Por Justin Rohrlich. (Publicado el 22 de diciembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/3934.
De acuerdo con un reciente informe de la Oficina de
Presupuesto del Congreso, el aumento en el uso del etanol es responsable de un
incremento en los precios de los alimentos de aproximadamente entre un 10% y un
15%.
¿Por qué?
Estamos transformando el maíz en combustible (uno altamente,
por cierto) en lugar de en comida.
El Centro Mackinac para las Políticas Públicas apunta que
“mezclar mercados de alimentación y combustible por razones políticas no ha
producido a los consumidores estadounidenses ningún bien apreciable, al tiempo
que produce un daño mensurable”.
Sin embargo quizá resuma el asunto más sucintamente Mark J.
Perry, profesor de economía en la Universidad de Michigan-Flint:
“Cada vez que veamos que Paul
Krugman está de acuerdo respecto del etanol con un grupo tan diverso como el Wall
Street Journal, Reason Magazine, el Instituto Cato, Investor's
Business Daily, Rolling Stone Magazine, el Christian Science
Monitor, The New York Times, John Stossel, The Ecological Society of
America, American Enterprise and
Brookings Institutions, la Fundación Heritage, George Will y Time,
sabemos que el etanol ha de ser una de las políticas públicas más equivocadas
de la historia de EEUU”.
Pero Brasil parece haberlo hecho funcionar. Utilizando sólo
un 1% de su terreno cultivable, Brasil ha producido 6.570 millones de galones
de azúcar de etanol el pasado año, aproximadamente la mitad de la producción
anual de petróleo de Iraq. El etanol supone alrededor del 50% de combustible de
automoción de Brasil. General Electric y el fabricante brasileño de aviones
Embraer están trabajando para desarrollar etanol apropiado para la aviación
comercial, con un posible vuelo de prueba a principios de 2012. Más importante
es que Brasil depende del petróleo importado sólo un 10% para sus necesidades
energéticas de hoy, debido en buena parte a su industria del etanol.
Entonces, ¿qué está haciendo bien Brasil?
La respuesta es simple. Al contrario que Estados Unidos,
Brasil hace su etanol a partir del azúcar, lo que deja más de ocho unidades de
energía por cada unidad invertida, mientras que el etanol basado en maíz deja
una mísera unidad y media de energía por cada unidad invertida. El etanol
basado en azúcar es asimismo barato de producir, a sólo 60 centavos el galón.
Parece demasiado obvio. Ya existe un combustible alternativo
que funciona. ¿Qué nos impide usarlo?
Lo que nos lo impide es una decisión tomada hace 36 años por
un hombre llamado Rusty Nutz, antes de que el etanol fuera siquiera un destello
en el radar de alguien.
En 1973, Earl “Rusty” Butz, jefe del Departamento de
Agricultura del Presidente Nixon abolió los apoyos a los precios agrícolas
introducidos por la administración Roosevelt. Estos apoyos pretendían proteger
las cuentas de los granjeros limitando la oferta cuando las buenas cosechas inundaran
el mercado y evitar exprimir a los consumidores poniendo en venta el grano
almacenado cuando las cosechas fueran escasas y los precios repuntaran
naturalmente.
Butz aumentó el apoyo político de la administración animando
a los granjeros a plantar “de lado a lado” al proveerles el gobierno subsidios
directos para cubrir la diferencia entre los precios de mercado y los costes de
producción.
Por supuesto, plantar “de lado a lado” hizo exactamente lo
que podría esperarse: la producción excedió la demanda y los precios se
desplomaron. Esto no sentó demasiado bien a Archer Daniels Midland (ADM), la
mayor refinera de maíz de la nación.
Había demasiado maíz para comer. De repente, ADM necesitó
idear cómo estimular las ventas de todo ese exceso de comida.
Entonces la compañía se fijó en una técnica japonesa llamada
“moledura húmeda”. La moledura húmeda convertía los granos de maíz en lo que
ADM esperaba fuera una alternativa de bajo coste al azúcar, el ahora tan común
jarabe de maíz alto en fructosa.
Aunque el jarabe de maíz alto en fructosa era una
alternativa al azúcar, seguía siendo imposible fabricarlo suficientemente
barato como para hacer de él una alternativa de bajo coste.
Aparece Dwayne Andreas, que, en ese momento, era el
consejero delegado de ADM.
Ocurrió que los cultivadores de caña de azúcar de florida
estaban en medio de una protesta para obtener del Congreso que impusiera un
arancel al azúcar extranjero, que estaba ejerciendo una presión a la baja en
los precios del mercado. Andreas decidió ayudar financiando los cabildeos de
los cultivadores de caña de azúcar para convencer al Congreso para imponer una
cuota sobre el azúcar no-EEUU, que había venido inundando el mercado de EEUU y
manteniendo los precios bajos.
En resumen, ADM apoyó el programa político de su competencia
y, cuando Ronald Reagan accedió a la Presidencia, el arancel del azúcar se
implantó con rapidez. Naturalmente los precios del azúcar subieron, eclipsando
los costes del jarabe de maíz alto en fructosa de ADM. Los fabricantes de
refrescos como Coca-Cola y Pepsi se cambiaron rápidamente a la alternativa más
barata.
