Por Pia Varma. (Publicado el 14 de octubre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/story/3761.
Muchedumbres de jóvenes acudieron a comprar sus ejemplares
de Junio de 2009 de la revista Rolling Stone, ansiosos por leer acerca de los
adorables Jonas Brothers. A medida que abrían las revistas, las preguntas
acudían a sus mentes: “¿Están de gira?”, “¿Tienen novias?”, “¿Qué buscan en una
chica?”
Lo que esas chicas no se preguntaban era “Cómo fue que
Goldman Sachs, el banco de inversión más rentable del mundo, estuviera
involucrado en crear la actual crisis financiera?” Pero no eso no detuvo a Matt
Taibbi para responder a esa pregunta en el mismo número de Rolling Stone es su
artículo “The
Great American Bubble Machine” [”La gran máquina de la burbuja
estadounidense”].
Curiosamente, en una entrevista el 9 de noviembre de 2007
con Marty Beckerman para Reason, Taibbi se describió a sí mismo como
“más un libertario que otra cosa”. Desafortunadamente, al seguir la línea
dominante en Rolling Stone, el ataque de Taibbi a Goldman Sachs era
bastante antimercado. Echa descaradamente la culpa de la crisis financiera de
EEUU sobre los hombros de esta única empresa.
Sin embargo, se las arregla para ilustrar las relaciones del
banco con los reguladores gubernamentales y la Reserva Federal. Como reza el dicho,
“incluso un reloj averiado da la hora correcta dos veces al día”.
Y aquí está el peligro: La audiencia de Rolling Stone
es joven e impresionable. La mayoría alberga la creencia de que la crisis
económica actual es resultado del fracaso del capitalismo.
Ahora no voy profundizar en los aciertos y errores de
Goldman Sachs o diseccionar el “periodismo investigador” de Taibbi. Pero creo
importante dejar las cosas claras en caso de que un pícaro chaval de 13 años
decida aprender más acerca de la situación de Goldman y acabe llegando a
Mises.org.
Taibbi escribe
“Lo que necesitamos tener es una
visión general: Si Estados Unidos está alrededor del desagüe, Goldman Sachs ha
encontrado una forma de ser ese desagüe, un agujero extremadamente
desafortunado en el sistema capitalista democrático occidental, que nunca
previó que en una sociedad gobernada pasivamente por los libres mercados y las
elecciones libres, la avaricia organizada siempre derrota a la democracia
desorganizada”.
Y unos párrafos más adelante continúa diciendo:
“[Goldman] engulló grandes sumas
de los niveles medios y bajos de la sociedad con la ayuda de un estado corrupto
y lisiado que le permitía rescribir las reglas a cambio de las relativas
migajas que el banco lanzaba como patrocinio político”.
Ahí está. Taibbi primero caracteriza la corrupción en
Goldman Sachs como un resultado inevitable de “los libres mercados y las
elecciones libres” y luego argumenta que esto fue posible por “la ayuda de un
estado corrupto y lisiado”. Entonces ¿qué es? ¿Los mercados libres o la
corrupción apoyada por el estado? Son argumentos completamente distintos y
deben tratarse cuidadosamente como tales.
Yo será la primera en argumentar contra la ayuda del estado
y las empresas favorecidas. Entre los defensores de sistema de laissez-faire hay
una comprensión clara de que esa ayuda es corporativismo o socialismo
corporativo.
Aún así, en todas estas confabulaciones, la mano de los
reguladores gubernamentales se disimula tan bien que cuando cae el escenario,
la mayoría de la gente ve la marioneta, pero no la mano que la mueve. Quizá
pueda perdonarse a Taibbi este error. Después de todos hemos sido testigos de
numerosos juegos de trileros a manos del gobierno.
Consideremos el fallido intento de Philadelphia de
“privatizar” la educación. La ciudad contrató los servicios de empresa
supuestamente privada llamada Edison para supervisarla. Todas las escuelas
fueron absorbidas por Edison y la ciudad la pagaba por gestionarlas.
Sin competencia a la vista y una garantía d epago por parte
del gobierno independiente del rendimiento, la operación Edison fue
completamente ineficiente y fracasó en seguida.
