Mises Daily en español

Artículos del Mises Daily traducidos al español

November 06, 2009 - Posts

Una vía a la inflación desbocada en EEUU

Por Ganesh Rathnam. (Publicado el 6 de moviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3821.

 

“Veo brotes verdes”, dijo el Presidente de la Fed, Ban Bernanke, en el programa 60 minutes el marzo pasado, haciendo su mejor imitación de Haley Joel Osment en la película El sexto sentido. Desde entonces cada titular económico negativo en la prensa amiga ha venido precedida de la palabra “inesperado” como si las declaraciones desnortadas del presidente fueran de repenta la palabra de Dios y la economía ya se hubiera realmente recuperado.

La fantasmal recuperación de la economía en EEUU

El sentido común nos dice que si el fenómeno A causa el problema B, entonces B no puede rectificarse salvo que antes eliminemos A. Como seguidor de la Escuela de Economía Austriaca, puedo decirles confidencialmente que una recuperación sostenible de los EEUU no está al alcance de la mano. Un crecimiento pasajero de la medición del PIB (en sí una medida incorrecta del bienestar material) no debe confundirse con una recuperación sostenida, especialmente cuando los préstamos del gobierno son altos sin precedentes y un montón de los parámetros de entrada, de los cuales no es el menor el deflactor del PIB, pueden amañarse.

Voy a tomar una analogía de de Peter Schiff. Imaginemos que encontramos una víctima de un puñetazo de Brock Lesnar. El golpe le ha dejado fuera de combate y los médicos tratan de reanimarle. La mejor sugestión que harían sería que Lesnar golpeara aún más fuerte su cabeza con sus puños. Cuando el hombre tuviera espasmos de los repetidos golpes, un médico (casualmente llamado Bernanke) gritaría alegremente: “¡Bravo, se mueve!”

Por desgracia, esa es la respuesta a nuestra presente crisis por parte de los políticos de Washington. Para resolver un problema causado por las malas inversiones que generaron los créditos bajos a tipo de interés del 1%, la Fed está suministrando aún más dinero fácil al 0,25%. No se ha permitido que se liquide ninguna mala inversión.

Los precios de las viviendas han aumentado, los bancos y compañías automivilísticas han sido rescatados, las regulaciones han aumentado, los pactos deudores se han violado, el seguro de desempleo se ha extendido. Además, están el coste del comercio de derechos de emisión, el coste de la sanidad y un “zar” en cada esquina.

Todo esto aumenta la ya pesada carga sobre los creadores de riqueza. En resumen, los problemas que causaron la Gran Recesión se han agravado. La producción final debe necesariamente bajar. ¿Cómo puede alguien asegurar lógicamente que estamos al inicio de una recuperación?

La bajada en la producción no es la respuesta para mantener la solvencia de un sistema con una deuda en relación con el PIB de cerca del 400% (del 800% si incluimos las obligaciones de la Seguridad Social y el Medicare). Desde esta posición aventajada puedo concluir que la recesión real esta delante y no detrás de nosotros.

Por tanto, uno debe decidir si será una recesión deflacionaria o inflacionaria. La gente inteligente puede discrepar en esto, pero mi opinión es que será inflacionaria.

¿Qué está pasando bajo la superficie?

Desde el colapso de Lehman hace un año, las quiebras en el sistema bancario se han ocultado con una cantidad de dinero creado de la nada sin precedentes. Sin embargo, bajo esa superficie, el conjunto real de ahorros se está  canalizando continuamente lejos de los creadores de riqueza para malas inversiones como vivienda, autos y bancos.

Esto significa que la producción total acabará disminuyendo porque no se están realizando inversiones para mantener el capital y mejorar la capacidad productiva. Puede haber aumentos aquí y allí, pero es más probable que sean producto del consumo de capital que de cualquier aumento sostenido en la producción. Entre tanto, por razones que detallamos a continuación, la oferta de dinero aumentará constantemente. Por lo que tenemos el caso de libro de texto de más dinero buscando menos bienes, llevando a una empinada escalada de los precios.