Quizá por eso hay una estatua de Ronald Reagan en las
oficinas centrales de ADM. Es una representación del agradecimiento de un
librecambista a otro por promover lo que es, esencialmente, una política
socialista.
El consejero delegado de ADM, Andreas, no parece ver nuestra
sociedad capitalista a través de las mismas lentes que la mayoría de los demás.
En una entrevista dijo: “No hay ni siquiera un grano de algo en el mundo que se
venda en un mercado libre. ¡Ni uno! El único sitio donde vemos un mercado libre
es en los discursos de los políticos. La gente que no está en el Medio Oeste no
entiende que éste es un país socialista”.
Por lo visto, el “socialismo” le ha ido bien a Dwayne
Andreas. Un informe de James Bovard para el Instituto Cato indica: “Al menos el
43% de los beneficios anuales de ADM vienen de productos altamente
subvencionados o protegidos por el gobierno estadounidense. Además, cada 1$ de
beneficio ganado por el endulzante de maíz de ADM cuesta a los consumidores
10$”.
El profesor de Minyanville
y el gestor de fondos de Houston, Ryan Krueger dice:
“El arancel del azúcar es la
mayor estafa desde la hora de Martinizing. Por primera vez el la historia
humana, más de mil millones d epersonas este año se clasificarán como
‘hambrientos crónicos’. Inflaremos artificialmente los precios para los
granjeros de EEUU, mandando a la quiebra a los granjeros pobres de África o
Sudamérica y luego daremos la vuelta y les enviaremos ayuda alimentaria”.
Continúa:
“El precio mundial del azúcar es
de 22 centavos por libra. ¿El precio en EEUU a causa del arancel? 44 centavos.
¿Quieres fabricar caramelo y comprar azúcar por 22 centavos? Lo siento, no
puedes, es ilegal. ¿Y si bajan los precios del azúcar? Ni lo sueñes, Washington
lo tiene previsto, garantizando un precio de no menos de 18 centavos”.
Sin duda deba haber más en esta historia.
No.
En palabras de Krueger,
“Me encantaría todo lo bueno y nada
de lo malo en un juego en que se prohíbe a mis competidores jugar contra mí, y
que si por alguna razón no consigo resultados el operador del marcador me
seguirá apuntando puntos de todas maneras, siempre que vote por el árbitro
correcto cuando venza su contrato”.
Vale, así que ADM secuestró el mercado del endulzante. ¿Qué
tiene esto que ver con el etanol brasileño y la insistencia de nuestro país en
seguir adelante con el peor etanol fabricado a partir del maíz, incluso aunque
el etanol de caña libre de aranceles rebajaría los precios del combustible
sustancialmente?
El camino lleva directamente a la vieja política de hoy por
ti y mañana por mí.
Tendría usted razón en suponer en suponer que la demanda de
refrescos disminuye durante los fríos meses de inverno. ¿Qué haría ADM con el
equipo ocioso de moledura húmeda durante su “temporada baja” del jarabe de maíz
alto en fructosa?
Resulta que las máquinas de moledura húmeda también fabrican
etanol.
El gobierno federal ofrece una subvención de 45 centavos por
galón por el etanol (basado en maíz) producido domésticamente. Añada a esto la
abrumadora política azucarera, más un arancel de 54 centavos por galón impuesto
específicamente al etanol extranjero (basado en azúcar, de Brasil) y ¡bingo!,
ADM copa el mercado del etanol doméstico. Muy astuto, ¿eh?
El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, dice “El
gobierno federal está subsidiando el etanol basado en maíz y tenemos un arancel
de 54 centavos el galón en el mejor etanol para evitar que llegue combustible
barato desde Brasil. Es una locura”.
El Presidente de la Fed, Ben Bernanke, dice: “Como saben,
estoy a favor del comercio abierto y pienso que, por ejemplo, permitir el
etanol brasileño reduciría los costes en los Estados Unidos”.
Y C. Ford Runge, un economista especializado en materias
primas y política comercial en el centro de Política Alimentaría y Agrícola
Internacional en la Universidad de Minnesota, dice “lo natural sería bajar ese
arancel [al azúcar] y dejar que entre el etanol brasileño. Pero una de las
razones fundamentales por las que nuestra política de biofuel está tan
completamente desajustada de los mercados y la realidad es que las políticas de
los grupos de intereses han sido muy dominantes en la elaboración de las
subvenciones que las soportan”.
Hasta que el bienestar corporativo vuelva a la realidad,
ofreciendo soluciones que ayuden a que los consumidores en Estados Unidos
ahorren en los surtidores (y ayuden financieramente a nuestros aliados menos
prósperos), el maíz seguirá siendo el rey.
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Justin Rohrlich es el guionista ganador de un Emmy de World
in Review de Minyanville, el
primer (y único) noticiario económico animado. Ver su biografía y archivo
en Minyanville.