Actualmente estamos viviendo una época en la que
gobiernos, instituciones y empresas se han vuelto dependientes del crédito. En este
modelo intensivo en deuda, unas instituciones se han vuelto especialmente necesarias y relevantes en los mercados: las agencias de rating.
Las agencias de rating, son entes privados que se encargan de analizar la calidad de las emisiones de deuda, bonos, obligaciones, letras y demás activos financieros que gobiernos, corporaciones, instituciones o empresas lanzan al mercado para captar fondos, haciendo esto a petición (cuenta) del emisor. Por consiguiente, las agencias de rating analizan de forma central los distintos activos y emiten una valoración, cobrando por ello.
Esto ocurre debido a que este tipo de agencias cuentan con profesionales experimentados y la suficiente independencia como para transmitir una valoración objetiva y de calidad a los posibles compradores. Con esta valoración, los inversores pueden contrastar los resultados obtenidos de sus análisis o simplemente pueden confiar en ellas para tomar una decisión de invertir, mantenerse al margen o desinvertir.
Agencias de rating en la actual crisis
Como se puede deducir, actualmente este tipo de sociedades cuentan con mucho trabajo debido a la adicción gubernamental a la emisión de deuda para posponer las medidas necesarias de ajuste. Además, la incierta situación actual hace que se requieran valoraciones realizadas por distintas agencias para que las emisiones de deuda tengan una aceptación en el mercado, teniendo este tipo de agencias mucho poder de influenciar a millones de inversores.
¿De dónde sale este poder? Básicamente de dos focos, el primero es la imagen de fiabilidad que este tipo de agencias tienen para una gran parte de inversores y el segundo es la regulación gubernamental. Respecto al segundo, cabe decir que es algo que los propios gobernantes han diseñado ya que para ciertas decisiones críticas, se decidió que este tipo de agencias debían encontrarse involucradas.
Me explico, para acceder a los mecanismos de liquidez del Banco Central Europeo e intercambiar deuda soberana por efectivo, a cambio de un interés, solo está permitido usar deuda que supere un umbral mínimo de calificación. Debemos recordar que durante la presente crisis este umbral se ha bajado para seguir permitiendo que países como Grecia continúen su orgía deficitaria.
Otro ejemplo interesante es que para la ampliación del Fondo de Rescate se necesita el apoyo de un cierto número de países con calificación crediticia de su deuda soberana AAA, haciendo que países tan pequeños como Finlandia pusieran en apuros la ampliación de este Fondo al tener un gran peso en la toma de la decisión.
En definitiva, ellos mismo han diseñado un modelo que ahora les está poniendo en apuros. ¿Cuál ha sido la respuesta desde Europa? Pues en lugar de afrontar las medidas necesarias y de solucionar el problema se han dedicado a intentar eliminar a los malos de la película a base de control, regulación y mala publicidad.
Críticas desde Europa
Los principales argumentos desde el poder público en contra de las agencias de rating han sido: el gran poder que reside en entidades privadas, la falta de transparencia en la metodología utilizada por este tipo de agencias, que actúan como “directores de orquesta” de los ataques de los mercados, la posesión de una estructura monopólica, que detrás de ellas residen intereses personales y que no fueron capaces de predecir la crisis.
Si bien es verdad que Moody’s, S&P y Fitch poseen la exclusividad de influir en el rating soberano que algunos podrían llamarlo monopolio, se podría solucionar simplemente permitiendo la libre concurrencia de otras agencias de rating. Además, que sean entidades privadas es necesario, si ya nos encontramos con casos de maquillajes de cuentas por parte de los gobiernos imaginemos lo que ocurriría si ellos son los encargados de valorar sus deudas.
Respecto a los intereses personales, ¿Si fueran públicas no habría ningún interés personal/público detrás de ellas? Además, como ya explique anteriormente, los cambios drásticos en los mercados no se producen porque alguien decida hundir un país, se producen por cambios en las valoraciones subjetivas de los individuos.
Si analizamos las metodologías, parece que desde el poder político no se han tomado ni dos minutos para buscar en las respectivas webs. Por ejemplo en la de Ficth o Moody’s, se puede acceder detalladamente a información sobre cómo operan este tipo de agencias, su estructura y las variables que tienen en cuenta a la hora de realizar un análisis.
La crítica de más peso hacia este tipo de agencias es que no fueron capaces de prever la desestructuración del sistema financiero durante los años 2007 y 2008. De hecho, el ejemplo era que la gran mayoría de los bancos de inversión/comerciales que quebraron durante esas fechas tenían calificaciones sobresalientes de su deuda.
Sin embargo, al abajo firmante le viene a la cabeza que ni los bancos centrales, ni los gobiernos, ni el FMI, ni el Banco Mundial fueron tampoco capaces de prever la quiebra del sistema financiero y los ciudadanos siguen teniendo su confianza depositados en ellos sin ninguna queja.
Por tanto, la crítica desde los distintos gobiernos y bancos centrales que las agencias de rating no fueron capaces de ver la que se nos venía encima suena a chiste. Sobre todo si tenemos en cuenta que el origen del problema reside precisamente en la ingente regulación financiera monetaria en la que vivimos desde hace más de medio siglo.
Medidas desde Europa
Lo más divertido de todo es analizar las medidas que quieren introducir, las cuales son de lo más variopintas: que se avise con antelación a la rebaja de la deuda soberana a los países, metodología más rigurosa, creación de una agencia europea de calificación de riesgos, limitar el monopolio de las tres agencias norteamericanas y responsabilidad por errores en las calificaciones.
Traducido para el lector, en lugar de hacer lo necesario para dejar de destruir occidente, ser fiscalmente responsables, evitar la sangría de puestos de trabajo, detener la devaluación constante de nuestra moneda, frenar la destrucción de capital y evitar endeudamiento crónico que recaerá sobre generaciones, nuestros gobernantes se dedican a intentar culpar a quienes nos avisan de la trágica situación en la que nos encontramos.
Impacto de las mismas
De lo que no se dan cuenta es que sacar fuera del sistema a las agencias de rating a base de regulación y substituirlas por unas públicas se traduciría en grandes incrementos de las primas de riesgo. Una agencia pública europea carecería de la credibilidad para juzgar la propia calidad de los estados europeos y por tanto los inversores exigirían más interés para invertir en activos opacos.
Otro dato a tener en cuenta, es que al no depender de valoraciones externas para la realización de mecanismos de liquidez del BCE, desde una agencia pública europea se permitiría discernir qué países pueden acceder a estos mecanismos de forma tan centralizada que cualquier esquema monetario soviético parecería inofensivo a su lado.
Por tanto, se ampliaría aún más el horario de la barra libre de deuda para nuestros gobiernos, gastando el escaso tiempo que poseemos en ampliar el problema en lugar de trabajar para solucionarlo.
Conclusión
Si desde Europa se quiere evitar que las primas de riesgo se disparen lo que se debe hacer es mantener las agencias de rating dentro del actual modelo y abrir las puertas a un mayor número de ellas para que la competencia dinamice este sector, que los inversores puedan comparar un mayor número de fuentes y los gobiernos sepan que si siguen por esta senda de frenesí deudor serán juzgados.
Posted
Mar 22 2012, 04:21 PM
by
Jorge Ramón Muñoz