La deflación engendra inflación

Si vemos una carrera de Nascar en televisión, podemos oír a conductores gritar a su radio “Gira, gira, gira… ¡no!”. Este grito viene seguido invariablemente por un accidente.

A lo que el conductor se refiere es a la incapacidad de su coche de carreras para tomar una curva. Una situación de “gira” significa que el coche no quiere girar y se dirige directamente a la pared. Una condición “¡no!” significa que el coche gira demasiado deprisa y se sale. Cuando a un coche le cuesta girar, el conductor acaba poniendo demasiado volante y cuando el coche acaba por girar, se pasa, dando trompos sin control y el conductor acaba con el coche en el muro.

Este es exactamente el escenario que preveo para la próxima inflación de precios. Bernanke y compañía están gritando que hay deflación en todas las partes a las que miran. Para combatir esa deflación, la Fed se mantendrá imprimiendo dinero y añadiendo reservas para comprar todo tipo de activos. Esto continuará hasta que los precios generales giren violentamente al otro extremo, causando una inflación desbocada.

El M2 como barómetro de la oferta monetaria

La oferta monetaria M2 se usa mucho por los economistas como barómetro para medir las presiones inflacionarias en los precios. Aproximadamente durante los últimos seis meses, esta medición ha disminuido marginalmente. Así que si definimos la deflación como una reducción en la oferta de dinero M2, entonces realmente estamos sufriendo deflación.

Externamente, los consumidores por fin se caen del guindo, recortando sus hábitos de gasto y cancelando deudas. Cancelar deudas es una actividad deflacionaria porque reduce la oferta monetaria. Por desgracia, no todos van a ser capaces de cancelar sus deudas.

Para mantener la solvencia de un sistema bancario de reserva fraccionaria, la oferta de dinero necesita incrementarse continuamente en al menos el tipo de interés medio. Esto significa que la oferta de dinero necesita crecer exponencialmente.

Supongamos un sistema con 100$ en préstamos a un año a un tipo de interés del 10%. La cantidad total de dinero en el sistema es de sólo 100$ pero la cantidad que se debe pagar a fin de año es de 110$. ¿De donde vendrán los 10$? Tiene que hacerse existir en algún momento antes de cuando se deban pagar los 110$.

Sin este aumento en la oferta monetaria, el préstamo será fallido. Por otro lado, una oferta de dinero en constante aumento rápidamente llevaría a una inflación desbocada, porque la producción real no sería capaz de mantener el paso de l crecimiento en la oferta monetaria.

En un sistema bancario de 100% en reservas y dinero sólido, la abrumadora mayoría de los préstamos se daría a los creadores de riqueza. Estos préstamos estarían financiados por ahorros reales y acabarían liquidándose (para simplificar la explicación) por parte de los prestamistas que adquieren lo que producen los prestatarios. Pueden por tanto calificarse como préstamos autoliquidables. No quiero decir que no habría malos préstamos, sino que los malos préstamos serían mínimos en comparación con el sistema actual, porque la financiación sería muy estricta y los fallidos de las malas decisiones de préstamo se detendrían con los accionistas de un banco.

La inmensa mayoría de los préstamos a la vivienda o el vehículo realizados durante el último boom no pueden realmente clasificarse como autoliquidables, puesto que ninguno (me resisto a llamarlos activos) produce nada que pueda intercambiarse por dinero.

Préstamos fallidos y el colapso del sistema bancario

En un sistema bancario de reserva fraccionaria donde las deudas se cancelan, la oferta de dinero disminuirá y los precios acabarán siguiendo su suerte. Los negocios reducirán salarios para seguir siendo rentables. Cada deudor encontrará que su carga deudora es cada vez más onerosa y que hay menos dinero a su alrededor.

Acabarán por aparecer los fallidos, con activos trasladándose de deudores a acreedores. El sistema bancario hará implosión y los depositantes desaparecerán   hasta que las reservas en el sistema soporten completamente los depósitos remanentes.

