La Ilustración económica por Ballvé

Por John Chamberlain. (Publicado el 5 de enero de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3901.

[The Freeman, 1969]

 

Si quiere un conocimiento inmediato La economía en una lección de Hazlitt sigue siendo el texto apropiado. Si quiere un conocimiento en gran profundidad, ahí está La acción humana de Mises. Pero si está buscando en la categoría “intermedia”, los Fundamentos de la ciencia económica de Faustino Ballvé es su libro.

El Dr. Ballvé fue un español nacido en Cataluña. Se desilusionó con su país en los años treinta, cuando las opciones de vida para quien quisiera quedarse en España parecían haberse limitado al fascismo o al comunismo. Habiendo estudiado economía en Inglaterra, donde se las arregló para resistir a los fabianos. El Dr. Ballvé tuvo algún conocimiento de la idea del libertarismo bajo la ley que uno solía pensar que era algo peculiarmente anglo-sajón.

Se llevó consigo su filosofía a México en 1943, en donde escribió Diez lecciones de economía o, como fue traducida para su versión francesa, L'Economie vivante. La versión en inglés, publicada por primera vez por Van Nostrand en 1963 incluye algunos cambios sustanciales realizados para el público francés.

El Dr. Ballvé debe haber tenido en mente a sus hermanos catalanes cuando escribió su libro, pues sus claras distinciones parecen dirigidas al libertario emocional, particularmente común en los países latinos, que tiende a pensar en la libertad como sinónimo de la anarquía. El libertario emocional se apunta al sindicalismo revolucionario. Pero el sindicalismo revolucionario, como lo veía el Dr. Ballvé, generaba interferencia de grupo con el mercado y empujaba a la economía en dirección al corporativismo, que demanda el control del estado de los sindicatos y así niega los impulsos originales de los individualistas anarquistas. Habiendo renegado de la aberración de sus compatriotas, que parecen tener la habilidad de cambiar las cosas en su opuesto, el Dr. Ballvé estaba en una posición excepcional para llevar los principios del liberalismo clásico a la audiencia latina.

Libertad de elección

El liberalismo clásico supone derechos que deben garantizarse por ley y ser protegidos por los tribunales. En economía, el derecho a la vida, que es fundamental, se convierte en derecho a poseer y a intercambiar lo que se posee en el libre mercado si así se desea. (¿Cómo va a apoyarse si no la vida como un derecho, no como algo que se vive sufriendo a un tirano?)

Al traducir su liberalismo a términos económicos, el Dr. Ballvé rechaza hablar acerca de esa abstracción irreal, el “hombre económico”. Como Mises, Ballvé piensa que todas las opciones, sean económicas o no, compiten por el tiempo y la energía de un individuo. Cualquier elección de cualquier tipo afecta al mercado. Como dice el Dr. Ballvé:

“la retirada de un empresario con una disposición genial puede traer fortuna o desgracia a muchos otros empresarios, igual que la indiferencia de un buscador de la verdad sobre consideraciones monetarias puede, en un momento dado, hacer ricos a sí mismo y a otros”.

Luego hay una competencia

“no sólo entre bienes vendibles, sino asimismo entre cosas que, como solemos decir, ‘no tienen precio’”

Las elecciones de los hombres no pueden predecirse; es más, no puede siquiera hacerse la media. Así que no puede haber ninguna “economía matemática”, aparte de la ciencia de la estadística, que nos dice lo que ha pasado, no lo que va a pasar. El futuro es desconocido: puede cambiar con formas completamente impredecibles de invención, imaginación, espíritu de aventura y el deseo de aprovechar oportunidades.

El valor es un asunto subjetivo que se objetiviza en el precio cuando la gente cambia “desutilidades” (para ellos) por “utilidades” (que son “desutilidades” en la otra parte). Nos deshacemos de lo que valoramos menos para llevarnos algo que valoramos más. Y nuestro juicio puede considerar o no las “horas de trabajo” que conlleva hacer algo o su valor “intrínseco”. La discusión sobre un montón de deseos subjetivos se realiza en el contexto del poder adquisitivo disponible (dinero y crédito) y es el “mercado” el que hace los precios.

Por supuesto, el estado puede inflar o desinflar el nivel de precios prevalente fabricando o destruyendo dinero. Los gobiernos crean las depresiones siguiendo políticas intervencionistas que expanden el crédito sin suficiente conocimiento de lo que quiere la gente.

La intervención, si no hay un golpe de suerte, provoca malas inversiones. En las naciones socialistas esto llena los almacenes de bienes no deseados; en las naciones capitalistas y semicapitalistas, aumenta los inventarios, que tienen que sacrificarse con pérdidas.

Orientado al consumidor

Todo es fluido en el mundo del Dr. Ballvé. Los salarios no se pagan con ningún “fondo salarial” fijo de acuerdo con una “ley de hierro de los salarios”: es el consumidor, en el último análisis, el que paga al trabajador, así como al inversor y al empresario. El consumidor hace la demanda que genera la oferta, de nuevo dentro del contexto de la disponibilidad de dinero, bienes y servicios.

