En épocas tan inciertas como la que estamos viviendo, es común tener que lidiar con una poderosa señal emitida por los mercados: las pérdidas. La opinión popular piensa que estas son algo absolutamente dañinas para la economía y que se debe hacer lo posible por evitarlas, o minimizarlas, pero no debemos caer en esa tentación.
Las pérdidas, pese a ser una destrucción de riqueza, cumplen con un papel fundamental en nuestra sociedad: la emisión de una señal clara que saca a la luz los fallos y errores cometidos en el presente o pasado.
Cuando una empresa tiene pérdidas, estas se pueden interpretar como un indicio claro de que algo malo ocurre en esa compañía, sector o región. Básicamente las pérdidas son la forma que tiene el mercado de indicar a los distintos agentes que estos poseen ciertos errores en la forma de producción, que cuentan con recursos inadecuados para ello o que quizás en esos mercados no hay espacio para la actividad desarrollada por esa compañía. Por tanto, de ellas se puede extraer mucha información y no necesariamente experimentándolas en persona. Cuando un cierto negocio o sector incurre en pérdidas podremos analizar datos muy valiosos sobre el entorno y sus componentes. Por poner un sencillo ejemplo, durante el comiendo de la pasada crisis del ladrillo, muchas lecciones pudieron ser extraídas durante el colapso del sistema, como que no era buen momento para comprar una vivienda, que iniciar carreras en sectores como la arquitectura no era tan seguro como parecía, que nuestro país tenía un modelo productivo insostenible o que el exceso de deuda puede ser peligroso.
Con esto se debería resaltar que, cuando un sector o empresa entra en pérdidas, debemos de tener la suficiente sangre fría como para no dejarnos llevar por la difícil situación e intentar extraer la mayor información posible sobre las razones que llevan al mercado a transmitir estas señales. Además, en tiempos de crisis existen desajustes generalizados, y el miedo junto a la incertidumbre actúan como el perfecto catalizador para que las pérdidas inunden gran parte del sistema. Por tanto, tener conocimiento básico sobre cómo funcionan es de tremenda importancia.
Pero, ¿Por qué el mercado emite pérdidas? Básicamente por asignar de manera incorrecta la combinación de recursos y proyectos. Cuando se inicia una acción, ya sea la construcción de un auditorio en un pueblo o el comienzo de estudios superiores, se debe seleccionar entre todas las posibles alternativas viables. Además, para finalizar lo propuesto, se debe emplear tiempo, dinero y trabajo. Por consiguiente, cada vez que se actúa se toman decisiones sobre qué cantidad de recursos se asignan a lanzar una alternativa concreta, dejando otras muchas posibles opciones sin realizar. El mercado, de forma inteligente, premia con beneficios a quienes han sido capaces de emprender proyectos capaces de crear valor y castiga con pérdidas a aquellos agentes que han decidido emprender una combinación de ideas y recursos incapaz de cubrir los costes de actuar en el mercado.
Por otra parte, si las pérdidas destruyen empresas y tejido productivo ¿No sería interesante eliminarlas o socializarlas? Todo lo contrario, existe un claro peligro en evitar que el mercado de forma dinámica diga a los distintos agentes que están cometiendo errores. Sin pérdidas muchas empresas que usan recursos para generar productos de escaso valor para los consumidores podrían seguir actuando de manera permanente. Al igual que sin paro no podríamos saber qué tipo de formación es menos útil para la sociedad y los ciudadanos no tendrían un feedback a la hora de formarse o decantarse en que industria trabajar. Por tanto, la razón de ser de las pérdidas es castigar aquellas actitudes menos eficientes y concienciar al resto de la sociedad que ese no es el correcto camino para crear valor en una sociedad.
Además, si no se reacciona ante ellas con el tiempo, y al acumularse, son capaces de hacer cerrar un negocio y poner a disposición los recursos empleados para que puedan ser usados de forma más eficiente en el futuro. Por tanto gracias a ellas, los mercados son capaces de avisar sobre conductas incorrectas y, en caso de ser ignoradas, liberar recursos asignados de forma poco eficiente para que puedan ser usados de forma más útil en el futuro. Este proceso dinámico es básico para una economía y por consiguiente no debemos permitir caer en la tentación, tal y como hicieron modelos de corte comunista, de impedir que el mercado de forma dinámica castigue las malas decisiones.
En conclusión, las pérdidas y sus derivados como el desempleo o la desinversión, son poderosas señales emitidas por el mercado para condenar malas decisiones, transmitir información al conjunto de la sociedad y liberar recursos gestionados de forma poco eficiente por agentes que no son capaces de crear el suficiente valor. Por tanto, cuando las veamos aflorar debemos pensar que el mercado está reaccionando poderosamente ante malas decisiones para intentar liberar recursos y concienciar a la sociedad que ese no es el correcto camino a seguir y, aunque trágico, es la única forma de calibrar el tejido productivo y avanzar en la dirección correcta.
Posted
Mar 22 2012, 04:21 PM
by
Jorge Ramón Muñoz