Éste es precisamente el proceso que se debería haber permitido ocurrir desde 2008. Sin actuar, nada podría haber evitado este colapso catastrófico. Los precios de lso activos habrían bajado masivamente, suponiendo que el sistema tenía 10$ en dinero a crédito por cada 1$ en reserva (antes de que Bernanke inyectara cerca de un billón más en reservas).

¿Por qué inflación y no deflación?

No hace falta decir que la deflación habría sido muy dolorosa para los deudores. Consideremos las entidades más endeudadas: gobierno, bancos, grandes empresas, propietarios de viviendas y fondos de renta variable manejados por gente con acceso a información privilegiada. Vistos los deudores, ¿sorprende que el gobierno elija los rescates en lugar de dejar que el mercado haga su exorcismo? Cada vez que hay la más pequeña deflación, oiremos a Bernanke y otros decir que se abrirán las puertas del infierno si no se hace algo.

Si se dejara trabajar al mercado, los préstamos fallidos causarían quiebras bancarias en masa. Las quiebras bancarias también harían desaparecer los ahorros de los depositantes, porque los que tienen deudas con el banco tiene prioridad en los procedimientos de bancarrota. Sí, se abrirían las puertas del infierno, pero sólo para quienes toman riesgos imprudentes como prestar imprudentemente o depositar dinero en bancos poco sólidos.

Si se permita caer a un banco y que sus depositantes lo pierdan todo, podemos apostar hasta el último dólar a que habrá una corrida en todos los bancos al día siguiente, empeorando exponencialmente el problema. Todo el sistema bancario se arruinaría en unos pocos días, en los que el caos completo, el pandemonio y posiblemente la violencia sean la regla y no la excepción.

En lugar de dejar que todos los deudores y depositarios lo pierdan todo (y faltando a sus propias obligaciones), el gobierno intervendría a través de la Fed para apuntalar el sistema. La Fed imprimiría dinero para comprar activos problemáticos.

La Fed también imprime dinero para financiar la gobierno de EEUU, porque los ingresos fiscales caerán estrepitosamente, pero las obligaciones del gobierno se incrementarán (operaciones normales, pagos de transferencia, pagos desempleo, guerras, etc.). Una vez que la FDIC se quede sin fondos para atender a todos los depósitos, solicitará una línea de crédito de 500.000 millones de dólares al Tesoro, que a su vez venderá bonos para aumentar el dinero para pagar a los depositantes.

Fíjense en que cuando un banco quiebra pero se atiende a todos los depositantes, el dinero original sigue en el sistema y se añade nuevo dinero: esto es inflacionario. La destrucción de M2 se reemplaza por creación de M1.

La deflación causa créditos fallidos, que a su vez causan quiebras bancarias, que a su vez generan inflación cuando el gobierno rescata a los depositantes. Al tratar de salvar deudores y depositantes, los políticos aseguran que todos pierdan poder de compra mediante la inflación.

El ciclo no puede continuar indefinidamente. Algún día se disparará hasta el infinito. Cualquier acontecimiento puede dispararlo, desde extranjeros que no aceptan dólares y bonos del Tesoro de EEUU a ciudadanos de EEUU dándose cuenta de que su dinero pierde rápidamente su poder de compra.

Conclusión

Al ser un seguidor de la economía austriaca, sé que la producción real seguirá disminuyendo. Al declinar la producción real habrá menos ahorro real. Menos ahorro real presionará los repagos de la deuda y habrá fallidos. Los fallidos privados acabarán con bancos y depositantes y éstos asimismo harán que el gobierno no pague su propia deuda.

La Fed rescatará a todas las partes afectadas creando dinero. Los rescates causan malas inversiones que rebajarán la producción real, empezando de nuevo el ciclo. No puede continuar eternamente: acabará generando un depresión inflacionaria desbocada.