Quién va a obtener qué del círculo de producción, distribución y consumo, depende de muchas variables, ninguna de las cuales puede predecirse con exactitud. El deseo de la clase trabajadora de reproducirse depende de consideraciones de cultura general. La “pobreza” es un concepto subjetivo, lo que era “riqueza” para un cortesano en tiempos de Luis XIV hoy sería considerado “pobreza” por muchos.

El Dr. Ballvé es especialmente bueno en su descripción del proceso económico como una red sin agujeros. La producción, la distribución y el consumo no pueden separarse. La producción, de acuerdo con la Ley de Say de los mercados, entrega el poder de compra (salarios, intereses, dividendos, ganancias) suficiente para liquidar el mercado, con la distribución apareciendo como un coste. Los numerosos lapsos de tiempo que separan el acto de producción del de consumo se superponen.

No puede haber algo como una “sobreproducción” general, aunque los empresarios pueden hacer malas predicciones en casos individuales que requieran una liquidación de inventarios con pérdidas. Si el estado no interfiere en las rítmicas pulsaciones del proceso económico, el desempleo en sectores concretos desaparecerá rápidamente pues los trabajadores que se hayan visto perjudicados temporalmente por las malas predicciones se irán a trabajar con empresarios dotados de una mayor capacidad de prever.

Comercio internacional

El esfuerzo por separar naciones para resolver sus problemas sobre una base socialista (que se convierte en “nacional socialismo” aunque los marxistas se proclamen de puertas afuera como “internacionalistas”), lleva al empobrecimiento nacional, pues, si uno no puede importar lo que otra gente puede fabricar más barato, uno se ve necesariamente forzado a dejar de fabricar exportaciones que comprarían lo máximo por lo mínimo en el mercado mundial.

Todos los países tienen que importar comida y materias primas y bienes manufacturados si quieren vivir bien: la idea de cultivar plátanos en la zona templada o fabricar automóviles en el desierto es evidentemente idiota. La ley de los costes comparativos siempre es aplicable.

Así que cuando las naciones empiezan a preocuparse por el “balance comercial”, están diciendo, en efecto, que el precio de una moneda expresado en un tipo de cambio es más importante que los plátanos o los automóviles o lo que sea. Es una perversión que sacrifica al consumidor por una abstracción: mejor dejar que la moneda busque su propio nivel en los mercados monetarios mundiales.

La descripción del Dr. Ballvé de una economía dirigida al consumidor no es una descripción del mundo contemporáneo. Los gobiernos de todas partes parecen estar compitiendo para promover la máxima cantidad de malas inversiones con su constante monetización de la nueva deuda. A causa de esto, los libertarios y conservadores han venido prediciendo durante años una repetición del crash de 1929. No se ha producido.

Pero lo que sí se ha producido es que los individuos están constantemente forzados a entregara cada vez más libertades mientras los gobiernos continúan inflando sus monedas. La “economía controlada”, como dice el Dr. Ballvé, “lleva inevitablemente hacia el comunismo”.

Y, como dijo Hayek, “los peores llegan a la cima”, pues el acto de controlar requiere individuos duros, dispuestos a usar la maza, el látigo y la sentencia de cárcel para hacer carrera.

El pequeño libro del Dr. Ballvé ocupa 99 páginas de texto, más el espacio dedicado a un prólogo de Feliz Morley y los prefacios de las ediciones en inglés y español.[1] Para quienes no tengan tiempo para leer La acción humana de  Mises, el Dr. Ballvé es una buena introducción a la “ciencia de la elección”.

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John Chamberlain (1903-1995) fue un periodista estadounidense, autor de libros sobre capitalismo y considerado como “uno de los más relevantes críticos literarios de Estados Unidos”. Influenciado por Albert Jay Nock , atribuyó a las escritoras Ayn Rand, Isabel Patterson y Rose Wilder Lane su “conversión” a lo que llamaba “una vieja filosofía estadounidense” de ideas libertarias. Junto con sus amigos Henry Hazlitt y Max Eastman ayudó a promocionar el trabajo de F.A. Hayek escribiendo el prólogo a la primera edición estadounidense de Camino de servidumbre en 1944. En 1946, Leonard Read, de la Foundation for Economic Education, fundó una revista sobre libre mercado llamada The Freeman, recuperando el nombre de una publicación que había dirigido Albert Jay Nock. Sus primeros directores incluyeron a Chamberlain y Herny Hazlitt. Después de cesar como director, Chamberlain continuó con su columna periódica para la revista, "A Reviewer’s Notebook".

Este artículo fue publicado originalmente en The Freeman, 1969, vol.19, pp. 317-320.



[1] Nota del editor: La edición del Instituto Mises (2008) tiene en total 129 páginas e incluye los prefacios en inglés y español y el prólogo de Morley.

Published Wed, Jan 6 2010 12:49 AM by euribe