Por George C. Leef. (Publicado el 5 de noviembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/3811.
[Esta crítica apareció
por primera vez en The Freeman]
The Left, the Right, and the State [La izquierda, la derecha y el Estado], una recopilación de
103 ensayos de Llewellyn Rockwell, atiende a las formas en que tanto la
izquierda como la derecha utilizan el Estado para perseguir sus objetivos. Rockwell,
presidente del Instituto Ludwig von Mises, argumenta con fuerza que nuestra
libertad y propiedad están en peligro por el estatismo tanto de la izquierda
como de la derecha. Como él mismo dice, “La izquierda tiene una lista detallada
y también la derecha. Ambas representan una grave amenaza a lo única posición
política que es verdaderamente beneficiosa para el mundo y sus habitantes: la
libertad”.
Precisamente, la gran virtud del libro es cómo Rockwell
demuestra que cuando la gente en la derecha política apunta contra los aumentos
“progresistas” en el poder del gobierno y dice: “¡Están atacando la libertad!”
tienen razón, igual que los que en la izquierda política que apuntan contra los
aumentos “conservadores” en el poder del gobierno dice lo mismo. El problema
que ilustra Rockwell es que ambos campos están ciegos ante el daño que causan
sus propios impulsos por expandir el poder del Estado. Un gobierno masivo y sin
restricciones es como un toro en una cacharrería.
Cada lector encontrará sin duda ciertos ensayos
especialmente inteligentes. Uno de mis favoritos es “Freedom is Not ‘Public
Policy’” [La libertad no es una ‘Política pública’”]. Rockwell argumenta que
uno de los peores errores de los intelectuales del libre mercado es su
explicación de la libertad como sólo otra opción política a considerar por políticos
y burócratas. Esta formulación, escribe “implica que depende del estado (sus
gestores e intelectuales) decidir cómo cuando y dónde ha de permitirse la
libertad”. Cita como ejemplo notorio la justificación de la administración Reagan
de la bajada de impuestos, cuando ésta se defendía basándose en que en último término
beneficiaría los ingresos del estado. No nos gusta la libertad, observa
Rockwell, porque maximiza el botín en dinero del estado. Por el contrario, los
recortes en impuestos deben realizarse basándose en que es bueno para la gente
mantener y decidir cómo gasta el dinero que gana.
Rockwell tiene palabras agudas tanto para la izquierda como
para la derecha sobre las formas en que se han visto hechizados por los cantos
de sirena del gobierno para abandonar principios que antes sostenían. Por
ejemplo, en la derecha demuestra que los defensores de la familia se han
integrado en la órbita del gobierno con políticas tan poco libertarias como los
cheques escolares. También apunta a los expertos del “libre mercado” que
proponen “soluciones” a los problemas del estado de bienestar, como la
Seguridad Social, que sólo implican recortar esa planta venenosa, en lugar de
desarraigarla completamente.
La izquierda también se lleva lo suyo en asuntos como su
abandono de la libertad de expresión a favor de códigos de expresión restrictivos
en los campus. ¿Y que ha pasado con el compromiso de los viejos izquierdistas
con las libertades civiles? Hoy es poco más que un recuerdo que se desvanece,
con los políticos de izquierdas subiéndose al carro de la guerra contra las
drogas, la guerra contra la inmigración ilegal, poderes de expropiación forzosa
expansivos y demás. El Estado omnipotente ahora pisotea todos los derechos del “hombre
pequeño”.A la izquierda solía importarle, pero ahora prefiere hacerse la ciega.
Después de varios cientos de páginas de ataques a degüello
sobre los desperdicios, locuras y directamente maldades del estatismo de “progresistas”
y “conservadores”, Rockwell llega a la pregunta crucial: ¿Qué hacemos? Examinando
y rechazando varias propuestas de acción, argumenta que los libertarios deben
trabajar en cultivar ideas sensatas. No podemos progresar contra nuestro avaro,
intrusito y autoritario gobierno mientras la mayoría de los estadounidenses
acepta la falsa idea de que la acción del gobierno el la clave para el progreso
y la prosperidad.
Por ejemplo, como la mayoría de los estadounidenses creen
que las recesiones económicas son una parte natural del libre mercado y que
necesitamos la acción del gobierno para “estimular la economía” cuando se
muestra enferma, es inevitable que los políticos apoyen un gasto federal masivo
para curarla. Necesitamos explicar la verdad de los ciclos económicos al público.
De forma similar, la mayoría de los estadounidenses cree que deben tener una
educación “pública” o sino sufrir un analfabetismo extendido. Necesitamos hacer
llegar la realidad de que el mercado funciona en la educación y obtendría mucho
mejores resultados con menores costes si se le permitiera funcionar.
Realmente es cultivar ideas sensatas. Leer el libro de
Rockwell nos ayudará a hacer eso exactamente.
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George Leef es editor de la crítica de libros en The
Freeman. Vea su archivo
en TheFreemanOnLine.org.
Esta crítica apareció
por primera vez en The Freeman.