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Ganesh Rathnam trabaja para una firma de gestión de activos en la India. Tiene un MBA en la Universidad de Minnesota, así como una maestría de grado en mecánica, también la Universidad de Minnesota. Vea su sitio web: ImpassionedLibertarian.com

La falacia de la (super)neutralidad del dinero

Por Thorsten Polleit. (Publicado el 5 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3809.

 

Sobre la neutralidad y la superneutralidad del dinero

La macroeconomía de la corriente principal actual normalmente se centra en las consecuencias agregadas de las medidas políticas, como el efecto en la producción y los precios de un aumento en la existencia de dinero… Un presupuesto esencial es que el dinero es neutral.[1]

Se dice que el dinero es neutral si un aumento en las existencias monetarias lleva a un aumento proporcional y permanente en los precios y no afecta a la actividad económica real (como la producción, la inversión y el empleo). Así que un aumento en el porcentaje de crecimiento constante de la existencia de dinero se supone que lleva a un aumento idéntico en el porcentaje de crecimiento constante de los precios.

La hipótesis de la neutralidad del dinero se asume principalmente para el largo plazo, mientras que para plazos cortos y medios, la idea es que un aumento en las existencias del dinero sí puede afectar a la actividad económica. Esto es en buena parte atribuible a los efectos sorpresa (y los costes de transacción).

Por ejemplo, un aumento inesperado en las existencias de dinero produce cambios en los precios relativos y por tanto afecta al consumo y la inversión. Sin embargo, en último término los agentes del mercado ajustan sus disposiciones (salarios, contratos, etc.) a precios más altos y la actividad económica recupera su nivel original. Por tanto, nuevo dinero aumenta los precios, pero no incrementa la producción.

La hipótesis de la neutralidad del dinero no excluye que los cambios en los porcentajes de crecimiento monetario pueden tener efectos permanentes en el nivel de actividad económica. De hecho, un aumento en el porcentaje de crecimiento de las existencias monetarias (de, por ejemplo, un 4% anual a un 5% anual) puede considerarse que tiene potencial para empujar la producción a nivel más alto permanentemente.

Se dice que el dinero es superneutral si los cambios en el porcentaje de crecimiento de la oferta de dinero no producen ningún efecto en la producción. En otras palabras, la hipótesis de la superneutralidad del dinero diría que la actividad económica es independiente del crecimiento monetario.

Desde el punto de vista de la Escuela Austriaca de Economía, la hipótesis de la superneutralidad del dinero debe rechazarse con rotundidad, en primer lugar, pro razones metodológicas. Para demostrarlo, debemos empezar revisando brevemente la naturaleza del dinero.

Qué es realmente el dinero

El dinero es medio de intercambio universalmente aceptado.[2] Y cómo apuntaba Ludwig von Mises (1881-1973), la función de intercambio es la única función del dinero. Todas las demás funciones (unidad de cuenta, almacenamiento de valor, medio de pago diferido) son meramente subfunciones de la función de intercambio.

Más aún, el dinero es un bien como cualquier otro. Está sujeto a la ley de la disminución de la utilidad marginal. Esto, a su vez, implica que un aumento en las existencias de dinero se verá necesariamente acompañado por una caída en el valor de intercambio del dinero frente a otros bienes y servicios.

Con este telón de fondo resulta evidente que un aumento o disminución de la oferta de dinero no genera un beneficio social: simplemente disminuye o aumenta el valor de intercambio de la unidad monetaria. Y un cambio en la oferta monetaria también implica efectos redistributivos, por tanto un cambio en las existencias monetarias no es, y nunca puede ser, neutral.

Una inyección de dinero nuevo permite al primer receptor comprara cosas a precios básicamente no modificados, mientras que quienes reciben dinero nuevo más tarde sólo pueden comprara a precios mayores. Así que los primeros receptores del dinero nuevo se benefician a costa de los posteriores (“Efecto Cantillon”).

