Las consecuencias no previstas de la legislación del crédito

Por Jeremiah Dyke. (Publicado el 22 de enero de 2010).

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4007.

                         

Un distintivo del fracaso del estado es su incapacidad de predecir la respuesta del mercado a las políticas que impulsa. De hecho a muchos niveles el estado es incapaz de cambiar los fines del mercado, haciendo que sólo se redirijan sus medios.

La legislación sobre tarjetas de crédito aprobada el pasado diciembre establece una serie de regulaciones que gobiernan  las formas en que las agencias de tarjetas de crédito pueden tratar con sus clientes. Varias normas que se pondrán en vigor en julio de 2010

  • Limitarán las subidas de los tipos de interés en las cuentas de tarjetas de crédito existentes.
  • Mantendrán un tipo de interés fijo en nuevas compras durante el primer año de una tarjeta y los aumentos de tipos posteriores requerirán dar un preaviso con 45 días de adelanto.
  • Eliminarán el impago universal.
  • Darán a los poseedores de tarjetas al menos 21 días para pagar las facturas mensuales.
  • Asignarán pagos por encima de la cantidad mínima debida cada mes a objetos con balances de tipo de interés más alto.
  • Limitarán las comisiones de las tarjetas de crédito por encima del límite y subprime.
  • Mostrarán más claramente términos como las fechas y horas de pago, los totales anualizados de los intereses y comisiones y la implicación de realizar sólo los pagos mínimos en las facturas de tarjetas de crédito cada mes.

Aún así, a la vista de que la legislación de julio ha puesto un tope a las cuotas anuales de las tarjetas de crédito del 25% de la línea de crédito del poseedor de la tarjeta (ver aquí), las empresas de tarjetas han respondido (como podía esperarse) aumentando sus tipos de interés básicos. Una compañía, First Premier, ha aumentado en la práctica su tipo de interés anual básico al 79,9%.

Está claro para cualquier observador razonable que este tipo de respuesta no buscada es completamente racional, e incluso predecible. Pero nuestros gobiernos (en lugar de ver la supuesta crisis del consumo en términos de la cuestión de por qué esos potenciales poseedores de tarjetas son en realidad un riesgo o desde el punto de referencia del riesgo moral –vía protección de la Reserva Federal–)  se  engañan al pensar que pueden cambiar los fundamentos del mercado.

Queda el hecho de que los que merecen crédito piden que se les recompense por esa responsabilidad y la competencia (vía bajos tipos de interés, devoluciones en dinero, etc.) es el medio que facilita esas recompensas. Igualmente los receptores que no lo merezcan llevan con ellos y responsabilidad que sólo puede compensarse con cuotas anuales o tipo de interés más altos.

No hay una agenda racial oculta o vasta conspiración por parte de la burguesía. Simplemente hay prestadores y prestatarios realizando las transacciones que consideran mutuamente beneficiosas. Sean estas transacciones las que sean en la realidad, el que sean beneficiosas no es en absoluto una cuestión política. Más bien es una cuestión educativa y va en función del tiempo.

Una pregunta más sensata quizá sea por qué se busca a esos acreedores. Y por qué, cuando se les busca, los prestamistas se detienen en tipo de interés anual del 79,9%. Sin duda, si los consumidores nadan en la ignorancia, como nos hacen creer, estarían dispuestos a aceptar tipos de interés anual del 100% o el 1.000%. Entonces ¿quién creemos que ha salvado a los consumidores de su destino? Sin duda, no nuestros legisladores, pues es ahora cuando se dan cuenta de estos asuntos. Debe ser la misma benevolencia de los prestamistas.

Por desgracia, aun cuando el poder legislativo acabe dedicando su atención a limitar los tipos de interés anuales, estas compañías en busca de beneficios ingeniarán creativamente una forma suplementaria de proveer crédito a los menos dignos de él. Así, igual que el preso que tiene 24 horas al día para encontrar su mejor ruta de escape, estas compañías de tarjetas tienen 24 horas al día para buscar su mejor ruta hacia la maximización del beneficio. Nuestros legisladores están meramente desplazando transacciones mutuamente beneficiosas.

Por tanto ya sea dañando desproporcionadamente a los trabajadores jóvenes afroamericanos con leyes de salario mínimo o poniendo más en peligro a especies ya en peligro, el estado no está a la altura de los mecanismos del mercado. Sigue siendo un esclavo de las consecuencias no previstas.

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Jeremiah Dyke es profesor de matemáticas y defiende los libres mercados y la libertad de elegir. Invita a quien quiera a contactarle si quiere realizar una tormenta de ideas.

Published Sun, Jan 24 2010 7:56 PM by euribe