Una reforma económica real para un dolorido Haití

Por Richard M. Ebeling. (Publicado el 18 de enero de 2010).

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4035.

                         

Nuestras pantallas de televisión se han visto llenas de esas trágicas imágenes de devastación y penurias humanas causadas por el terremoto en el país caribeño de Haití.

Las agencias de ayuda estatales y privadas están uniendo sus esfuerzos para llevar asistencia a los supervivientes de este desastre natural, que puede haber ocasionado la muerte cerca de 100.000 personas, de acuerdo con algunas estimaciones iniciales provenientes de ese país.

Las agencias privadas de caridad han mostrado tener históricamente un mayor grado de flexibilidad, creatividad y adaptabilidad que los gobiernos para gestionar este tipo de emergencias en el contexto de las condiciones del área afectada.

Pero aparte de eso, los gobiernos (por muy bienintencionada y útil que pueda ser su ayuda para las víctimas de estos desastres) a menudo empiezan a pensar en “ideas más grandes” acerca de la necesidad y conveniencia de una ayuda política más permanente en la nación afectada.

Esas voces ya están apareciendo en forma del antiguo presidente Bill Clinton, que ahora se desempeña como enviado especial de la ONU a Haití. En la página de opinión del 14 de enero del Washington Post, Clinton escribe acerca de “Lo que podemos hacer para ayudar a Haití, ahora y luego”. Pide un esfuerzo conjunto de “gobiernos, empresas y ciudadanos privados” para reconstruir y dirigir a Haití hacia un camino de futuro crecimiento económico y prosperidad.

Se nos ha recordado que Haití es la nación más pobre del hemisferio occidental. En un momento en que muchos países en las áreas menos subdesarrolladas del globo han estado saliendo de la pobreza durante las últimas décadas, Haití, por el contrario, es uno de esos países que ha continuado estancado con un 50% de desempleo y una estimación del 80% de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza antes del terremoto. En un momento en que cada vez más países se industrializan y se diversifican económicamente, cerca de 65% del pueblo de Haití sigue dependiendo de la agricultura de baja productividad en su miserable nivel de vida.

El gobierno, no sólo en décadas, sino también durante más de dos siglos, ha sido notablemente corrupto, brutal y tiránico. Si hay un ejemplo de la idea de Frédéric Bastiat de “saqueo legalizado”, bajo el que los poderes del gobierno se aplican para robar la riqueza de algunos en beneficio de otros que están políticamente bien relacionados, éste es Haití a lo largo de su triste historia.

Miles de millones de dólares de los contribuyentes de los Estados Unidos y muchos otros países han ido a un enorme saco sin fondo del gobierno que ha forrado los bolsillos de los gobernantes y sus compinches en Haití. Y ahora el Presidente Obama ha anunciado que los contribuyentes de EEUU enviarán 100 millones de dólares adicionales a Haití los próximos meses y años. Por desgracia no habrá ningún beneficio duradero o mejora sostenida en las terribles condiciones del pueblo haitiano por toda esta generosidad redistribuida políticamente.

Para su mejora a largo plazo, Haití necesita lo que Adam Smith llamaba en su Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones un “Sistema de libertad natural”:

  1. Derechos de propiedad privada seguros y definidos para todos los ciudadanos que sean reconocidos y aplicados por la policía y el sistema legal.
  2. Libertades civiles seguras y respetadas, que incluyen la libertad de expresión, de prensa y asociación, en los que la libertad de asociación incluye el derecho de cada individuo a abrir y operar negocios y competir pacíficamente en cualquier tipo de empresa sin regulaciones, licencias ni controles restrictivos del gobierno.
  3. Actividades del gobierno severamente limitadas a aquellas funciones básicas pero esenciales de reconocer y proteger el derecho de cada individuo a su vida, libertad y propiedad honradamente adquirida. Esto incluye un sistema de estado de derecho imparcial sin favores o privilegios políticos para algunos a expensas o en perjuicio de otros.
  4. Impuestos bajos, transparentes y previsibles para financiar esas actividades gubernamentales limitadas, sin parcialidad fiscal hacia los ahorros, la inversión y la formación de capital, que son ingredientes necesarios para aumentar los niveles de vida sostenibles en el futuro.
  5. Un sistema monetario estable y no inflacionista.
  6. Libertad de comercio, sin aranceles, cuotas u otras restricciones legales a las importaciones y exportaciones. También se necesita una actitud positiva hacia las inversiones extranjeras basadas en el mercado en la economía haitiana.
  7. Ausencia de políticas de envidia contra los “negocios” y los éxitos empresariales, pues en cualquier sociedad son las empresas privadas y los empresarios creativos y que asumen riesgos quienes son las “máquinas humanas” del crecimiento, la innovación y la coordinación competitiva de la economía.

Aunque estas políticas pueden ser muy recomendables para el pueblo haitiano y quienes estén en el gobierno de ese país, el hecho es que son reformas que deben entenderse, quererse y finalmente implantarse `por los propios haitianos. No pueden imponerse con éxito en ese desafortunado país por una élite ilustrada en los Estados Unidos o cualquier otro lugar.

Todo cambio real y duradero tiene que venir del interior de los propios individuos y a su través para toda la nación en su conjunto.

Lo que el pueblo haitiano no necesita y no le resultará de ayuda es gente de dentro u fuera del gobierno en otros lugares del mundo recomendando y reforzando todas las actitudes, ideas y políticas que sólo han logrado mantener la pobreza en Haití.

En asuntos internacionales, políticos y diplomáticos siempre están hablando de no enviar “señales erróneas” a otras naciones y gobiernos en las relaciones globales de toma y daca. Propuestas como la del ex-presidente Clinton representan esas mismas señales erróneas a un pueblo que necesita cualquier generosidad benevolente individual y de asociación voluntaria que puede reunirse en el momento de una gran tragedia humana.

El pueblo de Haití necesita algunas “señales correctas”  acerca de cómo, a partir de este desastre, es posible una recuperación real que pueda poner las piedras angulares para una nueva y próspera economía haitiana. Pero esas señales no deben ser ideas políticas de más de lo mismo en intervenciones gubernamentales fracasadas, controles o redistribuciones obligatorias, sea entre las gentes de Haití o del resto del mundo con Haití.

Lo que necesita el pueblo de Haití son derechos de libertad individual y seguridad de la propiedad en un mercado abierto y libre que pueda estimular los potenciales creativos del propio pueblo. Ningún burócrata o político en Washington ni en Puerto príncipe, la capital de Haití, posee una fracción del conocimiento de lo que tiene que hacerse (cómo, donde o cuándo o por quién) como lo saben los propios 10 millones de haitianos.

Sí, pueden usar toda la ayuda que todos y cada uno de los hombres de buena voluntad pueda querer ofrecer ahora mismo, pero la recuperación que pueda empezar “mañana” sólo puede realizarse desatando las energías y capacidades creativas del pueblo de Haití. Y eso significa que su gobierno y otros tienen que apartarse y no hacer que un proceso de recuperación basado en el mercado sea más difícil de lo que tiene que ser.

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Richard Ebeling enseña economía en la Universidad de Northwood. Fue presidente de la Fundación para la Educación Económica y es investigador adjunto del Instituto Mises. Vive con su esposa Anna en Midland, Michigan, con su perro labrador de color chocolate, Ludwig von Mises IV.

Published Tue, Jan 19 2010 2:01 PM by euribe

Comments

# re: Una reforma económica real para un dolorido Haití

Thursday, January 21, 2010 8:25 AM by martinf

Vaya, yo también traduje este artículo para LD!