Además, una inyección de dinero nuevo necesariamente causa un cambio en los precios relativos y esto, a su vez, afecta a la producción de bienes de consumo e inversión. Cualquier cambio en la oferta monetaria (sea de dinero en libre mercado o de dinero controlado por el estado) tendrá la implicación indicada anteriormente.

Sin embargo, en un régimen de oferta monetaria controlada por el estado, los cambios en la oferta monetaria son definitivamente dañinos. Ese cambio en la oferta monetaria es una violación de los principios subyacentes al libre mercado, que aseguran transacción de intercambio de beneficio mutuo.

Como han apuntado los economistas austriacos, la producción estatal de dinero, en la que éste se crea de la nada por bancos comerciales extendiendo crédito circulante, lleva a malas inversiones, ciclos de negocio y una distribución de ingresos no ajustada al mercado.

No es menos importante que los estragos económicos y políticos que causan las debacles monetarias abren la puerta a mayores intervenciones gubernamentales en el sistema de libre mercado. Éstas minan cada vez más los derechos de propiedad, llegando a destruirlos, y con ellos, la libertad.

Por fin, la eliminar cualquier duda, Mises demostró que el dinero no puede ser neutral por razones lógicas. De acuerdo con un análisis praxeológico, el axioma de la acción humana es una verdad irrefutable. De hecho es un juicio sintético a priori en términos kantianos.

La ley de la disminución de la utilidad marginal está implícita lógicamente en el axioma de la acción humana y por tanto es una verdad irrefutable. El dinero es un bien económico y está sujeto a la ley de la disminución de la utilidad marginal. Por tanto, un aumento en la oferta monetaria debe también necesariamente llevar a una disminución de su poder de compra y causar cambios en otras variables económicas. Un cambio en la existencia de dinero no puede ser neutral por razones lógicas.

Dinero y PIB real en Estados Unidos

La hipótesis de la superneutralidad del dinero, desde el punto de vista de la economía de la corriente principal, sugiere que las ganancias en la producción no estarían relacionadas con cambios en la oferta monetaria en el largo plazo. Y realmente esto es lo que sugiere una mirada a los datos.

Los gráficos en el lado izquierdo (a) muestran la relación entre los porcentajes de crecimiento real del PIB y de crecimiento monetario anuales en los Estados Unidos desde el primer trimestre de 1960 al segundo semestre de 2009. Los gráficos en el lado derecho (b) muestran las relaciones entre el crecimiento del PIB real anual y los cambios trimestrales en los porcentajes de crecimiento de la oferta de dinero anual (también conocidos como porcentajes de aceleración del crecimiento monetario).

Figure 1
Los cambios anuales en el M1 muestran en general, una relación ligeramente negativa con el crecimiento del PIB real (como sugiere la pendiente negativa de la línea de regresión).[3] En el periodo que revisamos, un crecimiento anual del M1 (de, digamos, el 4% al 5%) lleva a una caída de un 0,3% en el crecimiento anual del PIB. Una aceleración del crecimiento anual del M1 (digamos de un 5% anual a un 6% anual) realmente no tiene, de media, ninguna influencia en el crecimiento del PIB real.

La relación entre crecimiento anual del M2 y del PIB real muestra una relación positiva, aunque muy pequeña. Un aumento en el porcentaje de crecimiento anual del M2 de un 1% (de nuevo, pongamos de un 5% anual a un 6% anual) supone un aumento de PIB real anual de un 0,11% de media.

De hecho, puede decirse que expandir el M2 básicamente refleja parte de la inflación de los precios de los activos financieros, porque el M2 básicamente muestra mucho mejor que el M1 la expansión de crédito circulante de los bancos comerciales. La relación entre una aceleración del crecimiento anual del M2 y el crecimiento anual del PIB real es negativa de media.

Aunque uno sin duda no debería entusiasmarse al ver estos sencillos ejemplos empíricos (después de todo, es la praxeología la que establece lógicamente la veracidad de una teoría económica), estos ejemplos reflejan importantes lecciones de la teoría monetaria austriaca.

