Por Mateusz Machaj. (Publicado el 28 de enero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4057.
Hace pocos días, la Fed anunció que había “ganado” una
cantidad récord de dinero en 2009. Posteriormente transfirió 46.000 millones de
dólares al Tesoro. Estamos en medio de una seria recesión, con una alta tasa de
desempleo, el mercado de la vivienda en una profunda crisis y la bolsa dando
sólo pequeños pasos hacia la recuperación. En este ambiente, la Fed obtiene
beneficios.
Es impresionante, ¿verdad? Por desgracia, las enormes
ganancias de la Fed son una señal de que la economía sigue en una terrible situación
y que ésta está empeorando.
Examinemos de cerca los balances de la Reserva Federal, al
menos en lo que hay disponible. Un año antes de alcanzar sus beneficios récord,
los activos de la Fed consistían en casi 500.000 millones de dólares en activos
públicos. Esto incluía bonos del Tesoro y activos emitidos por Fannie Mae y
Freddie Mac, los dos gigantes del mercado inmobiliario cuya solvencia está
garantizada por el gobierno federal. Como Fannie y Freddie son actualmente
propiedad del estado, los activos deberían considerarse títulos del estado.
Durante 2009, la Fed realizó intervenciones agresivas en los
mercados financieros: mediante varias operaciones, aumento la cantidad de
activos del estado en su poder a 1,8 billones de dólares. La cantidad de activos
públicos en el balance de la Fed se triplicó. Con este enorme aumento en
activos, 46.000 millones son sólo un 2,5% de rendimiento, que ha generado
directamente el gobierno.
Por tanto, lo que llama la Fed “beneficios” no son un signo
de la llegada de una gran reactivación de la economía. Más bien son un “truco
keynesiano” que ha ocultado el declive en el bienestar económico. A este truco
se le denomina frecuentemente como una “mezcla política”, una mezcla de
políticas fiscales y monetarias.
Funciona así. El recientemente electo Presidente Obama
aumenta el déficit presupuestario hasta llegar a un récord. Las Tesorerías para
esa deuda se envían al “mercado libre”. Al mismo tiempo, la Fed inicia sus
operaciones de mercado abierto, es decir, imprime dinero y compra deuda pública
con el fin de ponerla en su balance. Luego, cuando esta deuda se acerca al
vencimiento, el estado paga a la Fed por la deuda emitida (en lugar de pagar a
los inversores privados).
Pero eso no es todo. Contrariamente a las afirmaciones de
algunos grupos, la Fed no es un banco privado: no puede quedarse los beneficios
obtenidos por tener deuda pública. Más del 90% del dinero que el Tesoro paga a
la Fed va… de vuelta al Tesoro. Así que el estado moderno recibe beneficios de
imprimir moneda al tiempo que da una pequeña comisión a su intermediario
financiero.
Aquí reside, en pocas palabras, todo el misterio del plan
moderno de “imprimir bajo demanda”. No hay comida gratis, sino comida pagada
por otros.
Algunas agencias de noticias afirman que los beneficios de
la Fed demuestran que los contribuyentes no pierden dinero como consecuencia de
los masivos programas de rescate. Sin embargo, los hechos son que la Fed ganó
dinero mediante títulos del estado. Cuando el gobierno paga a la Fed con el fin
de aumentar sus “ganancias”, el dinero vuelve tranquilamente al gobierno.
Así, el gobierno y el banco central pueden mostrar
beneficios hasta el infinito derramando eternamente dinero de la cuenta del
Tesoro a la de la Fed y viceversa. O aún mejor, la Fed puede pagar al Tesoro
varias veces más imprimiendo billones de dólares de EEUU, comprando compañías
en Wall Street y logrando pequeños dividendos.
Por tanto, los llamados “beneficios” no son una evidencia de
que la economía de EEUU vaya bien. Lejos de ello, estos beneficios son una
prueba de que las impresoras están trabajando durante muchas horas. Además, el
estado ha asumido enormes responsabilidades, que ponen en cuestión la solvencia
de todo el sistema financiero estadounidense. Esto hace más probable la
hipótesis de un retorno de la alta inflación (aunque este escenario es
actualmente menos probable que una mayor “deflación” del crédito).
Deberíamos aprovechar esta oportunidad para ocuparnos de un
problema distinto, las reglas de contabilidad de la Reserva Federal. Al
contrario que la mayoría de las instituciones financieras, la Fed no cumple con
la regla de prudencia contable, el principio de acuerdo con el que, en caso de
que haya activos que pierdan valor, las cuentas deben reevaluarse con el fin de
reflejar el precio de mercado.
Si los títulos emitidos por Fannie y Freddie y comprados por
la Fed pierden repentinamente un 50% de su valor, la Fed no tiene que apuntar
las pérdidas en estos activos. Este mecanismo hace del banco central, no sólo
un prestamista de último recurso, sino también un creador de mercado de último
recurso.
La cuestión que aflora es qué podría pasar si la Fed
afrontara la necesidad de revender los activos con el fin de aumentar los tipos
de interés o detener la inflación.
Luego podemos encontrarnos con que la Fed no sería capaz de
vender estos títulos al precio fijado en libros. Para convencer a los bancos
privados de que los compren en operaciones de mercado abierto, podría tener que
rebajar el precio. Luego la Fed no tendría otra alternativa que registrar las
pérdidas reales. Esto incluso podría generar que la Fed tenga un patrimonio
negativo.
Si se llegara a esto, hay dos posibles escenarios. En el
primero, el banco central sería recapitalizado por el Tesoro. Sería un
escenario interesante, en el que el poder de fijar impuestos apoyaría el poder
de imprimir y no al contrario. En el otro escenario, como nada impide a la Fed
tener un patrimonio negativo (no es una empresa privada que cotice en bolsa) no
habría consecuencias. Bien podría continuar sus operaciones sin diferencias
notables.
¿Pero eso no significaría el colapso del dólar? El valor de
los pasivos sería mucho mayor que el de los activos, mientras que el dólar no
estaría siquiera cubierto por bonos emitidos por el estado.
En cualquier caso, una cosa es segura: desde el punto de
vista del mercado, la Fed es una institución quebrada. La historia ofrece un
ejemplo de una moneda basada en un mercado inmobiliario falso: los assignats franceses, que acabaron
siendo completamente devaluados.
Lo único que mantiene viva la Fed es el paraguas protector
del estado estadounidense y sus leyes de curso forzoso. No es una relación
parasitaria, sino simbiótica. Lo que queda por ver es lo fuerte que es este
lazo simbiótico y cuánto tiempo tardará en producirse la inevitable caída.
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Mateusz Machaj, Doctor en Economía, es fundador del Instituto Ludwig von Mises en Polonia. Ha sido
profesor de verano en el Instituto Ludwig von Mises.