Por William Sievert. (Publicado el 4 de enero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4017.
[Publicado
originalmente como “Song that's driving teachers up
the wall” en Libertarian Review, Vol.
9, Nº 9 (Septiembre de 1980), pp. 42–43]
La canción “Another Brick in the Wall” de la
banda británica Pink Floyd ha sido prohibida en Sudáfrica, ignorada por algunas
emisoras de radio en Estados Unidos y atacada por maestros en todo el mundo.
Aún así la canción se ha convertido en la grabación de rock
más popular de 1980.
“Another Brick in the Wall”, cantada como un inquietante
coro de voces infantiles que acompaña a la banda, es la pieza central de un álbum
de concepción sombría, “The Wall”, en el que el escritor de letras de Pink
Floyd, Roger Waters acusa a la sociedad occidental de usar sus escuelas y otras
instituciones públicas para construir alrededor del individuo una muralla
impenetrable de condicionamiento social.
Aunque la canción no es el primer ejemplo del tema de la
antieducación en la música pop, llega en un momento en que un creciente número
de estudiantes están cuestionando el valor de su educación. Así, los jóvenes
están respondiendo a la canción con un entusiasmo inusitado (e inquietante).
En mayo [de 1980] el
gobierno sudafricano prohibió la canción (y el álbum) porque “Another Brick in
the Wall” se había convertido en el himno de una huelga nacional de más de
10.000 estudiantes “de color” (mulatos) y sus partidarios blancos. Los
estudiantes habían venido protestando por la desigualdad de gastos en la
educación de las distintas razas, sí como la “intimidación” por parte de los
profesores, cuya autoridad desafía la canción de Pink Floyd. La censura del
gobierno prohíbe que las emisoras de radio emitan la canción, a las tiendas
venderla y a los individuos poseerla.
En los Estados Unidos, educadores de varios estados han
tratado (con cierto éxito) de eliminar la canción de las emisiones de las
cadenas de radio. Hope Antman, de Columbia Records, en Nueva York, dice
“la resistencia de la radio ha
sido sorprendentemente fuerte. La emisoras empezaron a recibir llamadas y
cartas de protesta de maestros y directores y consejos de escuelas afirmando
que ‘Another Brick in the Wall’ estaba creando una crisis en sus aulas”.
En el área de la Bahía de San Francisco, el disco “sigue de
moda”, dijo Pierra Robert, programadora ayudante de KSAN, que añadió que estaba
siendo emitida tanto por emisoras de rock como por emisoras de disco”.
Un graffiti de “We Don’t Need No Education” [“No necesitamos
ninguna educación”] apareció en la paredes de un túnel en el distrito de Sunset
de San Francisco y esta frase se ha repetido a la hora de la comida en escuelas
privadas de jesuitas en la ciudad.
Por otro lado, al menos una docena de emisoras de rock en
grandes ciudades han dejado de emitir el disco o rechazaron añadirlo a sus
listas. La resistencia ha sido aún mayor en pueblos más pequeños, dice Antman.
Un maestro de Chicago ha llegado a grabar su propio disco como respuesta a Pink
Floyd, cambiando la letra a “We all need an education” [“Todos
necesitamos una educación”].
La respuesta fue un fracaso instantáneo, miestras que el
ataque de Pink Floyd a las escuelas ha dominado las listas de éxitos durante
meses. De acuerdo con la revista del mundo del espectáculo Variety, el álbum
fue número uno en ventas durante veinte semanas consecutivas el último invierno
y primavera y “Another Brick” lideró las listas de sencillos durante seis
semanas. Ambos han permanecido entre los cinco primeros de febrero a junio,
aunque “Another Brick” nunca estuvo en la lista de Variety entre las
cinco canciones más emitidas en la radio.
Las ventas de álbumes han sobrepasado los tres millones en
todo el mundo, con el sencillo no muy por debajo. “Es un logro sin precedentes
para un álbum que se ha pasado tan poco por la radio”, dice Antman.
Por supuesto, a los adolescentes nunca les ha gustado la
escuela y su espíritu desfiante ha sido frecuentemente recogido en las letras
de las canciones de rock. A mediados de la década de 1970, “School’s Out
(Forever)”, de Alice Cooper, fue número uno en las listas; en la de 1960, fue “School’s
Out (At Last)”, de Gary U.S. Bond.
El sentimiento antieducación del rock data de los primeros días
de esta música, cuando Chuck Berry contrastaba frecuentemente la frustración
del aula con la satisfacción de los coches rápidos y la música.
¿Así que por qué “Another Brick” produjo tantas protestas? Por
una razón, es mucho más dura en el tono y contenido que sus predecesoras.
Como explica Kurt Loder, de la revista Rolling Stone,
“al revisar el disco, Roger
Waters esta diciendo que en las escuelas gestionadas por el gobierno, los niños
se ven metódicamente atormentados y humillados por profesores que reciben su
merecido cuando van a casa por la noche y ‘sus gordas y psicópatas esposas les
destruirían en pedacitos’”.
Es un material muy duro y difícilmente el sello de un álbum
de éxito.
Los maestros encontraron esa vehemencia especialmente
problemática. “Muchos educadores, especialmente en las zonas urbanas, no sólo
se enfadaron por el ataque a su profesión en la canción, sino que temían que
llevara a una ola de protestas de los estudiantes esta pasada primavera”, dice
un funcionario de la Asociación para la Educación Nacional, que no quiere que
se revele su nombre.
“Los maestros estaban preocupados
porque sus estudiantes la cantaban en los pasillos y la citaban en el aula, y
sentían la necesidad de dar algún tipo de respuesta. La canción no ha llevado a
protestas significativas (al menos en este país), porque la generación actual
de bachilleres no cree mucho en las protestas. A partir de las estadísticas que
tenemos, es más posible que abandonen que que reclamen reformas cuando sienten
que se les ha agraviado en la escuela”.
De acuerdo con las cifras del Departamento de Educación,
cerca de un millón de adolescentes han abandonado la escuela, dejando el grupo
de graduados esta primavera con un 25% menos que cuando se empezó el curso.
Las entrevistas con numerosos estudiantes de bachillerato
indican que la canción de Pink Floyd ha acertado en el tono de enfado y
frustración con el que muchos estudiantes se identifican fuertemente.
Mark Jenkins, de Alexandria, Virginia, dice “Pink Floyd me
está hablando en esa canción”.
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William
Sievert es un antiguo editor de la revista Chronicle of Higher Education
Arts.