Primero, en el pasado el aumento en la oferta monetaria, no fue, en general, acompañado por un aumento en la producción total, así que el incesante incremento en la oferta monetaria no hizo más rica a la sociedad.

Segundo, los cambios en la existencia de dinero se asociaron a veces a considerables movimientos en la producción. Sin embargo, como los movimientos de ganancias en la producción se veía más o menos compensados con las pérdidas (como se deduce de la primera conclusión), esta relación testimonia la conclusión austriaca de de que los aumentos en la oferta monetaria a través del crédito circulante son la causa predominante del ciclo de negocio.

Tercero, el incremento continuo en las existencias de dinero (reflejado en los porcentajes de crecimiento positivos de las existencias de dinero en el tiempo) muestra claramente la naturaleza inflacionaria de sistema de dinero fiduciario: los efectos de la inflación incluyen la degradación de la moneda y ganancias de redistribución en una manera disconforme con el mercado.

La necesidad de desmitificar

Mises era un defensor del libre mercado del dinero. Ese dinero, sostenía Mises, sería completamente compatible con los principios del orden social libre y minimizaría los efectos económicamente perturbadores en comparación con la producción estatal del dinero (basada en crédito circulante).

Quizá sea más importante que Mises apreció que el libre mercado del dinero era asimismo una protección contra la destrucción del orden del libre mercado por intervención gubernamental, provocada regularmente por debacles monetarias. Inevitablemente causadas por los monopolios estatales de oferta del dinero.

Contra este telón de fondo han de desmitificarse las nociones de neutralidad y superneutralidad del dinero. Hay que reconocer que ambas hipótesis apoyan la defensa contra una política monetaria abiertamente inflacionista: reconocen que más dinero no genera más producción.

Sin embargo, las hipótesis de la neutralidad y la superneutralidad del dinero se basan en una interpretación simplificada de la teoría cuantitativa. En consecuencia, ignoran los efectos inflacionistas que se producen inevitablemente cuando el estado inyecta nuevo dinero en el sistema.

Y como se pasan por alto esos efectos inflacionistas (y sus consecuencias económicas y políticas), se pierde de vista el papel económicamente destructivo que juegan los bancos centrales: incrementar la oferta monetaria creando crédito circulante.

Y finalmente, necesita advertirse que las hipótesis de la superneutralidad del dinero es una expresión del modo empirista-positivista de modelar la economía igual que las ciencias naturales. Mises advertía

“Las ciencias de la acción humana difieren radicalmente de las ciencias naturales. Todos los autores que quieren construir un sistema epistemológico de las ciencias de la acción humana de acuerdo con los patrones de las ciencias naturales yerran lamentablemente”.[4]

Así que el método de las ciencias naturales es inapropiado para el estudio de la economía, que es un campo de la praxeología. El espíritu metodológico que conlleva la hipótesis de la superneutralidad del dinero promueve, por tanto, teorías falsas, que, a su vez, impulsan políticas dañinas.

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Thorsten Polleit es Profesor Honorario de la Escuela de Finanzas y Dirección de Frankfurt.



[1] Para una referencia sobre la discusión en la teoría monetario de la corriente principal, ver por ejemplo, McCallum, B. T., "Long-Run Monetary Neutrality and Contemporary Policy Analysis", Discussion Paper No. 2004-E-18, Institute For Monetary And Economic Studies, Bank of Japan; también  Bullard, J. B y Keating, J., "The Long-run Relationship Between Inflation and Output in Postwar Economies," Journal of Monetary Economics 36, nº 3 (Diciembre 1995): pp. 477–496.

[2] En este contexto, ver Ludwig von Mises, La acción humana (Unidad Editorial).

[3] Adviértase que M1 y MZM básicamente representan los medios de pago o pasivos bancarios que pueden convertirse fácilmente en medios de pago. Por el contrario, M2 incluye asimismo pasivos bancarios a plazo más largo (como por ejemplo, depósitos a plazo), que se realizan normalmente con propósito de ahorrar.