
Así que en este momento la Fed ha incrementado la oferta de
dinero en 1 millón de dólares. En tiempos normales, a causa del sistema bancario
de reserva fraccionada, el banco de Joe prestaría 900.000$ del nuevo depósito a
otro cliente, con lo que la oferta monetaria sería aún mayor. Pero eso no es lo
que nos importa en este artículo, así que dejaremos esa línea de razonamiento.
En el que queremos fijarnos es en el efecto de la compra de
la Fed en el Tesoro de EEUU. Al entrar en el mercado de bonos y comprar deuda
pública (con dinero creado de la nada), la Fed impulsa al alza el precio
de los bonos. Eso significa, por supuesto, que el rendimiento baja. Así, por
ejemplo, si el tesoro emite un título prometiendo pagar al tenedor 10.000$ en
12 meses, el precio de subasta determina cuánto dinero obtiene realmente el
Tesoro a cambio de esta promesa de pagar 10.000$ en un año. Si la demanda es
tal que la gente paga 9.901$ por cada título con un valor facial de 10.000$ el
tesoro obtiene dinero prestado a un año a un tipo de interés del 1%.
Ya vemos por qué la gente del Tesoro son grandes fans del
programa de “aligeramiento cuantitativo” de la Fed, en el que Bernanke decidió
que era de interés nacional empezar a añadir más de un billón de dólares de
deuda pública al balance de la Fed. Como mínimo, la compra masiva de deuda
pública empuja al alza el precio de subasta de los títulos, significando que el
gobierno federal puede pedir prestado a tipos de interés más bajos.
Pero si esta fuera la historia completa, sería algo
sospechoso, pero ni cerca tan malo como nuestro monarca hipotético con su
imprenta. Es verdad, la Fed crearía nuevos dólares (que empujarían al alza los
precios en dólares de bienes y servicios) con el fin de mantener bajos los
costes de los préstamos al Tesoro. Pero aún así, el Tesoro tendría que pagar algún
interés por su deuda, especialmente por la que sea a largo plazo con mayores
rendimientos, como los títulos a 10 años. Así que aunque el mecanismo que hemos
descrito animaría al Tesoro a tener un déficit más alto a costa del ciudadano
medio, que sufre los precios crecientes, las cosas no parecen tan facinerosas
como en el caso de nuestro monarca.
Ah, pero no hemos acabado todavía. No sólo la acumulación de
deuda pública en la Fed empuja artificialmente hacia abajo el tipo de interés,
sino que la Fed da los pagos de intereses ¡directamente al Tesoro! Después de
todo, el interés es la forma en la Fed “gana dinero”. Firma cheques a sí misma
(creados de la nada) y acumula activos y luego gana el interés y (a veces) las
ganancias de capital de los activos. Pero después de que la Fed paga a sus
empleados, paga su factura de la luz y realiza su fiesta de Navidad del
personal, remite las ganancias que sobran de vuelta al Tesoro.
Por ejemplo, en el año fiscal 2008, la Reserva Federal entregó
al Tesoro de EEUU unos 31.700 millones de dólares (página 173) de sus
ganancias netas. Repito, buena parte de este dinero son pagos de intereses que
el Tesoro abonó a los tenedores de su deuda, que resulta ser la Fed en buena
parte. No sólo el tipo oficial de interés se mantiene artificialmente bajo por
la creación de dinero de la Fed, sino que los propios pagos de intereses en
buena medida revierten al Tesoro, hasta el punto de que la Fed acaba
teniendo los títulos y no otros.
Muy bien, así que la Fed (a) oculta el tipo de interés de la
deuda pública y (b) refinancia virtualmente todos los pagos de intereses de la deuda
pública que tiene. Y recuerden, la forma en que la Fed hace esto es mediante la
creación de nuevos dólares de la nada, con el fin de comprar la deuda pública a
los inversores originales que prestaron dinero al Tesoro. Por tanto, la Fed está
claramente ayudando al gasto del déficit del gobierno de EEUU a costa de todos
los que tengan activos en dólares de EEUU.
Así que la única cosa que impide la completa temeridad de
los feds es que aún tienen que pagar el principal de sus bonos cuando
venzan, ¿verdad? En otras palabras, todo lo que hemos visto es que la Fed
permite al Tesoro financiar el déficit virtualmente a un coste cero de interés,
al menos para la deuda en posesión de la Fed. Pero esto sigue siendo muy
distinto de nuestro monarca hipotético, que cubre todo el componente de
sus gastos un año sí y otro también usando la imprenta.
Lo siento, pero nuestro propio sistema monetario tiene las
mismas características. Cuando vencen los títulos de Tesoro en propiedad de la
Fed (de forma que el Tesoro tiene que abonar el valor facial del principal), la
Fed renegocia la deuda. Con el tiempo, el valor nominal de mercado de la
deuda pública en propiedad de la Fed crece continuamente. A menos que haya un
cambio repentino en esta política, el Tesoro sabe que nunca tendrá que
saladar esta deuda. A todos los fines prácticos, cualquier deuda pública que
acaba encontrando su camino al balance de la Fed es económicamente
equivalente al monarca que usa la imprenta para pagar sus deudas.
Nos queda una última consideración. Hasta ahora hemos visto
que el gobierno moderno de EEUU, con su complicado sistema de banco central y dinero
fiduciario, opera esencialmente como un rey con una simple imprenta, en el
sentido de que la Fed desea acumular mayores cantidades de deuda pública. Pero
¿qué determina cuánto desea tomar la Fed? ¿En qué punto debería la Fed dejar de
aligerar sus operaciones de mercado abierto y de crear tanto nuevos dólares
para entregarlos (indirectamente) al gobierno?
La restricción última a las operaciones de la Fed es la misma
que la que tenía nuestro rey hipotético: la reacción de inversores y ciudadanos
en respuesta al aumento de precios. Esto es, la reserva federal sólo puede
absorber cierta cantidad de la nueva deuda pública cada año porque una creación
excesiva de dólares llevaría a una inflación de precios inaceptable. Así nuestro
pródigo gobierno, como el monarca hipotético, debe financiar parte de su gasto
mediante los tradicionales préstamos de ciudadanos privados y otros gobiernos.
Conclusión
Despojada de su extravagante terminología y confusa mecánica,
la banca centralizada moderna se reduce a una operación legalizada de
falsificación. Si hubiera repentinamente una queja pública generalizada para “destruir
la imprenta” podemos apostar que nuestro hipotético monarca movilizaría a todos
sus aliados en los medios de comunicación para desacreditar a la gente que
amenace su fuente de ingresos. A la luz de esto, podemos entender la reacción
actual a la gente que pide “acabar con la Fed”.
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Robert
Murphy, investigador adjunto del Mises Institute y miembro de la facultad de la
Universidad Mises, gestiona el blog Free Advice y es autor de The
Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study
Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action
Study Guide y The
Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.