Por Doug French. (publicado el 15 de septiembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí:
http://mises.org/story/3706.
El café no puede cultivarse en cualquier sitio. La mayor
parte del año debe haber un sol moderado y lluvias. Así que prácticamente todo
el café del mundo se produce dentro del cinturón del café que se sitúa entre l
trópico de cáncer y el de capricornio. El valor monetario del café se considera
como el segundo más importante después del petróleo entre las materias primas
naturales. Y quienes repostan su cafeína en Starbucks o algún lugar parecido,
el precio por litro excede al de la gasolina empleada para rellenar el
depósito.
Durante generaciones, los americanos han simbolizado en el
colombiano Juan Valdés la producción de café y Colombia sigue siendo el segundo
productor del mundo tras Brasil. Muy próxima a estos dos grandes productores de
café está Venezuela, un país que en su momento rivalizó con Colombia en la
producción. Y aunque posee el suelo poroso y el clima perfecto, Venezuela
produce ahora menos del 1% del café del mundo, insuficiente incluso para su
propio consumo.
Después de ser uno de los principales exportadores a
principios del siglo XX, Venezuela empezó a importar café de Brasil el mes
pasado, a pesar de que, como
informa Benedict Mander para el Financial Times, "los lugareños dicen que no
puede compararse con la calidad de los granos de arábica nacionales".
Así que a pesar de tener el mejor grano y las condiciones
perfectas para cultivarlo, Venezuela está prácticamente fuera del mercado del
café. Una de las posibles respuestas es que después de encontrar petróleo los
1960 y 1970, el cultivo del café declinó porque la nación se convirtió en la
más rica de Sudamérica por la extracción de crudo.
Pero el cultivo del café en Venezuela siempre ha sido
dominado por granjas familiares. No es que los cultivadores de café arrancaran
sus plantas y empezaran a extraer petróleo.
Más bien el poder del gobierno venezolano realizó la
perforación en nombre de la reforma agraria, supuestamente para la mejora del
pueblo trabajador. "La reforma agraria es un arma que apunta al corazón de la
oligarquía", escribía
The Marxist en 2006, "y con el inicio del nuevo programa de tierra,
los terratenientes, capitalistas y sus partidarios en los medios nacionales e
internacionales se han organizando contra la amenaza de un cambio agrario".
Pero el cambio llegó cuando se promulgó la Ley de la Tierra
en diciembre de 2001 y desde entonces el Instituto Nacional de la Tierra ha
distribuido millones de acres de terrenos a cooperativas campesinas en la
"guerra contra los latifundios". La redistribución de tierra del Gobierno
Venezolano, en palabras del Financial Times, ha "generado un clima de
incertidumbre que ha ahuyentado la inversión".
Así que en lugar de
plantar grano, el terreno queda en barbecho o se convierte en pastos,
reduciendo la oferta y aumentando el precio del café ¿correcto? Pues no, porque
el gobierno ha impuesto límites de precios al nivel de ventas. Así que no hay
incentivos para que los granjeros cultiven grano y muchos tostaderos han
cerrado la tienda. Las pocas granjas y tostaderos que quedan pasan de
contrabando su producto por la frontera de Colombia, donde los precios no están
controlados por el Presidente Hugo Chávez y son prácticamente el doble.
Y mientras que los precios del café están limitados, los
costes de los productores aumentan. Es difícil encontrar trabajadores por un
salario razonable, porque "demasiados trabajadores viven de las ayudas del
gobierno y no se preocupan por trabajar", dijo un granjero al Financial Times.
Con su pueblo reclamando su dosis de cafeína, Chavez ha
expropiado los dos principales tostaderos de su país, Fama de América y Café
Madrid, acusando a esas compañías de la escasez, acusando a a los tostaderos de
acaparar , especular y contrabandear. "Hemos tenido bastante. Debemos hacer lo
mismo con todas las compañías que se comporten así", dijo Chávez. "Vamos a
continuar nacionalizando monopolios para convertirlos en negocios productivos
en manos de los trabajadores, el pueblo, la revolución".
Sin embargo, Ludwig von Mises apunta en La Acción Humana
que:
"el efecto de la interferencia
[del estado] es que la gente no puede usar sus conocimientos y habilidades, su
trabajo y sus medios materiales de producción de forma que puedan obtener los
mayores retornos y satisfacer sus necesidades tanto como sea posible"
"Esa interferencia", añade,
"hace a la gente más pobre y menos satisfecha".
Entre tanto, aquí en Estados
Unidos, el Presidente Obama insiste en que toda la gente necesita acceso a la
asistencia médica, creyendo que la asistencia médica "debería ser un derecho
para cada estadounidense".
Hace no mucho hubo un tiempo en
que la asistencia médica estadounidense se consideraba la mejor del mundo y era
asequible para todos. Como escribía Gabriel E. Vidal recientemente en
Mises.org, "en su lugar los costes de salud reflejan las distorsiones que han
introducido los reguladores gubernamentales a través de mecanismos de reembolso
creados por burocracias de dirección y control a nivel federal y estatal".
En un debate de los Demócratas
en 2007, Obama dijo: "Mi énfasis se dirige a rebajar los costes, enfrentándonos
a las compañías aseguradoras, asegurándonos de que están limitadas en su
capacidad de obtener beneficios y negar coberturas y de que las compañías
farmacéuticas hacen lo necesario para sus pacientes en lugar de limitarse a
acumular beneficios".
"[Las colinas de Venezuela]
solían estar cubiertas de plantas de café", decía un triste Don Luis Paparoni a Financial Times.
"Ahora difícilmente se ve alguna". También sería triste cuando la asistencia
sanitaria de calidad sea igualmente escasa en Estados Unidos.
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Douglas
French es presidente del Mises Institute y autor de Early
Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply. Es doctor
en economía de la University de Nevada, Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard
con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su comité de tesis.