Los defensores de la educación pública entraron en éxtasis.
Podía decir al mundo: “¿Veis? Somos de mente abierta. Hemos tratado de usar el
mercado para educar a los niños y fracasó: el capitalismo fracasó”. ¡Falso! El
capitalismo no fracasó, el corporativismo fracasó.
El capitalismo funciona cuando el gobierno queda
completamente al margen. En un mercado libre, los precios bajan y la calidad
sube. ¿Por qué? Porque las empresas privadas están compitiendo entre sí por
nuestros dólares.
La razón detrás de la “privatización” de la educación es que
introduciría elementos de competencia. Las escuelas no tendrían un monopolio en
sus distritos y no tendrían garantizados sus estudiantes. Por tanto, tratarían
de mejorar los niveles educativos para atraer a sus estudiantes. Reemplazar un
monopolio gubernamental por un monopolio corporativo aprobado por el gobierno
simplemente transfiere la ineficiencia burocrática y la corrupción de una
entidad a otra.
¿Quién puede olvidar la idea de la “desregulación
energética” de California? Ese fiasco empezó cuando los votantes aprobaron en
referéndum una medida que ordenaba la desregulación energética. Vale, la asamblea
legislativa junto con un puñado de empresas privadas (Enron incluida) diseñó un
sistema que garantizaba su fracaso: desregularon parcialmente el suministro de
energía mientras mantenían los precios al consumidor fuertemente controlados.
Como cabía esperar, la energía vendida en el mercado spot aumentó los
costes generales a los proveedores, debido en buena parte a falta de producción
por los brokers energéticos como Enron. Los consumidores gastaban cada vez más
vatios al calor de los precios que los reguladores gubernamentales mantenían
artificialmente bajos y todo el sistema empezó a colapsar. Además, el gobierno
hizo imposible construir nuevas plantas, asegurando así que nadie sería capaz
de atender la creciente demanda de energía.
Al final, el sistema funcionaba desde la perspectiva del
gobierno y de los brokers energéticos corporativos. Unas pocas compañías
tuvieron beneficios récord en el mercado spot de energía, los californianos
tuvieron que soportar apagones debidos a la escasez de suministro y los precios
del consumo acabaron por subir para ajustarse a la demanda. El argumento fue el
mismo: los mercados libres en la energía no funcionan. Pero fue de nuevo la
mano oculta del gobierno la que fracasó, no el mercado.
Y no digamos nada de Fannie Mae y Freddie Mac. Estas
empresas cuasiprivadas pueden beneficiarse de rentas privatizadas, pero sus
pérdidas se socializan. ¿Dónde acabará esto?
Ya estemos hablando de subsidios agrícolas, favoritismo corporativo
o licencias y privilegios dados a ciertas compañías, estamos de hecho viendo la
miríada de formas en que el gobierno ha metido mano en los mercados. Los
gobiernos y las empesas inventan un esquema tras otro para asegurar la
apariencia superficial de una libre, llenarse los bolsillos y blindar al
gobierna ante cualquier acusación.
Estas intervenciones crean empresas todopoderosas, que se
ven como avariciosas capitalistas del peor tipo. Esto suele ocurrir en las
empresas de servicio público. Su existencia y beneficios están a menudo
garantizados, haciéndolas completamente ineficientes. La gente atribuye
entonces la ineficiencia a la avaricia empresarial y, por supuesto, al
capitalismo.
En realidad, esto es más bien socialismo.
Así que Matt Tibbi se equivoca completamente. Puede que Goldman
Sachs tenga su parte de culpa en la crisis financiera, pero ¿no deberíamos
también echar una mirada a la mano oculta del gobierno?
El corporativismo puede haber fallado, pero al verdadero
capitalismo del libre mercado nunca se le ha dado una oportunidad. Y
desafortunadamente para esas chicas de 13 años, Kevin Jonas, en realidad, tiene
novia. :(
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Pia Varma es una firme defensora del capitalismo del
laissez-faire, el sistema económico que permite mejor al hombre crear,
comerciar y prosperar. Es asimismo una empresaria ferviente y apasionada.
Recibió su Graduación en Letras en la Universidad George Washington. Ver su
website: www.PiaVarma.com.