Por Llewellyn H. Rockwell, Jr. (Publicado el 11 de diciembre
de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí
http://mises.org/daily/3927.
Quizá tarde algo en hundirse, pero la causa del
calentamiento global está tambaleándose. Dos cosas están derribando todo el
proyecto: esta haciendo más frío y no más calor (y de aquí el cambio retórico a
una vaga preocupación por el “cambio climático”) y el escándalo de los correos
electrónicos de hace unas semanas que probaba que hay en realidad un cártel de
opinión con visiones predefinidas sin criterio científico.
Oh, sin duda la gente dice que el Climagate no es realmente
muy serio y sólo está siendo explotado por Fox News y similares. Y es verdad
que no todas las mediciones de la temperatura global muestran un enfriamiento y
que la ciencia puede ser compleja.
Con esta base, el New York Times nos urge a ignorar
el asunto:
“También es importante no dejar
que una serie de mensajes de correo electrónicos robados desautorice a la
ciencia y la clara necesidad de actuar, en Washington y en Copenhague”.
Sí, una clara necesidad. Vamos. Todo el programa político de
esta gente está ahora seriamente cuestionado. Ya no es un caso ganado con el
que vamos a tener una planificación centralizada mundial con el fin de
controlar el clima y proteger la sagrada tierra de los efectos de la
industrialización. Ah, y ponernos buenos y duros impuestos en el proceso.
¿Saben qué es lo que me parece más trágico en esto? Toda
esta histeria lleva a una enorme distracción de energías en las izquierdas. En
lugar de luchar contra la guerra y el estado policial, en lo que la Izquierda
suele ser muy buena, desvía los instintos a la causa absurda de crear un
sistema estatista para la gestión del termómetro global.
El esfuerzo por incitar a todos a un pánico sobre esto
empezó hace más de diez años. Todas las cartas izquierdistas pidiendo fondos
insistía en el asunto y reclamaba a la gente que se comprometiera, explicando
que si la madre tierra muere se pierde todo. Es un asunto más importante que
todo lo demás, la piedra de toque para determinar si eres amigo o enemigo.
Esta hacía muy difícil que los libertarios cooperaran con la
Izquierda en los últimos años. Es verdad que hay algunas ideas libertarias para
ocuparse de la contaminación, pero ninguna tan forzosa como una planificación
central y nunca hubo manera de que pudiéramos estar de acuerdo con esta idea.
Los costes asociados con el desmantelamiento de la civilización industrial son
mayores, incluso en el peor escenario de calentamiento global.
Y metodológicamente, todo ha sido siempre una locura. Si no
podemos ahora mismo determinar con seguridad la causa y el efecto, ¿cómo
demonios seremos capaces de determinar si el estado mundial controla nuestras
emisiones de carbono y nos empobrece durante el proceso? Nadie estará nunca en
situación de decir si la política funcionó y fracasó. No es una buena base para
dictar una legislación.
Entretanto, la Izquierda echa el resto en esta histeria.
Manifestaciones, cartas, miles de millones de gasto, pánico, pasión moral,
manías, caja de brujas, llámelo como quiera. Podríamos jurar que el cambio
climático es el tema del milenio para esta gente.
Al tiempo el estado policial ha conseguido avances
increíbles en los últimos diez años. Todos vivimos hoy temiendo al aparato de
“seguridad” del estado. Los aeropuertos se han convertido en capítulos vivos de
una novela distópica. La policía local nos trata como potenciales terroristas.
El paso de la frontera de EEUU cada vez recuerda más al de la Alemania del
Este. No podemos ir a ninguna parte sin nuestros papeles.
¿Y dónde ha estado la Izquierda mientras el mundo entero se
ha nazificado? Preocupándose de mi barbacoa al aire libre.
Luego está el asunto de la guerra. El temible George Bush
empezó una guerra tras otra y las mantuvo para reforzar su propio poder y
prestigio, creando tantos enemigos como era posible mediante provocaciones e
inventándoselos si hacía falta. Financió una burbuja de destrozó la economía y
destruyó un país tras otro en nombre de la justicia y la paz.
¿Y qué siguió a Bush? ¿Un presidente que repudiara este
horrible legado? No, Obama apoya las mismas guerras y las continúa, incluso las
intensifica. ¿Le considera la Izquierda un mal tipo? Realmente no. Con un
puñado de excepciones, sus críticos en la izquierda son críticos amigables. Las
gusta seguir con esto porque él está deseando hacer la propuesta de aquéllos en
el frente del cambio climático.
¿Piensan que los políticos demócratas no explotan esto? Sin
duda lo hacen. En este sentido, el asunto del clima es muy parecido a la causa
pro-vida en la Derecha. Si un político mueve los resortes correctos, no importa
qué otra cosa diga o haga. Ya no se le mirará con un ojo crítico.
La izquierda estadounidense ha olvidado hace tiempo sus
raíces. Como ha explicado Arthur Ekirch, la izquierda vendió su alma al estado
con el New Deal. Mientras que una vez se opuso a la regimentación y gestión
industrial de la sociedad, se dio la vuelta para apoyar exactamente eso. La
guerra fue el siguiente asunto abandonado. La Nueva izquierda de la década de
1960 mantuvo la esperanza de recobrar algo del temprano amor por la libertad en
la Izquierda, incluso el impulso anarquista, pero la Nueva Izquierda no duró
mucho. Acabó siendo absorbida por la maquinaria política.
La izquierda de hoy, que apoya un gobierno mundial para
detener el cambio climático, se parece poco a la Izquierda de hace 100 años,
que defendía las libertades civiles y la liberalidad social y quería hacer
cualquier cosa por acabar con la guerra. Ahora ha desviado sus energías hacia
un programa ridículo que no puede funcionar y basado en pseudociencia. Es una
tragedia terrible.
La Izquierda sigue teniendo mucho que contribuir a la vida
pública estadounidense. Puede oponerse al estado policial y a la militarización
de la sociedad. Puede apoyar la libertad humana en todos los aspectos de la
vida, incluso si no se ha reconciliado con el libre mercado. Principalmente puede
oponerse al imperialismo de Estados Unidos. Pero antes de que recobre el
espíritu de su juventud tiene que librarse de la absurda idea de que debería
apoyar un estado total para gestionar lo que cada generación ha sabido siempre
que es ingestionable.
--------------------------
Llewellyn H. Rockwell, Jr es Presidente de la Junta
Directiva del Ludwig von Mises Institute en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor
de The
Left, the Right, and the State.